La analogía con el título de hoy, viene a colación porque al igual que en la exégesis bíblica que alude a un pasaje de Isaías, donde con su parábola de la viña nos da a entender que la existencia de frutos no deseados no es culpa divina, sino más bien una consecuencia de aquellos que suelen recibir la gracia de Dios en vano, y que en términos de vida, podemos referirnos al mal proceder de quienes no fomentan el trabajo y se escudan en la simulación.

Pues bien, algo así pasa hoy (y ha pasado siempre) en el Congreso del Estado, donde como es ya es sabido, existe un número excesivo de legisladores (40), mismos que si bien habrá siempre quienes tiendan a justificarlos en términos de representatividad (poblacional y territorial), la realidad es que ese argumento, a manera de defensa,  se vuelve un tanto anodino cuando de resultados se trata, ya que es por demás axiomático constatar que en la mayoría de ellos,  además de que no existe de su parte un compromiso con sus “representados”, lo que persiste es una  baja productividad legislativa y de gestión social.

Y es que aparte de un sueldo que ronda los 110 mil pesos mensuales, los integrantes de cada legislatura tienen asignadas partidas presupuestales específicas, ya sea como grupo parlamentario, para contratar asesores o para realizar labores de gestoría o ayuda a la población vulnerable.

 Aun así, a pesar de estos privilegiados emolumentos y canonjías que reciben, siempre es un reducido número de legisladores los que hacen su chamba y sacan la casta por los otros, quienes nada más asisten a hacer acto de presencia y no se molestan ni siquiera en leer completas las iniciativas que se someten a su votación, ya no digamos el investigar, documentarse y arrastrar el lápiz para presentar iniciativas a título personal.

Dentro de esta Sexagésima Cuarta Legislatura, hay sin embargo congresistas muy destacados que están haciendo valer su experiencia, preparación académica, talento y dedicación. Destacan dentro de este selecto grupo por ejemplo, el Presidente de la JUCOPO, Feliciano Castro Meléndrez; el Presidente de la Comisión de Fiscalización, Sergio Mario Arredondo Salas; Deisy Judith Ayala Valenzuela; Marco Antonio Zazueta; María Victoria Sánchez Peña; Marco César Almaral; el actual presidente de la Mesa directiva, Gene René Bojórquez Ruiz y el coordinador de la fracción priista Ricardo Madrid Pérez.

Hay en cambio otro grupo no tan selecto, como aquello(a)s que se han echado la cola al hombro escudándose en el “prestigio” y pericia que se supone poseen; los que no salen de su mismo discurso como especialistas en un tema; los que creen que la gente aún se chupa el dedo y sólo se la llevan en declaraciones mediáticas; los que se la pasan defendiendo a los chamuscados presidentes de sus partidos; y otros más que aún siguen las manidas costumbres de andar viajando fuera de la entidad, dizque para hacer trabajo de vinculación y aprendizaje.

En cuanto a esos diputados protagónicos pero de gris desempeño, recientemente quedó en evidencia pública uno de ellos, y es que por la zona sur de nuestra entidad, el diputado Juan Carlos Patrón Rosales, tratando de quedar bien con su partido quedó mal, ya que además de verse muy limitado en sus actividades de gestoría social (muy cacaraqueadas eso sí),  a través de sus redes sociales trató de erigirse como un exitoso operador político consiguiendo adeptos a su causa, lo cual fue desmentido y evidenciado por el líder moral del PAS, Héctor Melesio Cuén Ojeda,  quien le recomendó no andar haciendo “caravana con sombrero ajeno”, y que mejor se ponga a trabajar. Lo único que logró este legislador con esta pifia, es resaltar el visible activismo social y político que realiza el PAS, un partido local que le está poniendo el ejemplo a sus contrapartes que tienen registro nacional y que parecen estar entumecidos, algunos por desaliento o desánimo y otros en cambio por un exceso de confianza. Así pues, cuando con su voto la ciudadanía pensó que en esta ocasión la vid daría buenos frutos en la viña del Congreso, volvemos lamentablemente a darnos cuenta que, una vez más, sólo una minoría lo son.