Antes que otra cosa, quiero en este inicio de año agradecer a todos quienes destinan un poco de su tiempo para leer mis opiniones, deseándoles igualmente que la salud los acompañe siempre y les permita cumplir sus propósitos. En el mismo sentido va mi agradecimiento a esta prestigiada y líder empresa editorial como lo es El Debate, por permitirme expresar mis puntos de vista.
Entrando al tema, es evidente que a raíz del confinamiento obligado por la pandemia y ante una mayor recurrencia al esquema de clases virtuales y de trabajo en casa; los índices de sobrepeso y obesidad han ido en aumento, lo que representa un círculo vicioso, dado que dichos factores propician una comorbilidad asociada con otros padecimientos, cuyas condiciones representan a su vez un alto factor de riesgo ante el contagio.
Las largas jornadas frente a un ordenador, ya sea por cuestiones de trabajo, de estudio o por simple entretenimiento, han consolidado una cultura sedentaria del mínimo esfuerzo. Por si fuera poco, este sedentarismo nos conduce además al consumo habitual de productos procesados y comida rápida, los cuales contienen enormes cantidades de grasas saturadas, azúcar refinada e infinidad de substitutos químicos que le aportan color y sabor artificiales.
Para los niños y jóvenes de ahora, el principal esparcimiento se centra en los videojuegos o la interacción en las redes sociales, lo que además de problemas visuales y en sus articulaciones, ha contribuido al aumento de los índices de sobrepeso y obesidad, ya que casi en una tercera parte de su vigilia se encuentran absortos frente a una pantalla. Los niños obesos y con sobrepeso están cada vez más propensos a padecer, desde edades muy tempranas, un conjunto de enfermedades no transmisibles como la diabetes y alteraciones de tipo cardiovascular, renal o hepático.
Estos factores de riesgo cobran mayor relevancia precisamente ante contingencias como el Covid-19, ya que en ellos se expresan los índices más altos de mortalidad. Recordemos que en nuestro país el 70,5% de la población presenta algún grado de sobrepeso y obesidad, donde inclusive el 33% de este segmento alcanza ya niveles de obesidad mórbida
Ante el incremento de esta problemática, catalogada también como otro tipo de pandemia por su ser todo un problema de salud pública, han surgido propuestas y programas orientados a promover una alimentación más saludable. Ahí tenemos por ejemplo las nuevas disposiciones legales para regular el consumo de alimentos con alto contenido calórico, o el nuevo etiquetado que busca desincentivar su preferencia. Sin embargo, es un hecho que ello no ha sido suficiente, ya que debido a este prolongado confinamiento, estos problemas de salud lejos de decrecer se han recrudecido.
De hecho, varias entidades del país se encuentran valorando replicar la decisión de prohibir la venta y distribución de alimentos chatarras a menores de edad. Hasta el momento, son ya dos estados (Oaxaca y Tabasco) los que han adoptado estas medidas restrictivas, reformando sus legislaciones locales en materia educativa, de salud y/o de protección a los derechos de las niñas, niños y adolescentes.
En lo particular, considero que dichas medidas restrictivas obedecen más a factores coyunturales, los cuales terminan muchas veces por ejercer una presión mediática que conduce a expedir reformas legislativas al vapor, mismas que por lo su acotado de su ámbito de aplicación y por las limitantes para su implementación, lo único que logran es sobrecargar el andamiaje legislativo que tenemos y, finalmente, todo termina siendo letra muerta. En el Congreso de nuestro Estado, hay cuatro iniciativas en este sentido, las cuales además de ser parches a leyes vigentes, evidencian claramente una copia textual de lo que se aprobó en Oaxaca.
Lo que se requiere es una legislación integral para atacar esta creciente problemática de sobrepeso y obesidad, una Ley que contemple una verdadera cruzada estatal de prevención y atención, con un mayor énfasis en la educación (no tanto en la prohibición) y con directrices institucionales de aplicación transversal que evite la dispersión de esfuerzos.
Empieza un nuevo año donde los mayores desafíos tendrán necesariamente una relación con la salud, de ahí que bien valdría la pena poner la sana alimentación como el primero de nuestra lista de propósitos.











