En estos momentos donde todos levantan la mano para ser tomados en cuenta por un partido político (el que sea) para contender por un puesto de elección popular, la afabilidad y sencillez parecen ser características comunes en todos ellos. Sin embargo, es una lástima que esto sólo sea una fase temporal, porque de conseguir sus propósitos (ganar la elección), a la gran mayoría de ellos ya les conocemos su capacidad de transformación al más puro estilo de la obra de Robert Louis Balfour (Jekyll and Hyde), ya que muy fácilmente sucumben al Síndrome de Hubris, donde el poder los convierte en gobernantes detestables, arrogantes, ególatras, megalómanos y mitómanos.
Partiendo del significado del término hybris (desmesura) que le da origen a este síndrome, entendemos el por qué cualquiera puede ser presa de la presunción y arrogancia, desde el más culto e inteligente hasta el menos agraciado, cognitivamente hablando claro está. En la antigua Grecia este término se utilizaba para hablar de un comportamiento humano caracterizado por una arrogancia tal, que era desafiante inclusive hasta para sus mismos dioses. Una actitud que se adopta al tener algo de poder, lo que genera una sensación de omnipotencia y una ambición desmesurada.
Seguramente Usted ha escuchado frases como aquella que nos dice que si en verdad queremos conocer la personalidad de alguien, basta con revestirle de poder, ya que como lo afirmaba Pítaco de Mitilene, uno de los siete sabios de Grecia: “ El poder no corrompe, sólo desenmascara”.
Este Síndrome de Hubris es algo de lo que padecen muy a menudo nuestros políticos, por eso es que ya pocos creemos en sus palabras y actitudes cuando andan en busca del voto. Inclusive, ahora con la supremacía de las redes sociales y las restricciones físicas a que nos obliga la pandemia, es común que todo quien aspira a ser candidato, se fabrique una imagen virtual donde podemos ver lo preparados que están, la filantropía que desbordan o lo buenos padres o madres de familia que son.
En contraparte y como electores, podemos darle un sentido más útil a esa “experiencia” que muchos aspirantes presumen, ya que precisamente el hecho de que ellos hayan tenido otros cargos y responsabilidades, debe servirnos para hacer un alto y reflexionar. Esto nos permitirá construir un verdadero voto útil al evaluar mejor su trayectoria, es decir, conocer qué hizo durante sus gestiones anteriores y cómo se comportó públicamente con la ciudadanía, esa a quién se supone deben servirle y que en el discurso muchos de ellos acostumbran decir que son sus verdaderos patrones…¿les suena conocido?.
De hecho, si analizamos a cada persona que ha ocupado algún espacio de poder, nos vamos a dar cuenta que estos personajes tienen una o varias características muy marcadas de este síndrome, es decir, es algo así como la marca con la que se les puede identificar plenamente. Y es que estos cambios de actitud que es algo ya muy conocido por todos, tiene su mayor expresión en aquella frase del historiador y político inglés John Emerich Edward, mejor conocido como Lord Acton, quien sentenció aquello de que “El poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente”.
Aún con estas valoraciones, lo cierto es que nunca podremos estar seguro de qué tanto este síndrome afectará a quien elijamos, ya que incluso hay una frase por ahí (muy repetida por AMLO por cierto) que reza: “el poder atonta a los inteligentes y a los tontos los vuelve locos”. De cualquier forma, hacer un esfuerzo de reflexión y valoración siempre valdrá la pena, pues no hay nada peor que votar a la ligera, ya sea por enojo, por indiferencia o por esa ilusión óptica que se nos vende a través del marketing político.
Para nuestros políticos, bien valdría que le dieran una leída a un artículo publicado en el 2017, titulado “El poder causa daño cerebral”, el cual suscitó fuertes debates e hipótesis, entre las que destaca la del investigador de origen mexicano Dacher Keltner, emérito profesor de piscología de la Universidad de Berkeley, quien afirmó: “Los sujetos bajo la influencia del poder actúan como si hubieran sufrido una lesión cerebral traumática: volviéndose más impulsivos y menos conscientes de los riesgos y de los puntos de vista de los demás”.
LA RETRIBUCIÓN A LA LEALTAD.- Últimamente se ha venido especulando mucho sobre el destino de uno de los hombres más cercanos y leales al Gobernador Quirino Ordaz Coppel, un funcionario serio, eficiente, de sobra preparado y de una honestidad que pocos, muy pocos pueden presumir. Me refiero al Secretario General de Gobierno, Gonzalo Gómez Flores, quien a pesar de ser el segundo hombre de importancia en esta administración, ha demostrado ser inmune al Síndrome de Hubris del que hablamos línea arriba, pues en ningún momento ha perdido su bonhomía, sencillez y don de gente, lo que le da ese valor agregado que no muchos políticos pueden presumir. Estas cualidades sin duda tendrán un enorme peso para el Gobernador al momento de tomar decisiones.











