La nueva ola antisemita que se ha levantado en el mundo tras el recrudecimiento de la guerra en oriente medio, ha reavivado también las diferencias entre el judaísmo y el sionismo que conviven en el pueblo de Israel, lo que ha invalidado los argumentos del Gobierno de Benjamín Netanyahu para justificar sus ataques a la franja de Gaza. De hecho, la oposición judía al sionismo que surgió a finales del siglo XIX, se ha alimentado de diversos movimientos asimilacionistas, mismos que han evolucionado desde tendencias socialistas y comunistas, hasta grupos religiosos ortodoxos, todos ellos hasta hoy inconformes con la forma en que dicho movimiento nacionalista (sionismo) ha querido unificarlos.
Recordemos que la resolución de la ONU del 29 de noviembre de 1947 que dividió a Palestina en dos Estados, uno judío y otro árabe, fue de momento una gran victoria para los sionistas; sin embargo, la Liga Árabe se negó a aceptar la formación de un Estado judío en tierras palestinas, lo que dio inicio a un conflicto que si bien nunca ha cesado, fue hasta el pasado 7 de octubre que éste se recrudeció nuevamente, causando una consternación a nivel mundial.
Ante ese recrudecimiento de las hostilidades, Estados Unidos, principal e histórico aliado de Israel, se apresuró de nuevo a tratar de convencer al mundo de su papel como mediador en dicho conflicto, algo que resultó un rotundo fracaso, tras la visita del Presidente Joe Biden a Israel la semana pasada.
“Estados Unidos está junto al pueblo de Israel, nunca dejaremos de respaldarlos… y el apoyo de mi administración a la seguridad de Israel, es sólido como una roca e inquebrantable”. Esas fueron las palabras de Biden ante el ataque del pasado mes de octubre, perpetrado por el grupo palestino extremista Hamás.
La realidad es que el trasfondo de siempre en las intervenciones de EU, no ha sido otro que conservar el dominio geopolítico-militar en esa región, el cual inició desde que terminó la segunda guerra mundial, y que durante y después de la guerra fría alimentó las confrontaciones con la otrora Unión Soviética.
La realidad es que pareciera que Estados Unidos siempre ha simulado interceder por la paz en medio oriente, sobre todo ahora que, si pensamos mal y consideramos que con el estancamiento de los acuerdos que impulsaba este país con Israel y Arabia, el caos podría en un momento dado generar nuevas motivaciones para continuarlos.
Y EN SINALOA LA PAZ LLEGARÍA POR DECRETO.- A propósito de mi pasada entrega, donde señalé que a lo más que estamos llegando como sociedad son a esas mediáticas y efímeras indignaciones sociales, las cuales se repitan cada vez que surgen casos como con el reciente y abominable asesinato de las dos niñas en Los Mochis; pues resulta que hay quienes al parecer, insisten en alcanzar la paz con leyes o decretos, quizá aconsejados los mismos que crearon esos spots de radio y televisión, que buscan tener un impacto en la reducción de asesinatos, por el simple hecho de decir que son un delito y no deben de cometerse.
Esto lo traigo a colación porque en el Congreso del Estado, hay por ahí una iniciativa para expedir una “Ley para la Construcción y Fomento de la Cultura de la Paz en Sinaloa”, la cual al revisarla nos expone una serie de acciones enunciativas de carácter adjetivo, de muy buena voluntad es verdad, pero nada que proponga algo novedoso y sustantivo. Esto nos da a entender por qué es que tenemos tantas leyes que sólo quedan en letra muerta. Y es que para revertir los altos índices de violencia que padecemos, no hay que descubrir el hilo negro, sino simplemente no seguir cayendo en más elusiones y demostrar, como sociedad y gobierno, una verdadera voluntad para poner en marcha acciones que están ya muy bien identificadas. Y para ello la unión familiar, la educación y la descentralización de la cultura, representan el engranaje principal en el que hay que enfocarnos, de modo tal que sobre todo para nuestros niños y jóvenes, la integridad moral, la honestidad y los valores, sea algo que aprendan y aprehendan por convicción y no por coacción.











