Han transcurrido ya once días de campaña, y como bien lo apuntan algunos amigos columnistas, no se ve hasta el momento esa algarabía o euforia esperada, por lo menos no como la que se vivió en las últimas dos elecciones federales.
Lo que sí hemos visto en cambio son a candidatos y candidatas que, buscando hacerse notar a toda costa, siguen honrando aquello de que “prometer no empobrece”, de modo tal que a falta de propuestas sólidas y con sustento, parece que estamos en una puja por ver quien ofrece más.
Con esa manida frase que, cual estribillo campea continuamente en sus líneas discursivas, las y los candidatos siguen recurriendo al “yo me comprometo”, lo cual evidencia en la gran mayoría de ellos, una narrativa ausente de creatividad y originalidad.
Es así como los abanderados del actual partido en el poder, confiados en que su marca (Morena) los habrá de sacar adelante, siguen a pie juntillas la línea presidencial; mientras que por su parte, la oposición se resiste a salir de esa zona de confort, donde el villano favorito sigue siendo AMLO, y sus propuestas por tanto se basan sencillamente en seguirlo atacando.
La realidad es que este antagonismo parece estar hastiando al elector, de ahí que la mayoría de los ciudadanos permanecen alejados y apáticos, incluso a pesar de que los candidatos, entre otras cosas, siguen hablando de dádivas como el repartirles a los jóvenes más dinero una vez en el poder, prácticas asistencialistas donde hasta aquellos que antes se desgarraban vestiduras acusándolas de populistas y clientelares, aparecen ahora como sus más entusiastas promotores.
Del mismo modo, la competencia está por ver quién pugna por bajar más la edad para recibir apoyos y pensiones.
Ahorita creo van en los 60 años y eso que esto apenas va iniciando, quizá y para el final de las campañas, hasta los cincuentones logremos entrar en la jugada, aunque ello signifique ser catalogados prematuramente como adultos mayores.
Y mientras todo esto sucede, los jóvenes siguen en lo suyo y no es precisamente siguiendo el desarrollo de las contiendas políticas.
En un somero sondeo realizado por un servidor con jóvenes, en algunos puntos de concurrencia de esta ciudad capital; encontramos como resultado que de una muestra de muchachos y muchachas de entre los 18 y 23 años, siete de cada diez ni siquiera sabían que las campañas ya habían comenzado, a pesar de los cuantiosos gastos en espectaculares, volanteos, apariciones en medios y hasta incursiones en redes estrictamente de corte juvenil como instagram y tik tok.
Ya entrando en materia, de quienes sí estaban enterados que había campañas, en promedio sólo un uno de cada 30 supo la fecha exacta de la jornada electoral. Y en cuanto a los candidatos, la constante es que para este grupo etario, no existen más candidatos que los presidenciales, principalmente las dos mujeres que buscan ese cargo.
Esto es una clara muestra de que para los jóvenes, la distinción de cargos no está mucho en su radar que digamos, lo que de no atenderse conduciría a en una limitada participación el día de la elección, siendo ellos en todo caso los menos culpables, pues es deber de los candidatos encontrar la forma de cómo conectar y empatizar, algo que por lo visto no están logrando.
Debo confesarles que inicialmente nunca pensé en traer a colación este pequeño ejercicio, básicamente por respeto al derecho que como lectores les asiste, en cuanto a recibir información sólida y bien respaldada, de quienes tenemos el enorme privilegio de exponer públicamente nuestras opiniones.
Sin embargo, al recordar el contenido de un libro editado por el Instituto Estatal Electoral de Sinaloa, titulado “Hablemos de la Juventud: diagnóstico político electoral de Sinaloa” (2023), encontré que mucho de lo que en él se recoge, soporta en gran medida lo que expreso líneas arriba.
Para empezar, lo que salta a la vista es que en términos de participación en procesos electorales concurrentes (federal y local), la juventud sinaloense se ha mostrado aún más apática que a nivel nacional, ya que por ejemplo en las elecciones del 2018 y 2021, la participación en México de jóvenes entre 18 a 29 años, fue del 54% y 42% respectivamente; mientras que en Sinaloa y en ese mismo orden, fue del 49.4% y 36,9%.
Por otra parte y en referencia al grado de interés de los jóvenes sinaloenses sobre la política en general, en los resultados de esa encuesta del IEES, donde hablamos ahora sí de un ejercicio profesional y con todo rigor metodológico; nos encontramos con cifras donde sólo un 26% ha externado alguna vez opiniones en redes sobre temas políticos; el 19% ha tratado en alguna ocasión de promover el voto para un candidato; y en cuanto a la vinculación de la política en su vida privada, únicamente el 27.1% está de acuerdo en que es así.
Estas cifras que dan muestra de esa displicencia juvenil hacia la política y sus actores, son nada más el preámbulo que todo candidato(a) debe conocer, ya que dentro de este segmento poblacional sus motivaciones son muy heterogéneas, incluso entre aquellos que habrán de votar pro primera vez este 2 de junio.
Antes de despedirme, aprovecho para felicitar a mi hermano Juan Ignacio hoy en su onomástico.











