A escasos dos años del demoledor triunfo de Morena en las urnas, lo que hoy se observa es una gradual disolución de aquella comunión ideológica que le dio forma a ese proyecto alternativo. Muchos de quienes llegaron al poder arropados por la candidatura presidencial de AMLO suelen sentirse ya con una estatura política suficiente y actuar facciosamente en base a intereses personales o grupales, lo que los hace asumir posturas y actitudes similares a las que tan acremente habían venido criticando de sus adversarios.

Los integrantes de esta nueva casta política arribaron o irrumpieron con ganas de comerse al mundo, pero parece ser que no alcanzaron a dimensionar los enormes retos y obstáculos que se les presentarían. Ante ese panorama, se han ido construyendo aspiraciones y perfilando proyectos, pero es un hecho que a estas alturas no todos mantienen íntegro el compromiso inicial con los postulados que enarbola el presidente de la república.

Todo ello los ha llevado no solo a perder identidad, sino que los ha confrontado y diferenciado, lo que evidentemente ha hecho mella en su desempeño colectivo. Paradójicamente, esta situación les ha beneficiado en lo individual, ya que para la sociedad ha sido más fácil el poder distinguirlos y asumir una visión ecléctica para, llegado el momento, emitir un juicio o veredicto final.

En el Congreso del Estado, la falta de una agenda legislativa única, consensuada e incluyente, permitió que en Morena (como grupo parlamentario) se fueran atomizando las causas que primigeniamente habían enarbolado, lo que echó por la borda aquella aparente unidad con la que hicieron su apoteósica entrada al recinto legislativo, cuando en una multitudinaria sesión quedó formalmente instalada la sexagésima tercera legislatura.

Sin embargo, a pesar de que la pluralidad en los perfiles de quienes llegaron arropados por la alianza “Juntos haremos historia”, hacía prever como ineluctable este fenómeno de disgregación al interior de sus filas; existen casos de diputadas y diputados que se han mantenido firme en sus convicciones y que han aprovechado el cargo para ayudar a la gente sin distingo alguno.

Estos servidores públicos que se asumen más como amloistas que como morenistas, tienen muy claros los principios rectores de un Presidente cuyo mayor empeño es acabar con la corrupción y priorizar el bienestar de los más necesitados.

Dentro de este grupo, donde se encuentran legisladores a los que ya me he referido en anteriores ocasiones, destacan dos de ellas que por su controversial personalidad, no ha faltado quienes las han querido neutralizar o minimizarles sus méritos. Por esta razón me parece muy justo mencionarlas aparte.

Me refiero a las diputadas Beatriz Adriana Zárate y Karla Montero Alatorre. La diputada Zárate no sólo ha cumplido con su papel de presentar relevantes iniciativas y posicionamientos al pleno, sino que también es común verla haciendo gestiones y llevando apoyos a las comunidades más vulnerables…ah, y sin tantas fotos para el Face.

Por su parte, a la diputada Karla Montero, con su peculiar estilo donde no caben poses y rígidos protocolos, se le ha visto en múltiples ocasiones, como suele decirse, tener “los pelos de la burra en la mano”, demostrando dominio en varios temas, sobre todo aquellos que atañen a su formación profesional. Estas dos legisladoras han trazado su rumbo con cierta autonomía, lo que les ha permitido una proyección más personalizada. Habrá que estar atentos a su trayectoria y a sus pretensiones en el 2021.

COMÚN DENOMINADOR.- Y ya que hacemos mención del próximo proceso electoral, seguimos con una danza de encuestas donde más allá de sus coincidencias y discrepancias en torno a las preferencias de los nombres que se manejan, lo que se mantiene como denominador común en todas de ellas es el enorme porcentaje de indecisos (arriba del 35 %).

Dentro de estos ciudadanos que por el momento no manifiestan su inclinación por aspirante o partido político alguno, la inmensa mayoría son jóvenes quienes aborrecen que les hagan llegar este tipo de mensajes (encuestas) e inmediatamente los borran o ignoran.

Hasta el momento, por parte de las y los aspirantes no observamos estrategias claras para penetrar este segmento de la población y granjearse sus simpatías.

Ya no les queda mucho tiempo para descifrar cuáles criterios son los que habrán de ponderar los jóvenes al momento de emitir su sufragio. Por nuestra parte, la tarea será siempre alentarlos a que acudan a las urnas y confiar en que sabrán diferenciar muy bien a quien decidan otorgarles su voto.