Parece que los partidos de la alianza “Fuerza y Corazón por México”, es decir PRI, PAN y PRD (sin registro), están ahora probando una cucharada de su propio chocolate. Esto viene al caso por la disminuida marcha de antier, donde la llamada “Marea Rosa” no logró emular en lo más mínimo las concentraciones que lograron en el pasado.

En esta ocasión, las cuentas no le salieron al experredista Guadalupe Acosta Naranjo, quien lidera el llamado Frente Cívico Nacional, y que fue la organización responsable de la marcha del domingo pasado, donde ahora, en lugar de defender al INE, se le está exigiendo que en la asignación de los escaños plurinominales, no avale una sobrerepresentación de Morena y sus aliados en ambas cámaras. Pero como lo señalo al inicio, esta exigencia que ahora hacen los partidos de oposición, lejos de legitimarlos los ha dejado expuestos, y ello es porque sus argumentos son como en un boomerang que se les está regresando, como consecuencia de ciertas reformas que ellos mismos impulsaron en el pasado.

Pero vayamos entonces por partes para tratar de comprender, de una manera sencilla, por qué es prácticamente imposible que las demandas que hoy está haciendo la oposición, vayan a prosperar en las determinaciones que tenga a bien tomar el INE, para la asignación de las curules plurinominales en el Congreso de la Unión.

Toda esta disputa nos conduce al artículo 54 (fracciones IV y V) de la Constitución Federal y a un artículo que fue eliminado del entonces Código Federal de Procedimientos Electorales (COFIPE), mismo que fue sustituido por la vigente Ley Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales (LGIPE).

Lo que la constitución establece claramente en ese artículo, es que ningún partido político podrá contar con más de 300 diputados por ambos principios, o bien que lo máximo que pueda asignársele, sea un número de curules plurinominales que de la conformación total de la Cámara, no sobrepase el 8% a la votación que haya obtenido en la elección. Aquí lo importante es reconocer que hablamos de partidos políticos en lo individual y no de coaliciones que puedan agrupar a dos o más partidos políticos. Y es precisamente esta última parte la que está generando toda la controversia.

Sobre esto hay que señalar entonces que el COFIPE (creado en 1990) tuvo, entre otras, dos reformas muy importantes en 1996 y 2008. En la primera de ellas se incluyó una fracción A al artículo 59, y en éste quedaba establecido que: “la coalición actuará como un solo partido y, por lo tanto, a la coalición le serán asignados el número de senadores y diputados por el principio de representación proporcional que le correspondan, como si se tratara de un solo partido y quedarán comprendidos en el partido político o grupo parlamentario que se haya señalado en el convenio de coalición”.

Pero resulta que en la segunda reforma señalada (2008), la mayoría que en ese entonces tenía la alianza del PRI, PAN Y PVEM, eliminaron esa fracción A, y desde entonces el reparto de plurinominales se ha hecho en función de la votación obtenida por cada partido en lo individual, independientemente de si son o no parte de alguna coalición.  En la LGIPE vigente, en cuanto a la representación Proporcional para la Integración de las Cámaras de Diputados y Senadores (capítulo II), en las fórmulas establecidas se maneja siempre el concepto de partido político. En función de ello, si a Morena se le asignan las plurinominales que se mencionan (87), sumados a los 161 escaños que ganó de mayoría, dan un total de 248, lo que no violaría la limitante de tener un máximo de 300 diputados. En cuanto al porcentaje, este número de plurinominales le representaría a Morena alrededor del 7% más de la votación obtenida, lo que tampoco transgrede la segunda prohibición constitucional de no rebasar el 8%. Ya con esa asignación de pluris al partido en el poder, más la suma de sus aliados (PT y PVEM), rebasarían sobradamente la mayoría calificada para hacer las reformas que quieran. Eso podrá ser inequitativo quizá, pero ilegal parece que no. Ese entre otros factores, como el ya no estar con la efervescencia electoral, pudieran ser las causas de lo desangelado que estuvieron las marchas del domingo.