Hace ya algunos meses, días antes de la jornada electoral de este año (6 de junio), el entonces candidato y hoy Gobernador Electo de Sinaloa, Dr. Rubén Rocha Moya, al reunirse con integrantes de la Coordinación General del Consejo Estatal de Seguridad Pública (CESP), se comprometió a fortalecer este tipo de organismos autónomos.
En dicho encuentro, quien a partir del primero de noviembre dirigirá los destinos de nuestra entidad, señaló la importancia de que el CESP cuente con apoyos suficientes, etiquetados y sujetos a mejores controles de transparencia. Los argumentos esgrimidos en aquel encuentro por el Dr. Rocha, dejaron en claro que posee un profundo conocimiento sobre el desempeño que ha tenido este organismo, cuya encomienda es generar estrategias e ideas a partir de un minucioso ejercicio de evaluación y seguimiento sobre las políticas públicas que se instrumentan en materia de seguridad ciudadana.
En este sentido, el Dr. Rocha planteó la necesidad de ser innovadores y diseñar un Plan de Seguridad Estatal, el cual deberá estar acorde con la estrategia que se sigue a nivel nacional para la construcción de una paz social. “Tenemos que ser más creativos en la prevención y el combate a la inseguridad, y para ello se requiere de presupuestos etiquetados; yo hago el compromiso de mantener estos órganos ciudadanos” (RRM).
Dentro de esta clara visión del Gobernador electo, uno de los renglones que mayor preocupación genera y que recae en el trabajo preventivo, lo representa sin duda alguna el caso de los accidentes viales, y, por consiguiente, los homicidios culposos que estos generan. Y es que para nadie es ajeno que este tipo de accidentes son ya (desgraciadamente) parte de esa postal cotidiana que nos toca observar no sólo en la parte urbana, sino también en los caminos rurales de nuestra entidad.
Es realmente muy raro el día en que, al transitar por las calles de nuestras ciudades, no nos topemos con algún accidente vial, ya sea por una colisión entre automóviles o por casos de atropellamiento, sobre todo los que se dan en perjuicio de quienes viajan en bicicletas o motocicletas. De ahí entonces que no nos resultan sorprendentes las cifras que reporta el INEGI, en el sentido de que Sinaloa está dentro de los primeros estados del país donde se reportan el mayor número de muertes por accidentes de tránsito. De hecho, según esta misma dependencia, casi la mitad de los decesos que por este motivo se contabilizan a nivel nacional, suceden en Jalisco, Cd. de México, Chihuahua, Michoacán, Nuevo León, Guanajuato, Sonora y SINALOA.
En dos meses más, conforme se vaya aproximando el día en que mundialmente se recuerda a las víctimas de accidentes de tránsito (tercer domingo de noviembre), este tema volverá a estar en la palestra pública, y como es costumbre, el análisis de todo esto suele quedar sólo a nivel mediático.
Tanto hemos tardado en atender esta grave problemática social, que a pesar de que la ONU instituyó en el 2005 esa fecha para generar conciencia sobre los accidentes viales, tuvo que pasar una década para que en nuestro país se empezara por fin a llevar un registro oficial de estos sucesos. A partir de entonces, si bien los accidentes viales han empezado a considerarse como una prioridad en materia de seguridad para la población, la realidad es que las estadísticas nos muestran que las estrategias implementadas por nuestras autoridades en este rubro han sido incipientes, ya que los reportes de estos últimos seis años reflejan un crecimiento sostenido en este tipo de percances.
Según información dada a conocer recientemente por el propio CESP, Sinaloa ocupa el nada honroso cuarto lugar a nivel nacional, en cuanto a los homicidios culposos o imprudenciales que originan los accidentes viales. “La información al cierre del 2020, muestran un crecimiento del 6% en este tipo de homicidios, por lo que, con esta cifra, nuestra entidad se posiciona como el cuarto estado con la tasa más alta en todo el país, con 20 casos por cada 100 mil habitantes, siendo que a nivel nacional el promedio es de 11 por cada 100 mil habitantes” (CESP).
A nivel nacional, durante los primeros seis meses de este año, se tiene el reporte (en promedio) de 43 accidentes mortales por día, lo que refleja un incremento de casi el 22% con respecto al mismo periodo del 2020. Para el Sistema Nacional de Seguridad Pública (SNSP), Sinaloa destaca entre las entidades que han tenido un crecimiento exponencial en accidentes de tránsito, donde según un reporte de esta dependencia, hubo en nuestra entidad 355 fallecimientos por estos hechos tan sólo en el primer semestre del año. Esta situación refleja lamentablemente el peor escenario de un percance vial, donde el luto embarga a cientos de familias, pero está también el caso de las lesiones graves, las cuales también han aumentado drásticamente este año (cerca de un 30%), lo que nos coloca junto con Jalisco, Estado de México y Veracruz, como las entidades donde más afectaciones de este tipo hubo.
¿Qué está pasando entonces? ¿Por qué estas trágicas cifras siguen al alza? Para nadie es un secreto que una de las causales más obvias tiene que ver con la ausencia de estrategias firmes que logren enraizar una cultura vial no sólo en el conductor, sino también en el ciclista, el motociclista y hasta en el mismo peatón. Y es que además de las violaciones a las reglas y señalamientos de tránsito que tradicionalmente se suscitaban, ahora que somos esclavos de esta nueva era tecnológica, surge la costumbre de ir hablando, o peor aún, mensajeando en el celular mientras conducimos.
La responsabilidad de las autoridades en este tema es ineludible, de ahí la preocupación mostrada por el hoy Gobernador Electo desde su campaña; sin embargo, las estrategias que se apliquen sólo surtirán efecto en la medida en que la cultura vial sea parte de un hábito movido más por la convicción que por la coacción. Habrá pues que empezar a analizarnos como conductores, sobre todo antes de voltear, señalar y culpar al que circula en otro carril. Y es como somos reacios a la autocrítica, preferimos mejor endosar la responsabilidad y mover la cabeza en señal de negación cuando circulamos y vemos de lado a alguien conduciendo pegado a su celular… censura que solemos hacerla justo después de haber hecho lo mismo.











