El salario mínimo se situará por encima de la línea de la pobreza; no ocasionará mayor inflación como no lo hizo en 2019 pero significará un reto para quien obtiene ganancias o servicios con base en pagar sueldos bajos.

 

Las ganancias empresariales en México representan el 74% del ingreso nacional mientras que los salarios, el 26%. Según el FMI, en las economías en desarrollo, el promedio de los porcentajes son 63% y 37% respectivamente, y en los países desarrollados son 60% y 40%.

Estas cifras hacen visible el espacio que tiene el salario mínimo para recuperarse sin significar una erosión de los proyectos de los capitales en nuestro país.

No hay una proporción adecuada, correcta en si misma ó natural. La calificación de lo que es justo es una valoración que hace la sociedad a partir de la deliberación pública y del resultado de la contienda política. Sin embargo, en México la realidad indica que hay personas que viven en la pobreza extrema a pesar de que laboran una jornada de ocho horas.

¿Hay quienes ganan el salario mínimo?

Según el INEGI, actualmente, alrededor de un millón de trabajadores del sector formal recibieron como compensación económica un salario mínimo, así como 4.7 millones de empleados del sector informal y 5 millones de trabajadores independientes.

La edad promedio de los trabajadores que ganan solo un salario mínimo es de 35.6 años, tienen en promedio un nivel de instrucción de 8.8 años de escolaridad y 37% de ellos son jefes del hogar.

 ¿Cuáles son los salarios de pobreza?

El costo de una canasta de alimentos que adquiere la población que no está en situación de pobreza es de 52 pesos en la zona urbana.

Quien tenga ingresos menores a dicha cifra está en situación de pobreza extrema. Quien tenga un dependiente económico debe tener un ingreso mayor a 104 pesos para no estar en pobreza extrema.

A su vez la línea de pobreza moderada (canasta alimentaria más canasta no alimentaria urbana) está en 105 pesos por persona, o sea, 210 con un dependiente económico.

¿Es demasiado el aumento?

La media de los salarios del IMSS es de 228. Si el salario mínimo es de 123 no es alta según los estándares internacionales.

La propia COPARMEX propuso un aumento de 31 pesos para este año, llegando a 133, mostrando que entienden que una remuneración suficiente es base para una economía productiva y que hay un rezago histórico del salario de los trabajadores. Esta asociación de empresarios propone llegar a 295 pesos en este sexenio.

Durante 35 años se impidió que el salario mínimo aumentara mas que la inflación.

 El mercado laboral se distorsionó y el trabajo era una mercancía con un precio muy bajo. Por ejemplo, de 2005 a 2014 la productividad por hora aumentó 6% mientras que el salario mínimo real bajó el 3%.

El mercado laboral mexicano es precario. El 64% está por debajo de los dos salarios mínimos. Solo el 4% (Un millón 800 mil) está por arriba de 5 sms.

¿Cómo resultó el aumento del 2019?

Lo señala claramente el investigador Enrique Provencio: “El incremento sacó de la pobreza laboral a 1.3 millones de personas, redujo la brecha salarial entre mujeres y hombres, mejoró las ventas al menudeo en bienes de primera necesidad y no aumentó la inflación”

Evidentemente una sociedad con crecimiento económico es un mejor escenario para la recuperación salarial. Es muy importante volver a crecer para abatir la desigualdad.

Evidentemente los siguientes pasos deben ser dados con cautela para no afectar la economía. Lo ideal es que hubiera trazada una estrategia pública que diera certidumbre.

Evidentemente hay que evitar los aumentos salariales que solo busquen promoción política. Hay que monitorear mejor los efectos del incremento.

Evidentemente las empresas que obtenían ganancias y las personas que adquirían servicios con base, ambos, en pagar bajos salarios encontrarán un reto a superar.

Los proyectos empresariales con posibilidades de éxito son aquellos que inviertan en tecnología, en capacitación, en productividad, en eficiencia administrativa y, ya no más, en mano de obra barata.

Ese modelo empresarial, afortunadamente, será desplazado.

Es evidente que no podemos sostener un modelo económico donde el bajo salario sea el sostén de las empresas.

Quienes desean emplear a otra persona y obtener ganancia deben basar su prosperidad en la eficiencia de su proyecto y no en la pobreza de quien contratan.

A su vez, quienes recurren al servicio de otros para su bienestar y confort deben proveer a esos empleados de los ingresos que les garantice niveles básicos de vida.

El aumento salarial es una medida que ayudará al crecimiento de la economía si se hace bien, en orden, entendiendo que no se puede vencer un rezago de treinta y cinco años en el lapso de doce meses, pero entendiendo también que es un proceso que ya no puede ni debe detenerse. Esta es una conclusión importante del estudio especial hecho por la pasada administración de la CDMX.

Las sociedades muy desiguales no crecen porque los empresarios no tienen incentivos para la innovación y la eficiencia ya que los bajos salarios les garantizan ganancias suficientes.

Las sociedades desiguales no premian la capacitación del trabajador.

Las sociedades desiguales generan sensación de abandono y exclusión de la mayoría. Se polarizan.

No se vale que quien trabaje honestamente sea pobre.

Las sociedades desiguales fracasan.

Celebremos que habrá un litro de leche más en la mesa de millones de mexicanos.