Ahora sí que haya sido como haya sido, pero lo importante es que la presencia en puntos estratégicos de militares y Guardia Nacional parece estar dando sus primeros resultados. Personalmente antier fui testigo de cómo en el trayecto por la maxipista de Mazatlán a Culiacán, se observa un impresionante despliegue de estos cuerpos de seguridad, ya sea distribuidos en campamentos, o bien circulando constantemente por toda esa rúa. Lo mismo sucede en las salidas al norte.

Evidentemente que esto, aunque demuestra un gran avance en cuanto a estrategias de inteligencia en materia de seguridad, no es sino una etapa inicial a la cual, una vez selladas las entradas a la entidad, deberá seguirse con un mejor blindaje de los centros poblados, sobre todo ahora que los delincuentes han modificado sus formas de traslado para seguir operando.

Estos avances han tenido que ver evidentemente con la presencia del Secretario de Seguridad Federal, Omar García Harfuch; sin embargo, tampoco es que esta persona sea la personificación del superhéroe con el que irónicamente se le ha motejado. Y es que en el ámbito del servicio público, el respaldo que todo funcionario llega a tener de sus superiores, es lo que finalmente puede hacer o marcar una gran diferencia en su desempeño, ya que con dicho respaldo puede sobresalir hasta el menos talentoso, o bien su ausencia opacar las capacidades del más brillante. Esto es lo que está pasando con el llamado Batman mexicano, ya que con todo el poder que posee como el hombre de mayor confianza de la Presidenta Sheinbaum, lo menos que se espera de él es que dé resultados en su cargo.

En todo caso a los sinaloenses poco nos importa quien se lleve el crédito, ya que lo único que deseamos es que esta crisis de seguridad acabe, y por lo que se está empezando a ver, hay expectativas serias de que pueda lograrse, nada más esperamos que sea lo más pronto posible, ya que la población y los comercios no pueden seguir más tiempo sitiados.

¿EFECTO DIRECTO POR LA LLEGADA DE TRUMP? – En relación a lo comentado anteriormente, existen una percepción generalizada de columnistas y analistas políticos, en el sentido de que los golpes que ha venido asestando el Estado mexicano contra el crimen organizado, responden exclusivamente a la necesidad de atemperar los ánimos del recién electo mandatario de los EU.

No se puede negar que mucho de cierto hay en esa conjetura; sin embargo, para el actual gobierno de Claudia Sheinbaum, esta decisión de volver a enfrentar de lleno al crimen organizado, dejando de lado aquello de “abrazos no balazos”, se estaba volviendo algo impostergable, ya que de ello dependerá no sólo su legitimación como Presidenta, sino también el futuro de su partido. Eso se debe a que el 2027 no tardará mucho en llegar, y de seguir las cosas como están, Morena puede perder posiciones políticas estratégicas en algunas entidades, ya que ese año se renovaran muchos cargos políticos (incluyendo gubernaturas y la cámara baja). El oficialismo sabe perfectamente que de llegar a esos comicios con tan altos niveles de inseguridad y violencia, la inconformidad social podría traducirse en votos de castigo para el régimen actual, sin importar tanto lo que pueda ofertar oposición, misma que se encuentra sin rumbo ni proyección.

Por otra parte, es tanto lo que ha estado vociferando Donald Trump en los últimos días, que lo más sensato es tomar con mucha cautela sus expresiones, ya que la mayor parte de ellas simplemente quedarán en el ámbito de lo mediático. Es así que entre la hipócrita postura proteccionista y de no más injerencia en otros países, sus amenazas contra los inmigrantes (incluidas las deportaciones masivas y la eliminación de nacionalidad por nacimiento), su armas secretas para combatir a los cárteles de las drogas (como la denominación de células terroristas y sus recientes reformas a la Ley estadounidense de Vigilancia de la Inteligencia Extranjera), y su última puntada de incorporar como territorios propios a México y Canadá por lo que él llama subsidios otorgados (que en realidad son dividendos de la balanza comercial tripartita); la verdad es que como ya se vio en su primer periodo, mucho de lo dicho por Trump seguramente no será tan factible ya en la práctica, quedando sólo en esa retórica fanfarronera que le es característica, pero que le ha servido sin duda para hacer grandes negocios.