Pues bien, afortunadamente los fatídicos presagios de que no sería una elección tranquila y libre no se cumplieron. Por el contrario, con una votación por arribita del 60 por ciento, las y los mexicanos salimos a ejercer tranquilamente lo que es un derecho, pero también una obligación.
En lo personal estimaba una votación mucho más copiosa, o por lo menos superior al 63.1% y 63.4% del 2012 y 2018 respectivamente. Pero aun así podemos decir que fue una buena participación, donde quedó en claro que la voluntad de los mexicanos, fue darle otros seis años al partido en el poder, y por ende continuar con el mismo proyecto de nación que instauró AMLO.
Tenemos pues a la primer mujer Presidente en la historia de nuestro país, y aunque eso era prácticamente un hecho, dado que la pelea siempre fue entre dos damas, la diferencia o ventaja de Claudia Sheinbaum sobre Xóchitl Gálvez fue tan amplia, que no dejó lugar a lo que también muchos avizoraban, es decir, que el resultado final se resolviera en los tribunales.
De hecho, el triunfo de Sheinbaum ya muchas casas encuestadoras lo daban por sentado, tanto que hasta la misma candidata ganadora, en un lapsus de egolatría quizá, llegó a decir que era un mero trámite la elección. Pero lo que sí se esperaba era que el Congreso de la Unión quedará más dividido, de modo tal que sirviera de contrapeso a las tentaciones absolutistas de quien accede a todo el poder.
La decisión del pueblo, sabio o no, debe de respetarse, y así como en el pasado al hegemónico régimen priista, la población por conveniencia, coacción o soborno le refrendaba su continuidad, hoy es un nuevo partido quien tiene ese dominio y gobierna a la gran mayoría de los mexicanos.
Ahora bien, las preguntas que surgen con el resultado da antier son: ¿qué tanto seguirá Claudia Sheinbaum el guion que AMLO (su mentor y maestro) le tiene preparado?; ¿Acatará a pie juntilla lo que el aún Presidente le “sugiera” ?; ¿Tendrán sobre ella elementos suficientes para alinearla? ¿Negociará beneficios mutuos directamente con el ejército para gobernar con sello propio?
Las primeras señales que podrían dar respuesta a estas interrogantes, las veremos desde la misma conformación de su gabinete, y también si el cambio de mando en las fuerzas armadas es de fondo o sólo de membrete (misma élite).
Lo cierto es que Claudia Sheinbaum llega con una votación histórica y una ventaja tan amplia (casi dos a uno) sobre su más cercana contendiente, que ha despertado el interés de la comunidad internacional, por lo que ahora los ojos del mundo estarán puestos en ella. De ahí que sería completamente normal que buscara ir poco a poco deslindándose, no del proyecto de nación, pero sí de la tutela de su antecesor. Incluso, veo factible que el segundo piso de la 4T que fue su eslogan general de su campaña, sea construido bajo un andamiaje menos radical que el de su antecesor.
Sheinbaum llega con casi cinco millones de votos más que la base electoral que le dio el triunfo a AMLO en el 2018, con un Congreso de la Unión (ambas cámaras) a su disposición y con el respaldo de un proceso interno que impidió resquebrajamientos o escisiones mayores (subrayo mayores) entre su militancia, Además, su alta formación académica, le da ese plus que el mismo AMLO, al no poder presumir, siempre ha terminado por condenar. Por todo eso es que creo que Sheinbaum seguirá hasta cierto punto el mismo librito de AMLO, pero no su misma línea narrativa, sus mismas estrategias divisionistas, ni su misma visión de soberanía. Y Usted amiga y amigo lector… ¿qué opina?.











