Si usted tiene una causa que considera justa no use violencia para promoverla, mejor use razones.
Ninguna violencia es democrática. Si usted quema libros, destruye bienes públicos ó insulta en redes y mantas, usted es un autoritario más. No expone ideas sino su fuerza física y su capacidad de ofender. Usted no convence, agrede.
El uso de la violencia como manera de relacionarnos con las otras personas crea condiciones para que el rico que puede comprar armas y alquilar personas abuse de quien no tiene recursos para ello.
La equidad entre las personas se consigue reduciendo la posibilidad de emplear la violencia.
La justicia se alcanza limitando el uso de la fuerza y la agresión como fuente de poder.
De esta forma, la violencia es absolutamente injusta. En la lucha de agresiones no vence quien tiene la razón sino quien tiene la fuerza. El débil es, las mas veces, el perdedor.
Hay muchas razones para tener malestar, y hasta ira, con las cosas que suceden en nuestra sociedad.
Si en México construimos un escenario donde la deliberación pública, el análisis de los problemas y la propuesta de soluciones se decide por quien es mas capaz de usar la fuerza y de ofender entonces bajaremos las posibilidades de quienes no pueden venir de su comunidad a romper vidrios, por dar un ejemplo.
Más aún, si su causa es justa, la debilita porque la atención a su denuncia se desplaza del problema que esta planteando a la forma en que lo está haciendo. La opinión pública atiende mas que usted va quemando banderas y menos a los motivos que usted dice tener.
Usted se aislará de quienes potencialmente pueden coincidir con usted pero que se espantan de que agreda groseramente o difame sin pruebas.
Reaccionar con agresiones contra las personas suele ser arbitrario porque se incluye a quienes solamente no piensan de la misma manera del agresor no porque sean los causantes del malestar.
No debemos aceptar que sucedan los hechos violentos en las redes y en las calles porque la mayoría de ellos no son una reacción espontánea de los ofendidos, sino obra de pequeños grupos organizados que se preparan para hacerla explotar.
La violencia es siempre destrucción y pérdida. No es seguro que provocará una mejor situación solo genera; con seguridad; ruina, tensión, zozobra.
La violencia es adictiva. Te da satisfacción descargar tu coraje y vas ir escalando, repitiendo y aumentando las agresiones. Hoy son ofensas, después son amenazas y luego agresiones físicas. Hoy son vidrios rotos, mañana, heridos y muertos.
La violencia define la imagen de la gente y de los movimientos sociales. Aun pregonando fines superiores, loables, dignos, acaban las personas pareciendo groseras y abusivas por recurrir a la descalificación o los golpes.
Cuando se convierte en un “medio” que da resultados, primero se utiliza contra los enemigos, luego contra los adversarios, después contra los aliados, los compañeros de ruta o los amigos y los familiares.
Puede dar legitimidad a la violencia de los grupos opositores, con lo cual la espiral de destrucción y sangre eventualmente puede incrementarse. Puede suceder que los choferes de los camiones secuestrados por normalistas, un día se armen y disparen contra quienes los “retienen”.
Termino citando al maestro José Woldenberg: “un movimiento legítimo que despierta simpatías por doquier y que tiene enormes potencialidades expansivas, puede erosionarse porque la violencia expulsa de sus filas a aliados y simpatizantes que no comparten y temen a los métodos violentos. Y al mismo tiempo, resta legitimidad a un reclamo trascendental.”
“En una palabra: una causa justa, necesaria, digna de apoyo, requiere de medios igualmente idóneos para expresarse. De lo contrario, los medios pueden acabar distorsionando tanto a los fines como a los sujetos que la impulsan.”






