La discrepancia en las cifras oficiales, el protagonismo del subsecretario López-Gatell, los evidentes conflictos internos dentro del gabinete presidencial y la voracidad de algunos de los “aliados” empresariales de la 4T, han logrado inhibir en gran medida el respaldo social a las decisiones gubernamentales, lo que en consecuencia ha dificultado un pleno establecimiento de las medidas de protección necesarias para evitar la propagación de esta pandemia.
Aunado a lo anterior, surge ahora un polémico proyecto denominado: “Guía bioética de asignación de recursos de medicina crítica”. Esta propuesta surgida del Consejo Nacional de Salubridad (CNS), que a decir del mismo es tan solo un borrador, le ha venido a echar más leña a la hoguera en la que se ha convertido el manejo mediático del coronavirus en México.
Con esta “guía” se pretende establecer las directrices que deberán regir la atención de los pacientes con COVID-19, en el caso de una situación de crisis por la saturación de los servicios e insumos médicos disponibles.
Lo anterior ha causado controversias y suspicacias, sobre todo si consideramos que en los hospitales de todo el mundo se cuenta ya con un sistema establecido (Triage) para clasificar los protocolos de atención médica según la gravedad del paciente.
Este sistema, que es una convención universal, abarca también los criterios bioéticos a seguir en caso de contingencias o catástrofes. Inclusive, en base a colores previamente asignados, el Triage permite clasificar e identificar los diferentes niveles de urgencias médicas.
Sin embargo, con esta nueva guía propuesta por el CNS, se le da un viraje a los principios básicos de la bioética (beneficencia, justicia y autonomía), lo que nos sitúa ante una nueva perspectiva de lo que debe ser moralmente compartido.
De implementarse estas nuevas disposiciones en un escenario donde los afectados por la pandemia rebasen la capacidad de atención médica, el criterio básico sería darle preferencia a los pacientes más jóvenes, así como aquellos que no presenten enfermedades crónicas.
Llama poderosamente la atención que para justificar dichos criterios, se diga que lo prioritario es salvar la mayor cantidad de vidas por completarse, es decir, aquellas de quienes cronológicamente se espera tengan más años por delante. En este punto y ante una disyuntiva de este tipo, considero que cualquier adulto (me incluyo) o adulto mayor, con gusto cederíamos a un infante o a un joven ese respirador, cama o cualquier medicamento que pueda representar la diferencia entre la vida y la muerte.
Sin embargo, aun cumpliendo con esa triada doctrinal de la bioética en cuanto al respeto de la autonomía y la consecución de un beneficio en un marco de igualdad y dignidad humanas, quedarían algunos aspectos muy controversiales como la calidad de las personas que son parte de esa disyuntiva médica.
Sobre este último aspecto, destaco una entrevista que recientemente le hicieron al Dr. Arnoldo Kraus Weisman, un prestigiado médico, profesor de posgrado de la UNAM y fundador del Colegio de Bioética AC, quien en sus declaraciones ponderó el concepto de darwinismo social, cuando se trata de decidir a quién darle preferencia en los casos de una sobredemanda de servicios médicos.
El doctor Kraus habló de justicia y beneficencia en términos de utilidad social, es decir, que más allá de una simple valoración cronológica (edad), se debe considerar también la formación, la trayectoria y las aportaciones que la persona ha desarrollado a lo largo de su vida.
Para ello puso un ejemplo muy claro: si se está en una situación donde hay únicamente un respirador para dos personas, una de 30 años y otra de 60, ¿a quién darle ese respirador? Atendiendo lo éticamente correcto, se tendría que proceder a privilegiar al más joven, ya que es quien se supone tendrá más años de vida.
Lo difícil es entonces tomar esa decisión cuando se consideran otras valoraciones. Por ejemplo, si el más joven es un delincuente y violador, y en contraparte, el de mayor edad es un hombre íntegro que se ha dedicado a servir a los demás y contribuir a la sociedad…¿a quién elegir? Sin duda una situación muy difícil, independientemente si la decisión recae en el médico responsable o, como lo establece la referida Guía de bioética, en un comité exprofeso para tal fin. Un tema controversial y que, sin duda alguna, seguirá dando mucho de qué hablar.
¿ESTRATEGIA FALLIDA?- Llama poderosamente la atención que de los siete gobernadores que se han rebelado contra la Federación (aprovechando la catástrofe sanitaria y exigiendo un nuevo arreglo fiscal), ninguno aparezca siquiera con una evaluación media, es decir, todos están reprobados por sus gobernados.
¿Será acaso que la estrategia que están adoptando no les ha redituado esa ganancia político-electoral que esperaban? Lo cierto es que a final de cuentas y más allá del protagonismo y la vanagloria, la población termina por reconocer la valía de un gobernante por sus hechos, sus obras y su capacidad de interlocución con los ciudadanos.
En las últimas encuestas de empresas con prestigio y veracidad (Mitofsky, Caude-estrategias, Arias Consultores, De las Heras Demotecnia, C&E, etc.) el gobernador Quirino Ordaz Coppel sigue apareciendo como el segundo mandatario mejor evaluado con más del 60 %. Si una sola o dos de ellas lo avalaran, sería de desconfiar (por aquello de que las encuestas son a modo), pero si todas coinciden por algo será, ¿no lo creen?











