Vaya aguante que tuvieron los trabajadores jubilados del ISSSTESIN, quienes hoy ven cumplida su justa demanda de que les devuelvan el 5% de su fondo de vivienda, algo que por Ley les corresponde, y que muchos de ellos lamentablemente no lograron verlo concretado. Primeramente y para poner en perspectiva lo que verdaderamente pasó, hay que recordar que este problema fue creciendo como una bola de nieve, la cual se formó por omisiones y fallas cometidas en las administraciones de Mario López Valdez y Quirino Ordaz Coppel.
Por aquellas fechas (2015 en adelante), el Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores de la Educación del Estado de Sinaloa (ISSSTEESIN), empezó a recibir demandas de los trabajadores, exigiendo la devolución de ese porcentaje (5%), que de acuerdo a la misma Ley de ese Instituto, representa la aportación patronal al fondo de vivienda, en este caso del Gobierno del Estado. Con el paso del tiempo las demandas se acumularon, pero nunca se atendieron, gracias tanto a la displicencia de las autoridades de ese entonces, como a la opacidad en el destino de los recursos supuestamente asignados al ISSSTESIN para tal fin. Fue así que los laudos condenatorios fueron saliendo a favor de los demandantes, muchos de ellos incluso con cálculos incorrectos, lo que arrojaba cifras muy altas e incompatibles con los salarios reales.
Ahora, después de largas negociaciones y acuerdos conciliatorios con los demandantes, el Gobernador del Estado, Dr. Rubén Rocha Moya, informó que en cumplimiento a su compromiso de campaña, “nadie se quedará exento de recibir el pago de su devolución”.
De hecho, al corte al 20 de junio, ya han recibido su devolución más de 7 mil trabajadores jubilados y pensionados, con una dispersión de 626.7 millones de pesos, los cuales representan un 87% del total de trabajadores activos. Aunado a ello, por instrucciones del gobernador Rocha, se autorizaron 15 millones de pesos para continuar con los pagos de los beneficiarios de trabajadores fallecidos. Así que lo que parecía muy lejano, hoy llega por fin a buen término, llenando de júbilo a los jubilados.
MUNICIPIOS PASIVOS. – Para nadie es un secreto las múltiples afectaciones que a lo largo de estos ya más de nueve meses, nos ha dejado la confrontación abierta entre delincuentes y asesinos, quIenes en su disputa interna, han acabado el otrora dinamismo cotidiano de nuestras principales ciudades.
Evidentemente por ser la capital del Estado, Culiacán es quizá el caso más emblemático de cómo la violencia ha ido apagando su brillo. De aquella efervescencia que era habitual en toda la ciudad, sólo quedan algunos destellos, acotados eso sí, a horarios y sectores muy específicos. Sin embargo, tampoco podemos negar que si bien no ha sido con la celeridad que quisiéramos, hay avances notables en las acciones que se han realizado, destinadas al desmantelamiento y desarticulación (operativo y financiero), de los grupos criminales que se encuentran en pugna.
Pero en tanto lo resultados empiecen a ser más palpables y la ciudadanía recupere sus calles y espacios públicos; no se entiende ni mucho menos se justifica que las autoridades municipales, estén descuidando sus obligaciones más elementales y demandantes. Las deficiencias son inocultables: ciudades como la capital lucen muy sucias, zonas en penumbras, constantes problemas en el suministro de agua potable y recurrentes fallas en la semaforización, por mencionar sólo algunas. Y si a esto le sumamos el inicio del periodo de lluvias, el deterioro de las calles se empezará a hacer más evidente, al igual que los previsibles taponamientos de los drenajes, a causa de toda esa basura que inconscientemente nosotros mismos arrojamos.
La percepción es que los ayuntamientos no están asumiendo las responsabilidades en las que sí tienen toda la potestad. Es verdad que no hay dinero que alcance para tantas necesidades, pero menos alcanza si en los municipios los recursos se ejercen por ocurrencias; si la eficiencia administrativa sólo se menciona en los planes de desarrollo; y si las nóminas nunca dejan de crecer.
La evasión de estos retos ha conducido siempre en esa zona de confort y simulación, en la que prefieren permanecer mejor muchos alcaldes y alcaldesas. Esta práctica es algo que termina por obstaculizar la eficacia de muchas políticas públicas, como las que en estos momentos desarrolla el Gobierno del Estado, y por medio de las cuales se trata de revertir las afectaciones económicas y sociales que nos ha dejado esta guerra de narcos.











