Considerando el escenario actual de la política interna en nuestro país, y donde lo más predecible para el próximo año es que esta se mantenga incólume en cuanto al posicionamiento de las diversas fuerzas políticas, con una oposición que sigue acuartelada y sin rumbo; son definitivamente factores extraterritoriales o allende a nuestras fronteras los que deben entonces estarle preocupando al Presidente Andrés Manuel López Obrador. Y es que por más que se desgarren las vestiduras, los mismos partidos políticos que se supone deberían ejercer una función de contrapeso al actual Gobierno, saben perfectamente bien que no han sabido cómo hacerlo y ante la enorme popularidad del mandatario, sólo les quedará buscar el próximo año reducidos espacios locales y aspirar a una representación digna en ambas cámaras federales.

Y es que respecto a la Presidencia de la República, la cosa está prácticamente cantada y será Morena y sus aliados quienes seguirán ostentando el poder a nivel nacional. De ahí que la quiniela que se hace entre el grueso de la población, esa que mantiene su fidelidad a AMLO y que difícilmente pudiese ser superada en las urnas, es igual a la que en su momento se hacía cuando el PRI era el partido hegemónico que las ganaba (o hacía que se ganaran) de todas todas.

La duda que hoy existe entre la gente y que alimenta dicha quiniela no es qué partido ganará la presidencia de la República, sino quién de los candidateables de Morena será la o el beneficiado. Y aquí el escenario se ha decantado a dos opciones que son las más cercanas a AMLO:  Adán Augusto López que sigue gradual pero sostenidamente creciendo en las preferencias, y Claudia Sheinbaum quien sigue a la cabeza pero expuesta a mucho golpeteo y sin registrar crecimiento últimamente. Pero entonces… ¿cuál podría ser ese factor que pudiera modificar el escenario y que, como lo comenté al inicio, represente un factor de preocupación para AMLO?

El más visible hasta ahora es el derrotero que está siguiendo la sucesión presidencial en Estados Unidos, donde en el 2014, al igual que en México (2 de junio), habrá también una elección presidencial (5 de noviembre), y en donde muy a pesar de los pronósticos reservados, aún se maneja que Joe Biden irá por ella. Sin embargo, con los últimos acontecimientos suscitados en nuestro país vecino, las cosas se complican todavía más y la preocupación ya no sólo se centra en las condiciones físicas y el estado de salud del Presidente Biden, sino que los últimos sondeos reflejan una caída en sus preferencias, en parte por las fallidas medidas económicas adoptadas para contener la inflación (altas tasas de interés, medidas arancelarias proteccionistas, subsidios a Ley de CHIPS, etc), pero  principalmente por su abierta participación en el conflicto Rusia-Ucrania.  En este último aspecto aún se mantiene el rechazo popular al último envío de 31 tanques M-1, los cuales se sumaron a una cadena de suministros bélicos entregados desde el 2021, los cuales superan ya los 20 mil millones de dólares.

Ante estas circunstancias y después del acomodo político que se dio en ese país tras las elecciones intermedias del año pasado, donde los si bien los demócratas se mantienen apenas liderando el Senado con un solo escaño de diferencia, los reflectores de ahora en adelante se centrarán en la Cámara de Representantes, donde los Republicanos poseen un control un poco más amplio de posiciones (222 vs 213).  Además, el sustituto de Nancy Pelosi en esa cámara baja, el Republicano Kevin MacCarthy, a pesar de haber sido electo con calzador, comulga abiertamente con Donald Trump, lo que le da a este último personaje un arma importantísima para buscar volver a la Casa Blanca. Ello fortalece además el riesgo real de que la retórica antiinmigrante y las políticas fronterizas de línea dura sean prominentes en la narrativa de las elecciones presidenciales de 2024.

Finalmente y aunado a todo lo anterior, están también los últimos acontecimientos mediáticos en torno al polémico programa “Quédate en México”, implementado a inicios del 2019, donde ahora tanto Trump como su exsecretario de Estado Mike Pompeo, siguen vociferando y alardeando sobre cómo fue que según ellos lograron doblar  al Gobierno de México. Todo ello podría, en un momento dado, obligar a AMLO a realizar cambios que no necesariamente tenía pensado. Incluso, podemos decir que esta situación ya ha cobrado sus primeros daños colaterales de cara al relevo presidencial, en este caso en la imagen del Secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard.