A pesar de los efectos más que evidentes de lo que hoy está sucediendo, aún existen muchos escépticos que tienden a minimizar la seriedad de esta pandemia.
Sin embargo, lo más peligroso no es la displicencia con la que estas personas suelen manifestar su incredulidad. Existe algo aún más mortífero que el propio virus, y es toda esa información falsa o distorsionada que continuamente se está generando.
Si la desinformación (como ausencia o deficiencia de información) es siempre una grave amenaza, la “malnutrición informativa” (como lo llamaba Giovanni Sartori) es aún peor. Tergiversar la realidad por ignorancia o por aviesos fines, es esparcir pólvora en un imaginario colectivo que tarde o temprano habrá de hacer ignición.
Ante la pandemia generada por esta nueva cepa del virus del SARS (SARS Cov-2), bautizada como COVID-19, no sobran aquellos que señalan como una exageración las medidas que se han venido adoptando. Los argumentos que se esgrimen, hacen referencia a un análisis comparativo de las medidas adoptadas en otros países que, sin ser tan drásticas, están logrando paliar los efectos y alcances del popularmente conocido como coronavirus.
Y sí, efectivamente, hay países como Corea del Sur, Taiwán, Hong Kong, Suecia, Japón y la misma República Popular de China (donde se presume inició la mutación a humanos de este virus), que no han cerrado sus fronteras ni paralizado totalmente sus actividades económicas. Y en esa misma ruta están por hacerlo próximamente otros países catalogados como de primer mundo.
La responsable de esta asimetría en la forma de enfrentar este problema de salud se llama Tecnología. En tanto no contemos con esos grandes avances en materia de inteligencia artificial, innovaciones tecnológicas y capacidad para el macro-procesamiento de datos (big data); las estrategias más adecuadas serán promover el mayor aislamiento o confinamiento posible de los ciudadanos para evitar la propagación masiva del virus.
No podemos, pues, compararnos con esos países, donde tienen ya muchos años apostando a la ciencia y la tecnología como factor de desarrollo. Lo que en esas naciones sucede puede para muchos asemejarse a la ciencia ficción.
China, por ejemplo, ha desarrollado sofisticados sistemas de inteligencia artificial, capaces de detectar el coronavirus en una hora, a través del diagnóstico molecular y con más del 90 % de precisión. En Corea del Sur, las innovaciones tecnológicas han permitido frenar la curva ascendente de contagios y hoy por hoy, prácticamente toda su población es monitoreada.
En ese país existe un sinnúmero de cámaras de vigilancia (con reconocimiento facial a detalle) que diagnostica la temperatura de forma individual, de modo tal que si en alguien esta se detecta por encima de lo normal, llegan inmediatamente notificaciones a los teléfonos móviles, tanto de esa persona como de los que en un momento dado han compartido con ella el espacio físico (transporte, tienda, terminal, etc.).
Con este mismo sistema de rastreo, las autoridades de Corea del Sur pueden ubicar fácilmente a los casos sospechosos por medio de la ubicación de su celular o el uso de sus tarjetas de crédito, información que se procesa informáticamente con softwares avanzados, lo que permite alertar a las demás personas y evitar esos lugares donde estuvieron quienes son confirmados como portadores del virus.
Ad
Sobre este tema, la semana pasada me enviaron un artículo del profesor, filósofo y ensayista sudcoreano, Byung-Chul Han, quien con gran acierto señala cómo es que los países asiáticos están enfrentando de mejor manera esta crisis pandémica.
En este breve ensayo, el autor hace alusión a la “vigilancia digital” que emplean estas naciones, donde además destaca ciertos patrones culturales ligados a la obediencia y la confianza, lo que es fácilmente perceptible en una población que, a diferencia de los occidentales, parecen estar más “resignados” a ser vigilados, siempre y cuando ello conlleve mejoras en su calidad de vida.
El Prof. Chan lo resume textualmente cuando dice: ”Se podría decir que en Asia las epidemias no las combaten solo los epidemiólogos y virólogos, sino también los informáticos y especialistas en macrodatos”.
Pero en tanto en México no tengamos toda esa tecnología al alcance, la pandemia debemos enfrentarla con nuestra mejor arma: LA PRUDENCIA; aquella que debe guiar siempre nuestra conducta y que, en estos momentos, nos debe obligar a estar atentos a la información oficial y a cumplir conscientemente con las medidas básicas de higiene y distanciamiento social.











