Parece entonces que por fin será una realidad la tan llevada y traída planta de amoniaco, un proyecto del Grupo Gas y Petroquímica de Occidente (GPO), y cuyas gestiones y proyecciones datan desde el 2008.

Las controversias por el supuesto daño ambiental seguramente seguirán, pero de momento en el ámbito legal, son ya varios jueces de distrito los que han estado echando abajo los amparos que, diversas comunidades indígenas y grupos ecologistas, han venido presentando.

Recordemos que tras la autorización en materia de Impacto y Riesgo Ambiental (MIA) otorgada por la SEMARNAT en abril del 2014, la empresa subsidiaria del grupo ProMan en México, inició un año después la construcción de lo que sería la planta de amoniaco y metanol más grande del país, con la que seríamos autosuficientes en este fertilizante agrícola, y dejaríamos de importarlo a elevados costos, principalmente de China y Rusia.  Desde entonces, esta empresa y autoridades estatales han transitado por un escarpado y sinuoso camino, lleno de intereses particulares y protagonismos. La construcción fue interrumpida en el año 2022 por el poder judicial, quien ordenó la realización de una consulta indígena, en las comunidades aledañas al proyecto.

Como resultado de dicha consulta, la mayoría de esos pueblos indígenas le dieron el sí a la planta de amoniaco; sin embargo, los amparos de las comunidades renuentes siguieron su curso. Al día de hoy, la mayoría de esos recursos de amparo han sido desechados por jueces de distrito, pero hay otros más que se encuentran en trámite, algo que según lo declarado por el Subsecretario de Promoción y Competitividad de la Secretaría de Economía de Sinaloa, José Luis Zavala Cabanillas, no obstaculiza que la empresa GPO haya reiniciado recientemente la construcción de la planta de marras.

Lo expresado por Zavala Cabanillas, se basa en que independientemente de que existan procesos judiciales (amparos) en curso, finalmente lo que cuenta es aquella resolución del 2023, emitida por la juez séptima de distrito, y donde quedaba por avalada la consulta indígena realizada.

De hecho, apenas el pasado 8 del presente mes, el Primer Tribunal Colegiado en Materia Administrativa del Décimo Segundo Circuito con sede en Mazatlán, refrendó la validez de la consulta antes señalada, lo que le da a la empresa el soporte legal para seguir avanzando en la construcción del proyecto.

Muchas son sin duda las objeciones que en materia ambiental se hacen para que la planta de amoniaco no se construya en esa zona, ya que ésta se encuentra ubicada dentro del polígono del sitio Ramsar “Lagunas de Santa María, Topolobampo, Ohuira” y en la zona de influencia del Área de Protección de Flora y Fauna Islas del Golfo de California.

Aun así, la realidad es que es obvio que algún impacto habrá de generar la construcción de esa planta; pero acaso, ¿no todo lo que la mano del ser humano hace, por mínimo que sea, tiene algún un impacto sobre la naturaleza?

Aquí lo importante es que el tan conocido concepto de desarrollo sustentable, se materialice en ese equilibrio que debemos buscar entre crecimiento y conservación. Este megaproyecto de más

de cinco mil millones de dólares, no sólo generará miles de empleos y una inusitada derrama económica en la entidad, sino que las dos mil doscientas toneladas diarias de amoniaco que se estiman producir, le representarán a los agricultores un verdadero salvavidas en los costos de producción de sus cultivos. Lo anterior considerando sobre todo que tales costos, llegan a ser tan excesivamente altos (entre ellos la compra de fertilizantes), que ante los bajos precios del mercado, ya no les resulta rentable su actividad.

Lo importante es que no sólo las comunidades que rodean a la planta de amoniaco, sino todos como sociedad (ONG´S, académicos, organismos colegiados y camarales, etc.), vigilemos que las autoridades de los tres órdenes de gobierno, supervisen y vigilen escrupulosamente todas las medidas de mitigación, que obligadamente deben realizarse (según la MIA) para que en la zona donde se construye la planta, se genere el menor impacto, y en todo caso, la mayor restauración posibles.