El pasado 27 de febrero se presentó un interesante, ilustrativo y muy entretenido libro titulado Pioneros del futbol sinaloense. Un compendio de reseñas históricas y datos estadísticos que nos muestran la evolución de este deporte en nuestra entidad, el cual, además de su carácter anecdótico y nostálgico, nos deja también, y es lo que pretendo destacar, una reflexión sobre los cambios en los valores y estilos de vida que tenían las generaciones juveniles de antaño en comparación con las de hoy.
Leer este texto escrito por don Rafael Borbón, un ingeniero egresado del Tecnológico de Culiacán y convertido, con el paso de los años, en uno de los empresarios más reconocidos y respetados a nivel nacional en la industria de la radio y la televisión, es un verdadero deleite que nos lleva por pasajes históricos que van de lo divertido a lo ilustrativo.
Al hablar de cualquier deporte, en especial de aquellos que se juegan en asociación o equipo, es necesario destacar los valores y beneficios que estos nos dejan y que campean con singular relevancia a lo largo del libro del Ing. Borbón. La tolerancia, el respeto, la disciplina y el compromiso son elementos formativos que inclusive de manera inconsciente, muchos de nosotros pudimos experimentar en nuestra infancia y juventud, cuando salíamos al encuentro de nuestros amigos para echarnos una “cascarita”.
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Más allá del debate sobre las preferencias deportivas de los sinaloenses, de si somos un estado más beisbolero que futbolero, este libro nos ilustra sobre los inicios y aquellos pioneros que desde 1947 sembraron en Sinaloa la semilla de la pasión por el futbol, un deporte que hoy practican millones de mexicanos y mexicanas, y el cual como negocio tiene un valor en nuestro país de más de 76 mil millones de dólares.
Con la llegada de la llamada Cuarta Revolución Industrial, los avances tecnológicos se han masificado y han hecho posible la irrupción de nuevos patrones de conducta y estilos de vida, sobre todo en nuestros niños y jóvenes que no llegan aún a los veinte años de edad (centennials).
Si apenas nos estábamos acostumbrando a las expectativas de los millennials, ahora con esta nueva generación adicta a los celulares, las tabletas y el internet, nos espera un reto mucho más difícil, en nuestra misión de hacerlos proclives a ocupar su tiempo libre en la práctica de algún deporte como el futbol. Todo ello obliga a que desde ahora, con la nueva (la más nueva) Reforma Educativa, las autoridades le den un mayor impulso al deporte, como una asignatura indispensable para una formación escolar integral y humanista. Conforme esto se logre, no solo se afianzará en las nuevas generaciones aquellos valores que les permitan encauzar de mejor manera sus etapas de socialización, sino que además, se estará atacando el grave problema de salud pública que representa el atender en ellos (desde temprana edad) problemas que en el pasado eran sinónimo de adultez (hipertensión, diabetes, artritis, obesidad mórbida, etc.).
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Las condiciones para hacer posible lo anterior están dadas, siempre lo han estado, y el futbol juega en ello un papel muy relevante. Ahí está por ejemplo como en casi la totalidad de nuestras escuelas del nivel básico, se puede apreciar que existen, con piso de tierra y no muy bien aplanado si usted quiere, pequeñas canchas de futbol esperando a ser utilizadas y asediadas por un gran número de “retas” como lo hacíamos en antaño.
Es verdad que las condiciones actuales limitan en gran medida el que los pequeños, como muchos de nosotros lo hacíamos en el pasado, puedan salir a jugar y divertiste en la calle. Sin embargo, ahora tenemos algo que antes no teníamos, que son esos espacios recreativos que son públicos y se encuentran bien acondicionados para llevar a nuestros niños y jóvenes a ejercitarse y olvidarse por un momento de las redes sociales.
Le recomiendo que le dé lectura al libro del Ing. Rafael Borbón, donde además de hacerlo recordar y reflexionar, seguramente esbozará más de una sonrisa cuando lea pasajes cómicos como el de un partido a mediados de los años cincuenta, entre los equipos de Los Mochis y Topolobampo, donde a raíz de la espesa neblina que había, se especuló que el portero de Los Mochis, aprovechando esa poca visibilidad, había corrido por afuera del campo para lanzar el balón a la portería contraria y regresar tranquilamente a su portería, agazapado por la algarabía del “gol”.
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También destaca la anécdota de cuando en el estadio universitario, con la anuencia del entonces rector de la Universidad de Sinaloa, Fernando Uriarte, se celebró en el medio tiempo la boda del entonces integrante de la selección de Sinaloa, Rogelio “el Canguro” Zaragoza. Al final del partido, ahí mismo en la cancha se armó la pachanga.
Entretenida pues esta publicación, si tiene chance, léala. Y a fomentar en los niños el deporte.











