Pues vaya que resultó polémico el evento de antier de la Dra. Claudia Sheinbaum, donde se firmó un Acuerdo de la Unidad que vino a abrirle la puerta de Morena a políticos de otros partidos y figuras del ámbito deportivo, cultural y empresarial.

En el quehacer político es un valor entendido que quien obtiene una candidatura, máxime si esta es para gobernador o presidente de la república, debe en primera instancia mostrar una apertura (por lo menos en el discurso) para buscar sumar a los más que sea posible. Y bueno, ya conocemos también que la justificación para ello es la manida narrativa de que “en este proyecto caben todos”, ya que “en mi Gobierno no habrá distingos de ningún tipo”.
Por eso es que se entiende la decisión tomada en el centro del país, tanto de Sheinbaum como de la dirigencia nacional de Morena, de buscar sumar adeptos a su candidatura. Sin embargo, considero que el error que generó la justa molestia de los morenistas de a pie, esos que son pioneros del movimiento y han hecho el trabajo de territorio para consolidarlo, fue placearles en su cara a ciertos personajes non gratos entre sus bases.

Y es que el sumar a ciudadanos respetados en el mundo deportivo, académico, empresarial, intelectual, etc., es una estrategia proselitista que genera simpatías y hasta la adhesión de nuevos simpatizantes al candidato (a). Pero lo que sucedió ayer fue que en dicho Acuerdo de Unidad, subieron al templete a políticos que apenas en la elección pasada eran férreos detractores de Morena y de AMLO, y entre los cuales hay incluso algunos por ahí que están ya muy desgastados.

Lo mejor quizá hubiera sido que la adhesión de esos ahora neomorenistas, su hubiera hecho de forma discreta o de bajo perfil. Que únicamente se hubiera muestreado a las personalidades ajenas al ámbito político.

Porque además hay que decirlo, la suma de estos políticos provenientes de otros partidos no significa la incorporación en automático de más simpatizantes, ya que esa entelequia “soy yo y mi gente” que usan para venderse, es un sofisma o argucia que ya nadie les cree, mucho menos por la forma en que muchos de ellos abdicaron a sus partidos de origen. En todo caso, pudiera ser que ante los ojos de los simpatizantes de esos partidos políticos donde se forjaron e hicieron su carrera política, su decisión de convertirse ahora en morenistas, sea considerada una felonía movida por simple oportunismo.
Pero finalmente lo más importante será saber si lo que en el evento dijeron los oradores (quizá para atemperar los ánimos de las bases morenistas) se concreta o no. Me refiero a la parte donde dejaron en claro que quienes ahora se suman a la candidatura de la Dra. Sheinbaum, y por consiguiente al proyecto de la 4T, tendrán que formarse en la fila y hacer talacha antes de poder ostentar alguna candidatura. Y es que hay que reconocer que si bien en el 2018 la popularidad de AMLO hizo ganar a muchos improvisados que jamás se imaginaron estar en una curul o frente a una alcaldía, hoy ese partido político con mucha más estructura, con gente más capacitada y con programas de formación política, tiene una reserva de valiosos cuadros, suficiente como para no tener necesidad de echar mano de externos.

Por lo pronto, dentro de las declaraciones más inteligentes destaca la del diputado Ricardo Madrid, quien fue enfático al señalar “yo vengo a sumarme, coincido con el proyecto y la filosofía de Claudia Sheinbaum y no estoy buscando ninguna candidatura, no vengo a quitarle el lugar a nadie”.

Solo quedaría saber si esa es la postura de los demás que también se sumaron el sábado pasado, y si es verdad que tendrán que formarse en la fila; al fin y al cabo como bien lo dijo en el evento Fernández Noroña “cada quien tiene que hacerse responsable de su trayectoria política”.

En fin, como se dice coloquialmente… ya veremos dijo el ciego.