A partir de ayer entraron en vigor los últimos Lineamientos expedidos conjuntamente por las Secretarías de Educación Pública y Salud, referentes a la preparación, distribución y expendio de los alimentos y bebidas preparadas, procesadas y a granel dentro de las escuelas del Sistema Educativo Nacional, con los que se reeditan añejas disposiciones normativas que no prosperaron en el pasado, y que sólo quedaron en buenas intenciones.

Finalmente, este tipo de iniciativas resultan incuestionables ante lo que es ya todo un problema de salud pública, como el caso de la obesidad infantil, y en la que nuestro país por cierto lleva años con el deshonroso primer lugar a nivel mundial. Es por ello que como parte del programa “vida saludable” que ha venido impulsando el Gobierno Federal, fueron publicados unos nuevos Lineamientos de aplicación nacional, que vienen a reforzar los criterios nutricionales de lo que se les vende a los alumnos en las tienditas escolares, llamadas oficialmente ECE (Establecimientos de Consumo Escolar). El inconveniente es que se vuelve a hacer énfasis en el qué (alimentos se debe consumir), pero se omiten precisiones en el cómo (lograr su consumo al interior del plantel).

Ahora con estos nuevos Lineamientos, surge una gran confusión que embarga a los padres de familia, ya que en ellos se establece (tercero transitorio) que una vez que entren en vigor, quedarán sin efecto los anteriores Lineamientos publicados en el DOF, el 26 de mayo del 2014; pero en ningún momento se aborda, como sí lo hacían los lineamientos abrogados, la responsabilidad de a quién le compete el manejo de los ECE, y por consiguiente la responsabilidad de lo que en ellos se expende.

Este aspecto que se omite, es paradójicamente la parte medular que debería quedar bien establecida, si lo que realmente se quiere cambiar el tipo alimentos y bebidas que consumen los alumnos. Incluso, de poco o nada servirán las sanciones que se establecen en los nuevos lineamientos, ya que lo más probable es que sean inaplicables, debido a que persiste una falta de claridad en cuanto a sus destinatarios, es decir, si estas serían atribuibles a la autoridad escolar como tal, o a quienes en un momento dado mantengan concesionado el manejo del ECE.

Al respecto, lo único que se menciona en estos últimos Lineamientos es que la Secretaría de Salud, como parte de sus tareas de capacitación sobre prácticas alimentarias y de criterios nutricionales, será la responsable de dar a conocer también los requisitos y procedimientos para formar los comités de alimentación, y propondrá a la SEP los manuales o guías para la operación de los mismos, que en cada comunidad educativa se decida formar.

Lo curioso es que en los anteriores Lineamientos (2014), ya estaba muy claro que los ECE debían quedar a cargo de los padres de familia, y dejarían por fin de ser operados por los directivos escolares, quienes aún siguen a cargo, ya sea directamente o por interpósitas personas (a través de concesiones). Por ello es que no se entiende el por qué volver a dejar suelta esa potestad, sobre todo si partimos de dos premisas indiscutibles que la justificaban: la primera es que el dinero que los alumnos gastan en las tienditas (ECE), provienen de los mismos padres o tutores; y la segunda es que no puede haber nadie más interesados que ellos en la salud de sus propios hijos. De ser así los fines serían otros, adquiriendo prioridad la venta de comida saludable, y no tanto las ganancias que pueda generar la tiendita, mismas que en muchos casos son manejadas discrecionalmente por los directivos escolares. Y como es sabido que hay algunas voces por ahí, que insisten en cuestionar la preponderancia que han ganado los padres de familia dentro de las comunidades escolares, conviene aludir a la experiencia que ha habido con el programa “La Escuela es Nuestra”, donde salvo casos aislados, los Comités Escolares de Administración Participativa (integrados en esencia por padres y madres), han aplicado adecuadamente los recursos que les han sido asignado. Ya veremos entonces si este aspecto del manejo de los ECE se precisa, o si las nuevas disposiciones terminan por quedar atrapadas entre la búsqueda de lo saludable y el interés por lo redituable.