En la actualidad, debido a las facilidades que nos ofrecen la conectividad y las redes sociales, la libertad de expresión ha encontrado la forma de diversificarse y masificarse; sin embargo, como todo buen remedio (en este caso contra la censura y represión), también se han presentado algunos efectos secundarios que han resultado ser adversos.

Muestra de ello es la manera en cómo se suele distorsionar hoy en día las causalidades de los acontecimientos, ya sea para posicionar ideologías o creencias, o bien como una forma deliberad de distracción o cortina de humo. Para lograr este fin, se cuenta precisamente con esa permisividad que nos ofrece el mundo digital, donde cualquiera puede expresarse sin filtros, sin argumentos y, en el peor de los casos, ocultos en el anonimato. Incluso, hasta voces muy visibles y respetadas sucumben a la influencia de determinadas tendencias virales, mismas que por el sólo hecho de serlo, adquieren de facto una aceptación y veracidad generalizadas.

Un suceso muy lamentable que ejemplifica lo que señalo, es lo que sucedió el pasado viernes en Texas, particularmente en el condado de Kerr County, donde una especie de fenómeno climático similar a lo que se conoce como DANA (Depresión Aislada en Niveles Altos), generó abundantes precipitaciones cuyas fatales consecuencias trajeron caos y muerte.

Inmediatamente después de que sucedió esta contingencia, el internet y las redes sociales se saturaron con audios, textos e imágenes, pero no precisamente con un contenido informativo o noticioso veraz, sino más bien con posicionamientos de carácter político y hasta religioso.  Lo acontecido fue justificado entonces como una respuesta de Dios, tanto a las sacrílegas palabras del Gobernador de Texas, Greg Abbott, quien supuestamente dijo que “si Dios fuera inmigrante ilegal también sería deportado”, como a la ignominiosa política trumpista contra los inmigrantes en EU. Para aderezar esta idea, se retomó lo sucedido días antes en La Florida, donde las copiosas lluvias anegaron el nuevo Centro de Detención Migratoria, llamado burdamente “Alligator Alcatraz”, una edificación que es vista como un centro de concentración arbitraria e inhumana.

Para muchos esta versión religiosa de lo que pasó en Texas puede resultar irrisoria, pero resulta sorprendente leer las innumerables reacciones y comentarios que le dan validez. Con ese respaldo, esta basta legión de cibernautas contribuyen a negar (o por lo menos a matizar) la clara y evidente negligencia gubernamental que existió. Obviamente no hablamos de una responsabilidad ante el fenómeno natural como tal, pero sí en lo que respecta a las consecuencias fatales, las cuales bien pudieron evitarse.

Para demostrar dicha negligencia y haciendo una somera comparación entre las precipitaciones ocurridas hace apenas cuatro días en Texas, con las del 2024 en Valencia (España); conviene recordar cómo en el primer caso, cayeron más de 300 milímetros de agua en una sola noche, mientras que en la ciudad española fueron 250 mm. En Valencia hubo más de 228 muertos y casi una centena de desaparecidos. En Texas por su parte, ya suman al momento 83 personas fallecidas (entre ellas menores de edad que estaban en el campamento Mystic), y más de 40 que siguen sin aparecer.

En ambos casos, el elemento común fue la falta de comunicación preventiva y eficaz a la población, lo que expone otro caso más de negligencia gubernamental, debido a la deficiente operación de las dependencias meteorológicas responsables: la Agencia Estatal Meteorológica (AEMET) de España y la Servicio Meteorológico Nacional (NSW por sus siglas en inglés) de EU. En este último caso, cobra relevancia el hecho de que el NSW (que depende del Departamento de Comercio), ha sido sometido, como otras tantas áreas prioritarias de ese país, a un escalonado y enorme recorte de personal y recursos desde enero de este año, justamente desde que asumió de nuevo el poder Donald Trump. Incomprensibles pues el desmantelamiento del NSW, así como a la negativa a instalar un sistema de alerta de inundaciones en el río Guadalupe (similar a la de los tronados), sobre todo considerando que dicho cuerpo de agua de 370 kilómetros, siempre ha sido considerado de alto riesgo de inundaciones, debido a los rápidos escurrimientos que bajan del escarpado terreno montañoso que lo circunda.

Así que la única deidad involucrada en esta tragedia en Texas, es ese sentimiento de superioridad divina que invade a gobernantes soberbios, incompetentes y desquiciados como Donald Trump, cuyas erradas decisiones como ya vimos, terminan por acarrear graves consecuencias.