Después de que a finales del año pasado se revelaran por parte del INEGI las estadísticas nacionales sobre decesos por accidentes de tránsito, en distintas notas periodísticas y en las opiniones de destacados articulistas, el tema cobró notoriedad y se volvió recurrente. Sin embargo, la indolencia colectiva y la corta memoria que tenemos como sociedad, parecen empecinarse en querer darle vuelta a la página, a pesar de que cada día se escriben en ellas trágicas historias que enlutan los hogares de quienes fallecen por algún tipo de accidente vial.
Ni el hecho de ser la entidad con la tasa más alta de muertes por accidentes de tránsito en todo el país (8.8 por cada 100 mil habitantes), como tampoco que en ellos estén involucrados nuestros niños y jóvenes (uno en promedio cada semana), han logrado sacudir nuestras conciencias ni obligar a las autoridades a darle a esta problemática la prioridad y atención que requiere.
Dentro de este nada honroso primer lugar, nuestra entidad y algunos de sus municipios como Culiacán, Mazatlán, Ahome y Navolato, concentran como causa principal de decesos los percances que involucran el atropellamiento de peatones y motociclistas, seguido por las colisiones entre dos o más vehículos, y la que se da entre éstos con objetos fijos. En cuanto a los choques por alcance, éstos forman ya parte de nuestra cotidianidad, algo a lo que parece nos hemos ido acostumbrando y que lastimosamente ha pasado a formar parte del entorno urbano.
Como consecuencia de ello, el año pasado Sinaloa cerró con la cifra de homicidios culposos por accidentes de tránsito más alta en los últimos diez años, situación que se dio a pesar de las restricciones por el Covid, lo que nos hace predecir peores augurios para este 2022, una vez con el regreso a la “nueva normalidad” y la entrada de vehículos extranjeros queriendo ser legalizados.
De hecho, tan sólo en el primer semestre de este año se contabilizaron casi 4,400 accidentes viales y 194 personas perdieron la vida, lo que arroja un promedio de 24 percances y 1.07 fallecimientos por día.
Desgraciadamente y de acuerdo con datos del Instituto Nacional de Salud Pública (INSP), México ocupa ya el séptimo lugar a nivel mundial y el tercero en la región de Latinoamérica en muertes por siniestros viales, los cuales y para el peor de nuestros males, constituyen además la primera causa de muerte en jóvenes de entre cinco y 29 años de edad. Lo más triste y preocupante de ver cómo estos accidentes acaban prematuramente con la vida de un menor, es el hecho de que en su mayoría pudieron haberse evitado, y en esa tarea todos tenemos una responsabilidad que no hemos cumplido. El fomento de una cultura vial y la la inclusión de valores en la formación de nuestros hijos, es algo que no podemos seguir evadiendo, como tampoco nuestras autoridades pueden seguir utilizando el tema de la movilidad sólo como un concepto de moda para su retórica política.
Cuando se aprobó en el 2018 la Ley de Movilidad Sustentable del Estado de Sinaloa, se dijo que se le daba al Gobierno los elementos legales para implementar estrategias que hicieran posible mejorar y hacer más seguro el tránsito vehicular y peatonal en nuestra entidad. A cuatro años de distancia las cosas siguen igual y aún persisten las deplorables condiciones de nuestro sistema de desplazamiento vial, lo que en gran medida contribuye a que tengamos tantos accidentes con consecuencias fatales.
Ahora que el tema de la movilidad se elevó a rango constitucional, esperemos que pronto tengamos resultados, empezando por un sistema de transporte público eficiente y seguro, el cual pueda (en la medida de lo posible) contribuir a reducir los congestionamientos viales que tenemos a todas horas; un adecuado sistema de señalización en calles y cruceros, con una semaforización automatizada y sincronizada (y no con un agente vial operándolos manualmente); una planeación urbana que además de darle supremacía y salvaguarda al peatón, al ciclista y las personas con alguna discapacidad, sea capaz de lograr un crecimiento ordenado de nuestras ciudades, donde se respeten las zonas de riesgo y no se edifiquen más fraccionamientos que trunque la continuidad que deben tener las vialidades.
Por lo pronto, empecemos con lo que nos toca como ciudadanos, y demostremos que sí somos capaces de respetar los señalamientos y reglamentaciones viales…así no les daremos pretextos a nuestras autoridades.











