Como si la desafección política no fuera suficiente contribución a la ausencia de contrapesos que puedan enfrentar al poder, de lamentarse es también el triste papel que juega actualmente la oposición, misma que se encuentra desarticulada y ha sido incapaz de perfilar cuadros nuevos que puedan resultarles competitivos.

Lo que vemos en Sinaloa por ejemplo, es a una oposición que sigue monotemáticamente anclada al problema de la inseguridad, y a su vano intento de hacerle creer a la gente que la panacea para ello, radica en que pueda darse un cambio anticipado en el poder ejecutivo.

Muestra de ello es que abierta y soterradamente, aún siguen hablando de un relevo este mismo año o incluso el próximo, escenario manejado por varios meses y que a estas alturas, ya no resulta rentable ni para el golpeteo político.

En cambio, debido a esta visión que ya se volvió una especie de obsesión, lo único palpable es que se ha dilapidado tiempo muy valioso, que bien pudo haberse usado para construir una narrativa sistémica, capaz de socializar el panorama actual de la entidad, pero desde una perspectiva multifactorial y con propuestas concretas. Lo que vemos en todo caso es a una oposición con expresiones o reflexiones muy acotadas, repetitivas y hasta cierto punto elitistas, ya que su resonancia suele no llegar más allá del llamado “círculo rojo”, el cual por cierto tiene cada vez menos impacto en la opinión y agenda públicas.

Muestra de lo anterior es lo que acontece tanto con las dirigencias formales, como en los liderazgos informales de los partidos de oposición, particularmente en el PRI, PAN y MC.

En el primero de ellos (PRI), la percepción generalizada es la de un edificio en ruinas. Un partido cuya promesa de relanzamiento y reconciliación con las causas sociales, anunciada una y otra vez desde el tsunami de Morena en el 2018, se transformó en una verdadera ofensa para su militancia, al ver toda esa voracidad con que sus líderes se han atropellado por los pocos espacios que les han ido quedando.

En el caso del PAN, sus dirigentes se han enfocado a hacer política “on line”, sin ningún trabajo de tierra que pueda acercarles a esos segmentos poblacionales que representan votos y no “likes”.

En el caso de MC, los intereses de su dirigencia nacional los ha evidenciado como un partido veleidoso y poco confiable. En el caso de su sucursal aquí en la entidad, sus liderazgos no gozan de respaldo social, ya que se les ve como cartuchos quemados y proclives al agandalle en el reparto de posiciones.

LA DISPUTA SERÁ ENTONCES ENTRE MORENISTAS. -Bajo las premisas antes señaladas, y considerando esas debilidades que presenta la oposición, lo que se anticipa es una lucha encarnizada por el poder, pero dentro de las mismas huestes morenistas.

Para ello y aún cuando se busque deliberadamente ampliar el catálogo de prospectos, todo quedará finalmente en los dos grupos que desde ahora están ya muy bien definidos: el del Gobernador Rubén Rocha, con el Senador Enrique Inzunza como su carta fuerte; y el de la Senadora Imelda Castro, quien finca sus posibilidades en la cuota de género.

Pero esto de la asignación de candidaturas por género, puede no ser tan lineal como se cree.

Y es que de las 17 gubernaturas que estarán en disputa en el 2027 (de las cuales Morena gobierna 12), se espera que en 9 de ellas vayan mujeres. Sin embargo, sobre la alternancia en el género para entidades que actualmente son gobernadas por hombres, como el caso de Sinaloa, no es algo que se tenga definido o pueda darse por hecho.

Y es que este criterio que fue utilizado por el INE en el 2024, requerirá ahora la valoración ciertos escenarios de rentabilidad, no sólo de los mismos prospectos a considerar (en las encuestas), sino de la perspectiva de triunfo que pueda ofrecer cada entidad.

Esto porque en el caso de Morena, sus estatutos aluden en lo general a la paridad sustantiva en todos los cargos, pero en particular (artículo 44 bis, fracción b) especifican que “se debe garantizar que las mujeres compitan con mayor perspectiva de triunfo”.

Lo anterior es un tema que seguramente generará controversias, y obligará forzosamente a la llegada de acuerdos, toda vez que dicha “perspectiva de triunfo” no es algo que se mantenga incólume desde la última elección, lo que obligará a la dirigencia central de Morena a respetar intereses locales, a fin de garantizarle todo el apoyo a quien termine por abanderarlos.