El proyecto político del presidente, la cuarta transformación, pretende ampliar el período de gobierno de Jaime Bonilla. Con ello rompe su compromiso con el principio básico de que la fuente del poder deben ser las elecciones y renuncia a la ética al recurrir a procedimientos inmorales como la compra de diputados.

 

Está buscando el poder sin importar lo que tenga que hacer y, sobre todo, no le está importando saltarse la etapa de convencer al electorado.

No es posible establecer con precisión qué actividades realizó Andrés Manuel López Obrador en el mecanismo hechado a andar en Baja California. Sin embargo, el involucramiento de figuras centrales de la cuarta transformación como la presidenta de Morena y el ex superdelegado y luego gobernador electo le asigna una responsabilidad ineludible.

Quien conduce el proyecto de la cuarta transformación no puede desentenderse de lo que hagan, por ejemplo, los gobernadores electos de su partido.

En tal mecanismo es claro que participan figuras de otros partidos, pero eso tampoco diluye la presencia de López Obrador en el entramado. El cambio de una constitución estatal para hacer una redistribución del poder político después de que sucedió la elección es un tema que afecta la gobernabilidad del país y, por lo tanto, es materia del ejecutivo federal.

Del mismo modo, la manera como ha funcionado el gobierno de la República en estos meses no da pauta a pensar que Jaime Bonilla no toma en cuenta al presidente para impulsar su ampliación de mandato.

Romper su compromiso con la democracia acercaría a la cuarta transformación al autoritarismo.

Por muy seguro que esté de que su proyecto es el único capaz de salvar al pueblo, no se beben tomar atajos que le den cuotas de poder sin pasar por las urnas.

La historia humana está plagada de buenas intensiones que cometieron atrocidades terribles para imponerse al propio pueblo que decían defender.

Es lento e inseguro el triunfo en las elecciones pero es el único procedimiento que garantiza la estabilidad, la inclusión política y la moderación de extremismos que requiere el progreso social.

Si tienes la solución, primero convence al pueblo.

La historia humana también está llena de casos donde el que se apropió del poder al no tener que rendir cuentas en las urnas, se fue de paso y ya solo buscó su beneficio personal. Las elecciones son un mecanismo de control.

Evitar una elección es evitar consultar al pueblo.