Al pensar en el Presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, me parece indiscutible que, el único que al llegar a la máxima posición de la política en nuestro país, encabezaría de manera decidida una lucha contra la corrupción es el propio AMLO.

Nadie como Andrés Manuel se habría bajado el sueldo, ninguno habría iniciado una cruzada para que, cuando menos en teoría y de su propia boca, se trabajara porque se acabaran los moches al momento de las compras y de los movimientos de capital desde las instancias públicas.

No imagino, acepto que puedo estar equivocado, a Mead, Anaya, el “Bronco” o Margarita, exigiendo a los funcionarios que no hagan caso a sus familiares o amigos cuando pidan “favores” a los demás empleados del Gobierno de México. Tampoco veo a ninguno de ellos exigiendo que todo se transparente y se informe a los ciudadanos, sin importar las consecuencias.

Nadie como Andrés Manuel se enfrentaría a los grandes medios de comunicación para desmentirlos o llamarlos traidores, menos a los grandes empresarios o los periodistas connotados. Ninguno de los contrincantes en la pasada campaña por la Presidencia de la República habría buscado que los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial costaran lo menos posible a las arcas públicas.

No discuto nada de eso. El problema es lo que le acompaña. No solo las inconsistencias en la información, que da para un tratado de muchas cuartillas; la intolerancia como identidad es lo que más me incomoda.

En este sexenio, con este Presidente, estás con AMLO o estás contra “el pueblo”. Pero ni siquiera hay que estar contra AMLO. Hay una frasecita con la que escudan la intolerancia y es: “Hay un proyecto”. Así le llaman a pretender que entienden a Andrés Manuel y suponer que interpretan correctamente lo que el “Presi” quiere decir. Eso no lo ha logrado ni Olga Sánchez Cordero, ella misma lo declaró.

Trasladando eso a Sinaloa, es sorprendente la gran cantidad de “voceros” que tiene López Obrador. Lo peor es que siguen la misma línea pero sin tener el mismo nivel, además de que trasladan su maltrato a quienes nada tenemos que ver con el Presidente.

Un ejemplo muy claro es el ataque a los medios de comunicación. AMLO ha llamado de todo a los que no comparten su punto de vista, primero dice que tienen derecho a disentir, que es parte de la democracia que haya diferencia de opiniones, y rájala, empieza como “el de las víboras prietas”, pero con: los neoliberales, los fifís, los conservadores, etc.

Sus “representantes” y “voceros” sinaloenses, en plena y total confusión, andan en búsqueda de a quién otorgarle los mismo adjetivos y a los medios locales nos llaman chayoteros y otra sarta de términos que ni saben qué significan; y nos acusan sin ninguna evidencia, ni les importa tenerla; de estar molestos porque no recibimos dinero del gobierno federal. Simplemente no les cae el veinte de que Andrés Manuel ni en el mundo nos hace. Que cuando él se refiere a los medios corruptos está hablando de las cadenas nacionales. Allá se mueve él.

No se ponen a pensar que nosotros jamás hemos tenido al alcance el presupuesto federal. Lo que quieren es expulsar el veneno y demostrar su intolerancia.

En mi caso, si le preguntan a AMLO quien soy, seguro les dirá que no tiene idea. La única vez que lo entrevisté fue a principios del 2019, en una visita que hizo a Sinaloa y en un minuto de su evento en Culiacán.

Esa intolerancia de los seguidores es lo que más genera molestia en el resto de los ciudadanos, los que no votaron por AMLO, los más de 26 millones que no querían que fuera el Presidente y que ya lo hubieran aceptado y apoyado si no fueran atacados sistemáticamente solo por opinar y ejercer su derecho a pensar.

Agréguele a eso las acciones totalmente contrarias a lo que dice Andrés Manuel. Lo que contradice “El Proyecto de Nación”. Pobre del Diputado que no vote ciegamente, que se atreva a pensar u opinar, es un traidor. Pobre del Alcalde que no siga la corriente, es un corrupto. Pobre del Gobernador que exija el cumplimiento del pacto federal, son politiqueros ocurrentes.

Y si se detiene un poco y revisa con cuidado, puede encontrar uno que otro caso que le llamará la atención. Como ejemplo, cito la investigación en el Congreso del Estado de Sinaloa en donde la corrupción está al 8 x 1. Esto se conocerá con detalle más adelante, solo le comento que entre los tan acusados, odiados y despreciados “corruptos” del tricolor solo se encontró a uno de 8; y de la “Esperanza de México”, los impolutos salvadores de la nación, son 8 de 23 los que tendrán que rendir cuentas. Pa que se dé una idea de la contradicción que hay entre el decir y el hacer.

Insisto, nadie como Andrés Manuel para iniciar y encabezar la lucha contra la corrupción. El problema es que sus allegados, sus seguidores, sus “voceros” y muchos de los que ganaron una posición gracias a él, aun no se enteran, no lo entienden, ni lo quieren entender. Eso creo yo.