Los ayuntamientos deben readecuar su estructura que se encarga de la infraestructura de conducción de agua; el congreso debe dedicar una partida especial para que el gobierno estatal reformule los atlas de riesgos municipales y las presidencias municipales reconstruyan las redes de alcantarillados, muros, puentes, etc; los ciudadanos y las universidades pueden encargarse de levantar un inventario de situaciones de peligro y, todos, estamos obligados a no tirar basura y a pagar el predial y el servicio de agua que es de donde salen los recursos que se necesitan.
Seguramente volverá a llover. Lo que no debe ser seguro es que vuelva a morir alguna persona.
Hagámonos cargo de que Culiacán está construido en medio de cuatro corrientes hidrológicas: los ríos Humaya, Tamazula, Culiacán y San Lorenzo.
Asumamos la responsabilidad de vivir en un territorio estatal que tiene once cuencas.
Los ayuntamientos deben mejorar su sistema de atención a los señalamientos ciudadanos. Debe ser más fácil reportar la falta o el daño de alcantarillas, puentes socavados, encharcamientos, corrientes peligrosas o taponamientos. El trámite de atención requiere realizarse con parámetros de calidad muy exigentes. En suma hay que agregar mas personal, mas capacitación, mayor tecnología y mas recursos para reparar y dar mantenimiento.
En los próximos días se debiera presentar un programa de mejora de la estructura con que el ayuntamiento atiende a la infraestructura urbana de conducción del agua.
Una misión muy necesaria es que se construya un inventario pormenorizado y a detalle de los desperfectos y carencias de la actual infraestructura. Esa labor es de tal magnitud que requiere de la participación ciudadana Solo quienes conviven a diario con los problemas pueden señalar dónde afloran los riesgos cuando llueve.
Es vital convocar a una amplia movilización social de estudiantes y ciudadanos que conformen en corto tiempo lo que serían los puntos de la tarea que se tiene que emprender para tener ciudades seguras y resilientes.
Mas de fondo es que el congreso destine para el próximo año recursos para elaborar estudios que identifiquen los peligros que pueden afectar a la población y a la infraestructura, para hacer una mejor planeación urbana y de esta forma prevenir y reducir los riesgos de desastres.
El objetivo es de una visión mayor, no de las alcantarillas a reparar sino de las obras de drenaje mayor ó muros de apuntalamiento, por dar un ejemplo.
Las soluciones para evitar muertes requieren dinero. La única fuente de dinero para el gobierno son los impuestos.
Los ciudadanos debemos exigir honestidad, transparencia y cero corrupción y debemos pagar el predial y las tarifas de las juntas municipales de agua potable.
Si solo pagamos los impuestos y no exigimos honestidad puede quedar abierta la puerta a desvíos.
Si solo exigimos atención y honestidad y no pagamos los impuestos estaremos contribuyendo a que las alcantarillas sigan sin taparse. No hay pretexto, hay que pagar.
Los problemas sociales se resuelven diagnosticando certeramente las causas y conformando una ruta de trabajo donde todos los involucrados realicen la tarea que les corresponde.
El llamado de atención que significa la trágica muerte de la jovencita de Culiacán implica que a cualquiera de nosotros nos puede suceder una desgracia igual y que a todos nos corresponde una tarea.
Evidentemente los servidores públicos tienen una responsabilidad mayor.
Haríamos mal si desde el gobierno, desde los partidos o desde los ciudadanos dedicamos nuestro tiempo a responsabilizar a otros.
Las tareas para solucionar el problema están claras, dediquémonos a ellas. Volverá a llover, evitemos muertes.






