En los últimos días, el desempeño de nuestros diputados se ha visto más orientado a satisfacer intereses externos, que a elevar la productividad parlamentaria y mantener la armonía institucional que es vital para la construcción de acuerdos.
Las naturales diferencias que se presentan al interior del Poder Legislativo, no solo entre los grupos parlamentarios, sino al interior de los mismos, deben representar esa argamasa de ideas y puntos de vista que es necesario aprovechar para nutrir el debate y no la confrontación.
De no asumir esta visión y ponderar el diálogo y la conciliación, es muy fácil sucumbir ante la tentación de ejercer un autoritarismo en el que, más temprano que tarde, habrán de eclosionar múltiples conflictos y generar una burda lucha de poder.
Tal parece que eso es precisamente lo que se está viviendo con el tema de las cuentas públicas, donde la raíz del problema (ambigüedad normativa) siempre estuvo al descubierto, pero en lugar de resolverlo, se optó por el escándalo y el golpeteo político, cayendo en la aviesa práctica de interpretar las leyes a conveniencia.
Esto es lo que se está viendo hoy en el Congreso, donde el tiempo se está dilapidando en disputas mediáticas que solo favorecen a la animadversión social que se tiene hacia la figura del legislador.
Cuando se adopta la ruta de la confrontación y se apuesta por obstaculizar o nulificar el desempeño de la otra parte, lo único que se logra es alimentar la desafección política en una ciudadanía que, ya de por sí, transpira displicencia y desconfianza hacia nuestros “representantes” populares.
Esta situación, que en nada le sirve a la población, al parecer aún no alcanza a ser dimensionada por los propios diputados, quienes terminarán siendo afectados en sus propias aspiraciones y proyecciones políticas. O acaso, ¿refrendaría usted su voto a quien en lugar de hacer y servir, se la llevó en pelear y simular?
En virtud de lo anterior, es necesario entonces que analicemos bien las aptitudes, actitudes y desempeño que muestran los integrantes de esta 63 Legislatura, a efecto de poder diferenciarlos y no medirlos a todos con el mismo rasero.
En mi pasada colaboración, hice mención de cómo hemos podido, con el paso del tiempo, diferenciar entre las convicciones que guían el proceder de quienes integran la bancada de Morena en el Congreso del Estado. Para algunos, la salida más fácil ha sido cobijarse o esconderse bajo las siglas del partido, mientras que existen otros quienes viven y reflejan (en su actuar) los postulados doctrinales que conforman la manera en que el presidente conduce los destinos de la nación.
Por poner un ejemplo de lo anterior, hace una semana apenas que AMLO nos dio una extraordinaria noticia respecto al sistema de pensiones en nuestro país. Con el anuncio de esta iniciativa que el presidente hará llegar al Congreso de la Unión, se lograrán beneficios trascendentales para una jubilación más digna de los trabajadores.
La elevación de la tasa de sustitución o reemplazo (principalmente para quienes menos ganan) y de las aportaciones patronales, así como la marcada reducción de semanas cotizadas, representan una acertada decisión dentro de la política laboral que rige en nuestro país, donde más del 60 % de sus trabajadores se encuentran en la informalidad.
Sin embargo, esta noticia pasó desapercibida por la mayoría de los diputados de Morena, quienes en lugar de replicarla y destacar la figura de quien también es el líder moral de su partido, prefirieron seguir enfrascados en el juego de vencidas que traen con el Poder Ejecutivo, al que inclusive pareciera que le quieren marcar su propia agenda de trabajo.
Fueron muy pocos los morenistas que aprovecharon esa pichada de turrún que les puso el presidente para que la replicaran a nivel local. A quienes se les vio por ahí haciendo esa labor fue a las diputadas Beatriz Adriana Zárate, Victoria Sánchez y Flora Isela Miranda.
Cada una trae su proyecto político y algo que las distingue es que, sin tanto alarde, han cumplido con su trabajo haciendo gestiones de beneficio social e impulsando leyes muy necesarias. La sociedad, lo que en realidad está esperando es que los políticos les den buenas nuevas y no nuevos escándalos.











