Las enseñanzas o dogmas morales que nos dejan los refranes, tienen una aplicación genérica que cada quien adecua a una situación en particular; sin embargo, es en ámbito de la política y el servicio público donde más lógica suelen encontrar. Por eso es que para el tema de hoy, me viene a la mente aquel donde se dice que “no es lo mismo ser borracho que cantinero”. Y es que los ciudadanos ya estamos curados de espanto, por lo que no tan fácilmente nos dejamos envolver por esos políticos que son muy buenos criticando e ilustrando cómo es que deben de hacerse las cosas, pero que una vez que logran tener el poder para demostrarlo, terminan por quedar evidenciados al no cumplir con lo que tanto pregonaron.
Este ejemplo bien podríamos aplicarlo al exsecretario de Educación Pública y Cultura, Juan Alfonso Mejía, a quien en su carácter de intelectual y académico, siempre le vimos destacar mediáticamente, sobre todo en su papel de antagonista a las decisiones gubernamentales.
¿Pero qué pasa con este tipo de figuras públicas como el autonombrado “Tío Ponchito”?
Pues que como suele suceder y parafraseando a un excandidato presidencial, resultan ser todos unos genios opinando desde las gradas, pero ya una vez en el ruedo, sus opiniones y consignas terminan por volverse en su contra, cayendo en lo mismo que tanto criticaron.
A Juan Alfonso Mejía, quien anteriormente había mantenido un bajo perfil como Secretario del Ayuntamiento de Mazatlán, se le brindó la oportunidad de sus sueños, asignándole la conducción del Sistema Educativo Estatal, tema en el que siempre ha manifestado ser todo un especialista.
Hoy, a más de año y medio de que dejó ese cargo como titular de la SEPyC, tanto la sociedad como el magisterio sinaloense, muy poco es lo que le reconocen de su paso por esa que es una de las dependencias más importantes y la que mayor presupuesto concentra, si para esto último consideramos los recursos que llegan del Fondo de Aportaciones para la Nómina Educativa y Gasto Operativo (FONE).
Recordemos que Juan Alfonso Mejía llegó en el 2018 a ese cargo, relevando al Ing. José Enrique Villa Rivera, quien al parecer optó por una digna retirada ante el escaso apoyo de parte del titular del poder ejecutivo. A partir de su nombramiento, el nuevo Secretario se rodeó de un grupo de acólitos que en lugar de trabajar, se encargaron de levantarle el ego y festejarle sus ocurrencias, como aquella donde mostró sus dotes como bailarín en un evento con jóvenes, así como también en sus constantes salidas a las escuelas, donde en lugar de llevar apoyos, llevaba su show infantil del tío Ponchito.
Es así que conociendo de su gris desempeño en el servicio público, me resulta una verdadera interrogante saber cómo es que reaccionará la gente si llegase a ver en las boletas electorales a Juan Alfonso Mejía. Ya habíamos advertido sus soterradas intenciones de tantear el escenario rumbo al 2024, sin embargo, parece que ayer decidió dar un paso más en firme, al declarar que estará atento para entrarle en el proceso electoral de próximo año, muy probablemente en busca de la alcaldía de su querido Mazatlán.
De hecho, no hace mucho al también exdirector de Mexicanos Primero, le escuchamos hablar del escenario político nacional y decir que AMLO se encuentra muy intranquilo, porque según él hay un riesgo latente de que éste pierda el poder en el 2024. La verdad es que a estas alturas, a como se encuentra de desarticulada la oposición y con deserciones por todos lados, sus predicciones parecen caer más en un anhelo o en una esperanza, con el que pretende alimentar sus expectativas de verse como alcalde del puerto.
A como se está deshojando la margarita, no es descartable que ante la ausencia de cuadros, entre los candidatos designados aquí en Sinaloa por el “Frente Amplio por México” (integrado por los partidos PRI-PAN-PRD), veamos por ahí bailando de nuevo a MALOVA y a Juan Alfonso. Ante esta eventual posibilidad, la pregunta que queda en el aire es qué posibilidades podrían tener ahora que ya la gente los conoce de sobra.











