Finalmente, el ex canciller Marcelo Ebrard deshojó ayer la margarita y después de tanto argüende, decidió quedarse en Morena y apoyar el Proyecto de Nación 2024-2030.
Ahora bien, más allá de si Ebrard logró negociar más de lo que le ofrecían en un principio, lo que queda muy claro es que finalmente el Presidente de la República volvió a dar muestras de su sagacidad para la política.

A estas alturas la oposición podrá decirle a AMLO hasta de lo que se va a morir, pero en el fondo saben perfectamente que no fueron capaces de estar a su altura, y hasta terminaron eligiendo como candidatos a quien el Presidente les impuso. Primero fue Xóchitl Gálvez, luego vino la faramalla con Ebrard, y por último tenemos la casi inminente candidatura de Samuel García, como el candidato comodín encargado de dividir a la oposición. Y si el dinero y la mercadotecnia hacen de las suyas, tenga Usted por seguro amable lector, que el Gobernador con licencia de Nuevo León, logrará como tanto se ha especulado, desplazar a la candidata del Frente Amplio hasta el tercer lugar.

Pero la jugada maestra fue cuando supuestamente Ebrard se alzó como disidente ante la designación de Claudia Sheinbaum.
La expectativa social se centró entonces en la disyuntiva de creer que el berrinche iba en serio, o suponer que era una estrategia montada para confundir a la oposición.
Finalmente con la noticia de ayer, la segunda opción parece develarse, por lo que es muy probable que Ebrard ya esté limpiando la cara de Talía para sustituirla por la de Melpómene.
Ahora que las dos caras de esta tragicomedia montada por Ebrard han quedado evidenciadas, lo interesante a partir de aquí será ver qué tanta ventaja logra sacar Sheinbaum de todo este montaje, y si por otra parte, los gobernadores lograrán cumplirle después de habérseles delegado maniobrar en sus estados.

¿LA GRILLA CHAFA DEL PRD?.-
La pregunta de si aún existe el PRD, fue la que muchos se hicieron cuando el “dirigente” estatal de este partido (sin registro en Sinaloa y muchos estados más por cierto), salió a los medios a ventilar una denuncia contra el Secretario de Obras Públicas, Joaquín Landeros Güicho, quien está desempeñando ese cargo sin contar con el título de cuando egresó de la carrera de Arquitectura.

Y no quisiera que me malinterpretaran, ya que nadie puede estar en desacuerdo con la necesidad de impulsar mejores estrategias, cuya finalidad sea lograr que más jóvenes se titulen y no se queden a medio camino, sobre todo ahora que la Cuarta Revolución Industrial, con su inteligencia artificial y la robotización, están desplazando y dejando obsoletas muchas profesiones.

Sin embargo, como también ya lo hemos expresado, el servicio público es toda una ciencia donde la formación académica suele verse supeditada a las actitudes y aptitudes personales. Es así que me ha tocado ver personas cuyas habilidades innatas, en combinación con la disciplina y tenacidad, logran hacer mucho más que otros quienes tienen las paredes de sus oficinas llenas de títulos y reconocimientos.

Incluso, si hablamos de preparación y capacitación, tanto en la teoría como en la práctica, hablamos de procesos continuos e interminables, pues siempre hay algo nuevo qué aprender y poner en práctica.

Es por ello que no debemos nunca demeritar la capacidad de alguien, basándonos exclusivamente en la parte académica, pues la historia da fe de grandes líderes, políticos, empresarios y hasta inventores, cuya tenacidad y talento es lo que les ha hecho sobresalir y ser ejemplos a seguir.

Por eso es que recordando aquel caso cuando al inicio de la presente administración, se cuestionó mucho a una funcionaria de la SEPyC, por habérsele dado un cargo cuando recién había concluido sus estudios, en una de mis columnas señalé que era mejor darle un tiempo prudente, a efecto de ver si podía con la responsabilidad conferida, algo que finalmente sucedió.

Hoy también con respecto al Secretario Joaquín Landeros Güicho, más que desgarrarse las vestiduras y caer en la grilla chafa, considero que lo más prudente es ver cómo avanza su desempeño, pues hasta ahora ha demostrado contar con tres cualidades principales que requiere el servicio público: aprendizaje rápido, voluntad y liderazgo.