En el caso del tan difundido tema de los jornaleros agrícolas, se pueden determinar es verdad muchas atenuantes, pero lo que siempre ha prevalecido en este añejo problema es la fatal combinación de una pobre ética empresarial, la incompetencia gubernamental y la indiferencia social.
La situación que salió a la luz pública sobre las infrahumanas condiciones en que viven (o mejor dicho sobreviven) los jornaleros agrícolas que acuden por temporadas a nuestra entidad, simplemente desnudó una vez más la situación de esta pobre gente, a quienes desgraciadamente se les voltea a ver sólo cuando pasa una desgracia tan dolorosa como el reciente fallecimiento de menores de edad. Y es que este problema, que siempre ha estado frente a nosotros y que preferimos ignorar, es como mucho se ha señalado ya, un fenómeno multifactorial y de corresponsabilidad, donde por un lado siempre ha salido a relucir la falta de humanidad y compromiso social de ciertos empresarios dedicados a la agricultura y horticultura, así como la insensibilidad e incompetencia de los funcionarios responsables, quienes sólo se mueven de sus sillas cuando sucede alguna desgracia o contingencia como lo que pasó ahora en Guasave. Por esta razón es que nos resulta inconcebible, escuchar por ejemplo al líder de las asociaciones agrícolas en el estado, quien al tratar de deslindarse del tema, declara que además de que a los trabajadores foráneos sí se les brindan condiciones adecuadas para su estancia en nuestra entidad, se les suele además pagar muy bien y que por tanto ellos cumplen su parte, agregando incluso un comentario sarcástico de que tampoco son responsables de lo que hagan con ese sueldazo que según dijo reciben estos jornaleros.
Las autoridades por su parte, siempre han brillado pero por su ausencia, de tal modo que también se les recrimina que salgan con bombo y platillo a presumir lo que están haciendo, ya que su actuación no debiese ser reactivamente, sino que estas dependencias (trabajo, salud, derechos humanos, educación, protección civil, etc.) tienen la obligación de atender permanentemente el tema con un enfoque prioritariamente preventivo…pero bueno, ahogado el niño a tapar el pozo no?
Ahora bien, después del fallecimiento de los dos menores y del internamiento hospitalario de otros más por graves problemas de desnutrición y enfermedades propias de una falta de higiene, muchos salieron a decir que había que trabajar más en el aspecto legislativo para poder atender este problema. La realidad es que si algo abunda en México es un exceso de leyes que continuamente se están creando, más por oportunismo político y clientelar que por una planeación objetiva del marco normativo que se requiere. Como resultado de ello es que tenemos tantas leyes que están ahí, vigentes pero inaplicables, es decir, como letra muerta.
Por eso es que el problema de este maltrato que reciben los trabajadores del campo que cada temporada llegan para producir los alimentos que finalmente llevamos a nuestras mesas, no es por falta de normas que impidan que eso se dé, sino de una inaplicación de las que ya están promulgadas y que, aunque siempre perfectibles, mucho se lograría si se empezara por hacerlas valer como están vigentes. Aunado a todo ello y como causales que coronan la incompetencia y la ambición que originan estas injusticias, están además la prevaricación que impide sancionar y la displicencia que nos atrofia como sociedad para poder presionar.
La acumulación de todas estas vejaciones, tratos discriminatorios y limitaciones que los jornaleros que cada año vienen a Sinaloa, es el legado de tantas administraciones que por acción u omisión han sido cómplices de estas injusticias. Y es que no solamente hablamos de lo deplorable en que se encuentran las condiciones en que viven, hay también un problema muy grave de desintegración en esos núcleos sociales, donde la violencia intrafamiliar, el ausentismo escolar y la drogadicción incrementan exponencialmente su nivel de marginación. Hoy la administración del Dr. Rubén Rocha Moya se encuentra ante el reto de convertir la desgracia sucedida, en un ejemplo de lo que sí se puede hacer y que por todo lo que mencionamos antes no se hizo en el pasado.











