Desde aquel muy lejano 1975, cuando se publicó el decreto que vio nacer la DIFOCUR (Dirección de Fomento y Cultura Regional), ha pasado ya poco más de medio siglo y nueve mandatarios, donde a pesar de ciertos altibajos y claroscuros, se ha logrado consolidar un legado cultural del que mucho se habla, pero que aún no terminamos por aprovecharlo al máximo.
Y es que mantener una oferta cultural constante, y que además sea capaz de representar una alternativa a ese entretenimiento tan banal que ofrecen la mayoría de los espectáculos comerciales, es realmente una hazaña subvalorada y con la cual, de manera injusta, hemos sido muy displicentes.
El esfuerzo de planear, programar e implementar una cartelera cultural que sea alternativa a la cultura popular o de masas, siempre ha representado una obvia desventaja en cuanto a su difusión y accesibilidad.
Esta situación de inequidad se acentúa aún más si pretendemos llegarles a las nuevas generaciones, a quienes la banalidad, inmediatez y diversidad de información que reciben, les mantiene cautivos e intolerantes con la disposición de su tiempo.
Por esa razón es que, ante la desigual competencia que existe entre la cultura que enaltece y educa, con aquella que sólo entretiene y, en el peor de los casos, alienta conductas antisociales (como la subcultura del narco), el remedio es fortalecer su democratización y descentralización.
Con esa visión es como se ha ido logrando la expansión y consolidación de nuevos públicos, alejando los atavismos que devienen de clasificar la cultura como alta o baja, y de quienes han aprovechado esa jerarquización para alimentar su egocentrismo.
Porque en todo caso, hablar de cultura es retomar todas las manifestaciones humanas, entre las que se incluyen costumbres, tradiciones, normas sociales, expresiones artísticas y modos de comunicación. Es pues como su propio significado etimológico lo ilustra, todo aquello que implica cultivo y desarrollo, lo mismo de nuestra mente como de nuestro espíritu creativo.
Por todo lo anterior es que resulta muy reconfortante constatar que, a pesar de las adversidades que estamos enfrentando en Sinaloa, la dinámica del Instituto Sinaloense de Cultura (antes DIFOCUR) se ha mantenido constante, ofreciendo una agenda cultural diversa y que este año ha tenido como marco los primeros 50 años de su creación.
En ese contexto, y como muestra de que la cartelera cultural se está constantemente nutriendo de actividades, aun con el buen sabor de boca que nos dejó la programación de actividades conmemorativas por el medio siglo del ISIC, mismas que abarcaron más de 120 eventos y cerca de cuatro mil artistas y creadores; ahora en octubre tendremos una nueva edición del Festival Cultural Sinaloa.
En la misma tesitura, y ante la cercanía del aniversario número 25 de la OSSLA (Orquesta Sinfónica Sinaloa de las Artes), el titular del ISIC, Dr. Juan Salvador Avilés Ochoa, acaba de anunciar una nueva etapa para esta icónica compañía, presentando como como su nuevo Director al maestro Alexandre Da Costa, virtuosos violinista y director de orquesta canadiense con un enorme prestigio internacional.
Avilés Ochoa añadió que la misión del maestro Da Costa será afianzar la relación con la Sociedad Artística Sinaloense, así como fortalecer la vinculación con los municipios, de modo tal que en esa tarea de descentralización cultural, la OSSLA salga de nuevo al encuentro con la gente en sus propias comunidades. Juan Avilés habló además de mejoras a la infraestructura del teatro Pablo de Villavicencio, de instituir una asociación que permita fortalecer la actividad en los municipios y, de manera muy particular, hizo énfasis de lo encomendado al maestro Alexandre Da Costa, en el sentido de mejorar las condiciones laborales de los músicos de la OSSLA, así como el fortalecimiento de sus grupos de cámara.
Por lo pronto amigo lector, amiga lectora, además de sugerirle revisar la programación de la oferta cultural del ISIC en su página Web, en esta misma semana (jueves 25 y domingo 28) podremos ver al nuevo director de la OSSLA en acción. Serán dos memorables conciertos al alcance de quien desee asistir (entrada gratuita), donde podremos disfrutar de un programa que incluirá danzones, así como la participación del propio director de la orquesta en su faceta de violinista.
La invitación a estos y todos los eventos del ISIC está siempre abierta, sería una lástima de verdad no aprovecharlos.











