Seguramente Usted, amigo lector(a), ha escuchado del famoso Warning o advertencias que desde hace años y reiteradamente ha venido haciendo el gobierno estadounidense a sus conciudadanos. Estas advertencias tuvieron un viraje argumentativo durante la pandemia, donde las cuestiones sanitarias desplazaron momentáneamente las relacionadas con la seguridad e integridad personal a causa de la violencia que impera en el país. Una vez superada la fase crítica de la pandemia por la COVID 19, las alertas de viaje volvieron a centrase en los riesgos que representan para los turistas, el visitar determinados estados de México donde los secuestros, asaltos, ejecuciones y fraudes están a la orden del día. Sin embargo, la realidad es que hablando en cifras o datos duros, estas notificaciones no han tenido gran impacto o repercusión en la afluencia de extranjeros que nos visitan, y no sólo de EU, sino de otras naciones que reconocen y disfrutan de la cultura, hospitalidad, atractivos naturales y gastronomía tan variada como representativa que posee cada entidad federativa.

Según cifras proporcionadas por la misma Secretaría de Turismo, tan sólo en el primer semestre del 2022, los turistas internacionales en México dejaron una derrama de 13.039 millones de dólares, un 80,1 % más que en 2021 y un 9,3 % más que en 2019, con lo que se superaron los niveles prepandemia. Como consecuencia de ello, el PIB Turístico logró crecer un 3.4% en términos reales, colocándose incluso 2.4 puntos porcentuales por arriba del PIB Nacional, el cual creció 1.0% en dicho periodo.

El propósito de abordar este tema, más que para destacar el beneficio que tiene la actividad turística en México, es el de colacionar el impacto que dejan las advertencias (warnings) extranjeras en relación con el que se hace internamente, es decir, ese que como mexicanos corremos de boca en boca sobre los riesgos de ir a tal o cual parte. Esto último es un fenómeno que no ha sido medido o evaluado a detalle, y cuya repercusión puede sorprendernos por las afectaciones a la derrama económica que deja la movilidad interna que hacemos los mexicanos, cuando viajamos de un lugar a otro de nuestro país, bien sea por motivos laborales, familiares, médicos o recreativos. Y es que es bien sabido que de la experiencia personal se forman percepciones que pueden tener un impacto masivo, al enaltecer o desprestigiar una región, un estado o un municipio de nuestro territorio. Desgraciadamente, son las mismas autoridades quienes, por involucramiento u omisión en la proliferación de la corrupción,  terminan por generarle una mala imagen a sus demarcaciones, sin reparar en el descrédito que esto tiene tanto al interior como allende de nuestras fronteras.

Por citar un claro ejemplo, están los casos de Jalisco Y Nuevo León, curiosamente dos entidades gobernadas actualmente por Movimiento Ciudadano, cuyos mandatarios, Enrique Alfaro Ramírez y Samuel García Sepúlveda, suelen desgarrarse las vestiduras cuando de corrupción se habla, pero como buenos candiles de la calle, tienen a sus estados en penumbras por la corrupción que impera en sus gobiernos.

Paradójicamente, son también dos de los Gobernadores que a pesar de tener a sus estados sumidos en una imparable violencia, tuvieron el descaro de despotricar contra la reciente prórroga de la presencia del ejército en las calles, secundando a muchos otros mandatarios que con un cinismo total, argumentan que lo que se debió haber hecho es profesionalizar las policías locales. Y es que tales declaraciones son un insulto para los ciudadanos, puesto que está visto como ellos mismos se echaron la cola al hombro, dejando cómodamente que los militares se hicieran cargo por años de la seguridad de sus “gobernados”, incluso en su momento fueron ellos mismos quienes solicitaron al Gobierno federal les enviara más elementos, sin que nadie sepa hasta hoy cómo y en qué se invirtieron entonces todos aquellos recursos que la federación les hacía llegar para fortalecer sus corporaciones policiales.

Así pues y viendo que la visita de extranjeros a nuestro país sigue afortunadamente sin mayores alteraciones, podemos entonces colegir que es más adverso el impacto que ocasiona la corrupción en muchos gobiernos estatales, ya que esta es una de las causas principales por las que eclosionan tantas advertencias internas que entre nosotros mismos, como mexicanos, solemos hacer sobre los riesgos de ir a tal o cual estado. Así que no está de más el revisar cómo están las cosas en la entidad a donde vayamos a viajar…digo, para no ser presa de alguna sorpresa.