Con la expedición de la Ley Electoral Federal de 1946, inició en nuestro país un proceso más o menos estructurado (normativamente hablando) que daba paso a la creación de nuevos partidos políticos, aunque la inequidad para su consolidación prevaleció por muchos años más, en tanto se mantuvo el dominio del PRI como partido hegemónico, mismo que surgió bajo esas siglas precisamente en esa misma fecha.

En los últimos años, diversas organizaciones han manifestado ante el INE (Instituto Nacional Electoral) y/o ante los OPLES (Organismos Públicos Locales Electorales), su intención de conformarse en Partidos Políticos, todos ellos con el discurso obligado de representar una alternativa en nuestra vida democrática para abanderar las demandas ciudadanas, ofreciendo por supuesto la utopía del cambio que México necesita. Es así entonces que hemos sido testigos del nacimiento y desaparición de estos organismos a los que por Ley, una vez aprobados, se les asignan recursos públicos para su funcionamiento. Sólo como un dato relevante, nada más para el próximo año, los PP tienen autorizados ¡6mil 233 millones de pesos!.

Bajo este escenario de dispendio presupuestal, tan solo durante el último proceso electoral federal, tres partidos de reciente creación perdieron su registro por no alcanzar el 3% de la votación mínima requerida; sin embargo y al margen del burocrático y poco claro proceso de liquidación de sus activos (devolución de bienes y pago de pasivos), lo que nos queda es la indignación de haber de haber tirado a la basura millones de pesos del erario en proyectos infructuosos y de corto alcance, que en nada abonaron a nuestra democracia pero en cambio, sí sirvió para llenar los bolsillos de sus promotores.

En estos momentos existen varios proyectos encaminados a constituirse como partidos políticos, pero uno que ha llamado poderosamente la atención es el caso de la Asociación Civil de corte estrictamente neoliberal y capitalista denominada “México Republicano”. Esta organización que sigue haciendo asambleas en diversas entidades de nuestro país, además de promoverse bajo la égida de intereses extranjeros como los del Partido Republicano que existe en los Estados Unidos, es liderado por un oscuro personaje como Juan Iván Peña Neder, a quien se le conoce por su acomplejada tendencia racista y por ser acusado hasta de violación por su propia esposa.

Con este tipo de proyectos que quieren saltar al pandero electoral como nueva opción partidista, la verdad es que muy pero muy lejos de eso, lo único que están generando es acrecentar la desafección política que se vive, donde el clamor general es:

¡ya no más partidos patitos que sólo van tras las prerrogativas!.

Y es que el caso de Peña Neder es muy singular, pues además de su extracción priista, fue promotor y hasta dirigente de otros partidos ya desaparecidos como Nueva Alianza y Redes Sociales Progresistas, lo que lo dibuja de cuerpo completo como un mercenario político.

Este tipo de situaciones debiera alertar a las autoridades electorales para ser más estrictos en cuanto a la solvencia moral de quienes lideran los movimientos que solicitan convertirse en partidos políticos, ya que por experiencia, la mayoría de ellos conciben la figura de estos entes públicos  como un botín, sin demostrar nunca la más mínima convicción democrática ni vocación de servicio a la sociedad.

Pero aún con esa mala fama que han dejado tras de sí esos partidos políticos de debut y despedida, así como la que propicia el protagonismo de sujetos como el tal Peña Neder, a algunos partidos políticos parece no preocuparles el desencanto y la animadversión sociales que ello está generando.

A nivel estatal por ejemplo, mientras partidos históricos como el PRI luchan por levantarse en base a una legítima rebelión del yugo que representa su nefasto líder nacional, es de reconocer que existen otros como el caso de Morena y el PAS, que son hasta el momento los partidos políticos que más están haciendo notar su trabajo.

Por el lado de Morena, su joven dirigente Merary Villegas se encuentra muy activa recorriendo la entidad, dándole forma y orden a una estructura formal que, a pesar de las victorias obtenidas en el pasado, habían venido trabajando de manera dispersa y sectaria.

Por el lado del PAS, su líder moral Hector Melesio Cuén Ojeda, mantiene una incesante labor de formación política y sumando cada vez más cuadros en todos los municipios. Esta estrategia no va desarticulada sino que es parte de un proyecto integral, ya que aunado a ello se cuenta con un trabajo humano de gestión social comunitaria, que ha venido desarrollando paralela y constantemente la dirigencia pasista, de la mano de su Secretaria General, Angélica Díaz de Cuén.

Así que muy atentos porque para cosechar hay que sembrar y si bien la población no quiere ver surgir más partidos políticos, lo que sí exige es que aquellos que se encuentran vigentes demuestren con trabajo que son útiles y hagan un uso adecuado y transparente de sus prerrogativas, esas que finalmente salen de la bolsa de todos.