Una de las obras más leídas y quizá la más icónica dentro de la llamada literatura revolucionaria, es sin duda alguna “Los de debajo”, de Mariano Azuela. De hecho, sus pasajes llenos de simbolismos sobre las condiciones de vida y reclamos de quienes en esa época estaban  (y siguen estando)  en el fondo de la pirámide de bienestar social, constituye hoy en día una especie de mítica narrativa a la que se suele recurrir (azuelismo), tanto para hacer una referencia temática (revolución mexicana), como para aludir a una realidad simbólica que encierra una pluralidad de acciones humanas, encaminadas primigeniamente a una búsqueda de justicia e igualdad.

En “Los de abajo” se desnuda, de forma ilustrativa pero conmovedora, la desigualdad social que motivó una sublevación revolucionaria, donde se relata como del drama de la injusticia social, eclosionan luchas sociales que suelen guiarse más por una lógica dogmática, que por una verdadera convicción ideológica. Al final de esta obra, la idea que trasciende y desmoraliza es la de una lucha en vano, una que a pesar de todas las vicisitudes por las que pasaron miles de mexicanos en la revolución (como Demetrio Macías en la novela), no pudo erosionar un sistema de clases que al paso de los años, ha ido ensanchando gradualmente la brecha entre “los de arriba” y “los de abajo”.

Pues bien, en analogía con la línea narrativa de esa novela de Mariano Azuela, es que se percibe actualmente un choque al interior de Morena, sobre todo ahora que prácticamente se ha convertido en el nuevo partido hegemónico de México. La militancia de a pie y los precursores de este movimiento en Sinaloa y prácticamente en todas las entidades, se siente hoy desplazados por arribistas que, amparados en el pragmatismo con que suele operar la política, han escalado rampantemente a las posiciones más altas del poder, pretendiendo encumbrarse en una nueva élite política como la que experimentó el PRI y por cuyo pecado lleva hoy su penitencia.

Por esta razón es que a pesar de que Morena lleva todas las de ganar en el 2024, las dirigencias de este partido tanto a nivel federal (Mario Delgado), como a nivel estatal (Merary Villegas), deberán tener mucho cuidado con la selección de sus candidatos para el próximo año. Y es que si bien la oposición está prácticamente en la lona, el mayor riesgo pudiera estar en el voto inconforme de sus propios correligionarios, quienes exigen lo dicho por el Presidente Andrés Manuel López Obrador y secundado por el Gobernador Rubén Rocha Moya, en el sentido de que quien se vaya sumando al partido deberán irse formando en la cola.

El reclamo en sí de la militancia morenista es que prevalezca a su interior un sistema meritocrático, uno que genere condiciones justas e igualitarias donde los de abajo, es decir los que hacen trabajo territorial, también tengan oportunidades para trascender y acceder al poder.

Por otra parte, este reclamo cobra relevancia si se analiza el comportamiento que pudiera adoptar ese considerable segmento que, catalogado como indecisos en las encuestas, pudiesen en un momento dado convertirse en el fiel de la balanza. Esta consideración, como elemento de valor prospectivo, cobra más fuerza si hablamos de la elección para cargos locales, ya que en ellos es precisamente donde se hace más evidente el reciclaje o chapulineo político. Y es que en el pasado esta práctica era tolerada por una sociedad pasiva y apática, pero ahora con un electorado más crítico y reflexivo, se ve muy difícil que siga prevaleciendo.  A los ciudadanos les desagrada hoy más que nunca estas prácticas. Por eso es que ha resultado realmente inconcebible escuchar declaraciones públicas de ciertos políticos, quienes con total desfachatez y después de arribar como oportunistas a un partido, presumen un arraigo inexistente al mismo. Tal es el caso por ahí de algunos que por andar pregonando cínicamente ser morenistas de hueso colorado, lo único que están generando es aumentar la animadversión hacia ellos.

La muestra más reciente de este reclamo de las bases morenistas, se dio apenas el domingo próximo pasado, donde se llevó a cabo el proceso para la elección de síndicos, en el que si bien Morena se erigió como vencedor, se dice que algunos de los vencedores no cuentan con antecedentes reales en ese partido.