Es mucha la tinta que ha corrido a manos de grandes filósofos e intelectuales, quienes nos han ilustrado sobre la visión postweberiana, en donde poco a poco se ha ido estrechando la línea divisoria de aquella célebre dicotomía que Woodrow Wilson y el propio Max Weber planteaban debía existir entre la política y la administración pública.
En el marco de las democracias occidentales contemporáneas, el fenómeno de la administración pública ha concitado una diversidad de estudios que le dan a ésta un papel mucho más predominante, a grado tal que no son pocos los ejemplos donde la burocracia ha dejado de lado ese papel neutral e instrumental inscrito en el pensamiento de Weber, para asumirse como un poder autónomo e independiente que incluso tiende a disputarle a la esfera política su poder de decisión.
En pocas palabras, ha sido el interés de profesionalizar el servicio público lo que le ha dado otra perspectiva al quehacer de la burocracia, donde lo que se busca es obtener en ella una eficacia tal que pueda, en un momento dado, hasta llegar a ser un dique de contención contra las malas decisiones que suelen tomar los políticos.
En contraparte y como también lo plantea Weber, la administración pública puede desviarse en sus funciones, y lejos de ser el instrumento a través del cual se ejecutan con eficiencia y eficacia las decisiones políticas, se ha ido constituyendo en todo un aparato burocrático que ralentiza y entorpece su propio funcionamiento.
Hay que recordar que los postulados de este sociólogo y politólogo alemán, fueron formulados en una época en donde se tenía la necesidad de separar ambas esferas (administración y política), debido principalmente a que lo imbricado de sus potestades generaba no sólo confusión, sino hasta una especie de contaminación por el desprestigio y animadversión que rodeaba en ese entonces al quehacer político…algo así más o menos como sucede en la actualidad.
Con este preámbulo, mi único interés es destacar la trascendencia que significará para todos los sinaloenses las decisiones que tomará el Gobernador electo Rubén Rocha Moya en los próximos días, donde irá perfilando los nombres de quienes le acompañarán en la ingente tarea de gobernar nuestra entidad. El Dr. Rocha, por su propia formación académica y su experiencia en el servicio público, conoce perfectamente cómo se mueven y entrelazan las esferas de lo político y lo administrativo.
Como Gobernador electo, sabe también (y así ha estado enviando sus mensajes) que la elección ya quedó superada y que toda esa exaltación que se vivió en las campañas, no debe interponerse o pretender influir al momento de ejercer a plenitud sus decisiones.
Para la conformación de su gabinete, el próximo mandatario ha vuelto a reiterar lo que prometió en su campaña, en el sentido de integrar una administración pública eficaz, profesional, honorable y con total paridad de género. Este es quizá el mayor reto que tiene por delante, por lo que, de cumplir su palabra, estaríamos presenciando un hecho pocas veces visto en la forma de hacer política, donde por encima de la añeja y recurrente práctica del spoils system o botín político, se privilegiaría la capacidad, probidad y experiencia.
De igual manera, la conformación de un gobierno plural le daría la posibilidad de aumentar al próximo mandatario su ya de por sí amplio margen de legitimidad social. Sobre este punto en particular y empezando por el ámbito de la salud que es la que nos trae de cabeza con la pandemia, quiero destacar el hecho de que, entre los más firmes prospectos para hacerse cargo de la Secretaría de Salud, suena con mucha insistencia el nombre de la Doctora Estela Robledo Conde, quien desde mayo del 2018 funge como Directora del Hospital Pediátrico de Sinaloa.
La Dra. Robledo Conde siempre se ha mantenido como una profesional de la salud dedicada a su labor y alejada de partidos y corrientes políticas, por lo que su simple mención genera simpatías tanto en el gremio médico como en la sociedad en general, lo que de facto ya representa un reconocimiento a una figura ciudadana que cuenta con la preparación y experiencia suficientes.
Habrá sin embargo quienes se sorprendan de escuchar su nombre, pero lo que pocos saben es que la Dra. Conde es conocida del Dr. Rocha desde hace ya bastantes años, en una época donde ella, aún como estudiante de medicina, participó activamente en la campaña del hoy gobernador electo por la rectoría de la UAS. Además, es muy conocida la gran iniciativa que caracteriza a la doctora Conde, quien nunca se ha quedado de brazos cruzados y con sus gestiones ante el sector privado, ha logrado potencializar y diversificar los recursos que la Secretaría de Salud (SS) le hace llegar al Hospital Pediátrico.
Por todo ello es comprensible que la Dra. Robledo, con 23 años de experiencia y constante recertificación como pediatra, sea mencionada como uno de los mejores prospectos para ocupar la titularidad de la SS, ya que además de conocer lo que le duele a este sector, fue el propio Dr. Rubén Rocha quien, dentro de sus compromisos con la paridad de género, hizo mención de que sería una dama quien estaría al frente de esa Secretaría.
Y así como Salud, existen otras áreas muy especializadas más dentro del servicio público, donde se hace necesario defender la dicotomía que defendía Weber, ya que, para profesionalizar la administración pública, deben encontrase los perfiles más idóneos y evitar el pago de compromisos con el nombramiento de políticos sin el perfil para el cargo. Ya sabemos que los cuates y cuotas suelen ser más bien figuras ornamentales y el trabajo real lo termina haciendo un subalterno.











