Después de los últimos eventos políticos que hemos atestiguado, desde la imposición de una dirigencia estatal en el PRI hasta los resultados de la jornada electoral del domingo pasado en Coahuila y el Estado de México, los reflectores mediáticos en la entidad darán ahora un viraje obligado hacia las y los sinaloenses que ya empiezan a moverse por una candidatura en el 2024.
Pero antes de hablar de aspirantes, hay algo más que llama mucho la atención. Me refiero al valor que como moneda de cambio se nos pretende otorgar a los electores. Y es que si hay una idea que como sociedad no podemos seguir alimentando en la actualidad, es que se pretenda justificar que los resultados electorales que se dan, son finalmente resultado de negociaciones políticas cupulares, a manera del viejo corporativismo con que se operaba en el pasado.
El electorado de hoy dista mucho del que prevalecía en la época dorada del otrora invencible partido tricolor. La disponibilidad de información a causa de las nuevas tecnologías y el uso del internet, ha permitido un salto cuántico en el proceso evolutivo intergeneracional, electoralmente hablando, es decir, que el elector de hoy cuenta con más elementos y conocimientos, como para que se le considere parte sumisa de negociaciones cupulares. Y no es que neguemos que persistan las negociaciones y se pongan en marcha estrategias como el acarreo, la intimidación, la compra de votos y las campañas negras, pero su efectividad no es tal como para garantizar lo convenido en una negociación, sobre todo mientras más alto sea el porcentaje de votación.
Decir que los resultados en Coahuila y Estado de México fueron los esperados, es diferente a decir que fueron por una negociación política. Y es que lo sucedido fue sólo la consecuencia de rompimientos partidistas internos, de la debilidad de ciertas candidaturas, de la animadversión social y de unas campañas incapaces de revertir la desafección política que persiste en muchos sectores de la sociedad. De igual forma, están otros componentes que ya todos sabemos, como la participación de determinados podres fácticos, donde debemos tener mucho cuidado de no magnificar su influencia, a fin de no otorgarles un falso empoderamiento y que ello sea además un motivo para la descalificación convenenciera de los resultados.
Ahora bien, extrapolando dichos factores al ámbito local (Sinaloa), se advierte un escenario similar en donde si bien la marca Morena lleva ventaja por la elevada aprobación ciudadana que mantiene AMLO, no por ello puede darse por hecho que ya tiene en la bolsa las posiciones que estarán en disputa.
Morena por tanto deberá ahora seleccionar de manera mucho más exhaustiva a sus candidatas y candidatos, la cual será también una premisa ineludible en las concesiones que puedan ser otorgadas a los partidos coaligados. Para ello, entre otros requisitos será decisivo que quien aspire a una candidatura, tenga principalmente una trayectoria limpia, de modo tal que no sea sujeto a revelaciones oscuras de su pasado; que posea una verdadera vocación de servicio para gestionar las demandas de la gente: y que cuente por supuesto con un reconocido arraigo partidista. Un componente adicional pero vital en la definición de candidatos, lo será evidentemente la influencia de quien resulte ungido(a) para suceder a AMLO, a sabiendas de que para el propio Presidente de la República sólo hay dos opciones reales, es decir, Claudia Sheinbaum o Adán Augusto. Y en caso de inclinarse por la primera, se vendría además un efecto adicional que fortalecería la participación de las mujeres, quienes ahora ocuparían posiciones que antes les estaban negadas, como por ejemplo las alcaldías más importantes del Estado. Y esto es algo que tendrán forzosamente que replicar todos los partidos para no estar en desventaja.
BAILANDO POR UN SUEÑO.- Gran revuelo causó la reaparición política de MALOVA, a quienes ya incluso lo ven como bailando como candidato a senador por la coalición PRI-PAN-PRD-MC. Sólo dos cuestionamientos: el primero, ¿cómo podría el PRI abanderar esa candidatura si en repetidas ocasiones ha estado anunciando que le cerrarían las puertas a traidores y oportunistas?. Y segundo, ¿creerá en serio el exmandatario sinaloense que el Gobierno Federal no tiene bien documentado todo el desaseo administrativo que campeó durante su administración?











