La movilidad social es el cambio de condición socioeconómica en las personas.
Cuando hay igualdad de oportunidades en una sociedad hay, también, movilidad social.
“Movilidad social en México: constantes de la desigualdad” es un interesante libro cuyos editores son Raymundo M. Campos Vázquez, Juan E. Huerta Wong y Roberto Vélez Grajales y que fue publicado por el Centro de Estudios Espinoza Iglesias.
El libro se compone de textos Isidro Soloaga, Roberto Vélez Grajales, Rosa Isabel Islas Arredondo, Manuel Triano Enríquez, Adán Silverio Murillo y Claudia Edith Fonseca Godínez, entre otros que plantean importantes tésis que a continuación citaré.
Nuestros logros no deberían de depender de aquellos factores sobre los cuales no tenemos ningún control (sexo, raza, lugar de nacimiento y orígenes familiares, por ejemplo).
A pesar de que se han experimentado mejoras absolutas de largo plazo en el “nivel” socioeconómico de la población, la sociedad mexicana se caracteriza por un alto nivel de estratificación y de baja movilidad social. Se sabe que las personas provenientes de zonas rurales se enfrentan con mayores barreras para experimentar movilidad. Las razones principales son la deserción escolar, el trabajo infantil y el grado de aislamiento de sus comunidades de origen. También se sabe que la sociedad mexicana es una de las más inmóviles en todo mundo.
Uno de los hallazgos principales es que los hombres y mujeres pobres de este país entran y salen de manera intermitente del mercado laboral. Parte relevante de ambos sexos tiene su primera experiencia formal de trabajo sólo hasta después de los 30 años. Tal intermitencia es francamente mayor para las mujeres. Lo anterior muestra que no se han encontrado soluciones en materia de políticas públicas para posibilitar el desarrollo ocupacional, y, por tanto vital, de las mujeres mexicanas.
El proceso de desempeño académico temprano es relevante para entender el logro educativo y económico en el destino de las personas.
Un sistema de educación pública tiene como finalidad, justamente, romper las inercias entre orígenes y destinos, así como permitir que cualquier persona, sin importar su condición social de partida, puede acceder a la educación solamente con base en su propio esfuerzo y talento.
Grosso modo, se puede distinguir entre movilidad intergeneracional -el cambio en la posición con relación al hogar de origen –y la movilidad intergeneracional, -cambios en la posición socioeconómica a lo largo del ciclo de vida de las personas.
De acuerdo con el tipo de movilidad que se desea analizar, se puede distinguir entre movilidad horizontal y movilidad vertical. La primera se refiere a cambios en la posición de un individuo al interior de un mismo estrato socioeconómico. La segunda se define como el paso, ascendente o descendente, de un individuo de un estrato a otro.
Una recomendación general que surge de este estudio es asegurar que la población de los estratos socioeconómicos más bajos logre alcanzar y completar estudios de educación técnica y superior, además de evitar el abandono escolar y el ingreso temprano al mercado laboral.
Si se desea promover la movilidad, se debe separar el logro educacional del origen social.
Las investigaciones sobre el constreñimiento que ejerce el mercado laboral sobre el curso de vida han mostrado que las condiciones de entrada a una clase tienen efectos de largo plazo en la carrera ocupacional de los individuos, la movilidad a una clase diferente a la de entrada no necesariamente sucede. Esto es, los eventos ocupacionales que se experimentan a edades tempranas tienen “ramificaciones profundas que se extienden a lo largo de su curso de vida” ocupacional.
En el caso mexicano, la mayor parte de los jóvenes no son contratados mediante mercados competitivos de búsqueda, sino por uso de alguna red. Lo anterior manda una clara señal: al encontrar un trabajo, son las redes efectivas y no el conocimiento las que realmente cuentan. Lo anterior puede repercutir en las aspiraciones de los jóvenes. Un porcentaje considerable de ellos ya no desea estudiar. Así, se afecta su nivel de aprovechamiento y, con ello, su nivel de acumulación de capital humano y la probabilidad de movilidad social ascendente.
Alrededor del 5% consiguió un trabajo no porque hubiese pasado por un proceso competitivo para obtenerlo (mercado), sino simplemente por una cuestión de afinidad personal, (lazos), situación que afecta los niveles de productividad, al no encontrarse necesariamente al individuo más apto. Puede generar que individuos talentosos no inviertan en su educación, toda vez que se enfrentan a una distorsión salarial ocasionada por las interacciones sociales. Lo anterior repercute en la posibilidad de experimentar movilidad social positiva por ingreso.
La riqueza del hogar de origen determina en gran medida el destino de los mexicanos. Aunado al efecto sobre el bienestar final, tiene también un peso importante en el desempeño académico infantil (0.31) y la escolaridad final de ego (0.41).
En México, la escolaridad se explica más por la riqueza del hogar de origen, el desempeño académico infantil es la variable que explica la escolaridad final de ego en el caso mexicano.
Al menos dos reflexiones para la política pública mexicana y con ello, para la investigación futura, resultan de estos hallazgos. Por un lado, los datos sugieren una relación positiva entre la riqueza del hogar de origen y la escolaridad final de ego, sobre todo cuando se compara con el caso chileno. Esto sugiere cierta debilidad del esquema de educación pública en México. Un sistema de educación pública tiene como finalidad, justamente, romper las inercias entre orígenes y destinos y permitir que cualquier persona, sin importar su condición social de partida, pueda acceder a la educación con base en su propio esfuerzo y talento.
En México, como han mostrado López Calva y Macías, el trabajo infantil temprano predice un menor bienestar socioeconómico.
El Centro de Estudios Espinosa Yglesias es una asociación civil sin fines de lucro, apartidista, establecida por la Fundación Espinosa Rugarcía, cuya misión es generar conocimiento especializado, transformarlo y difundirlo para impulsar políticas y acciones de envergadura que favorezcan la movilidad social en México y el bienestar socioeconómico en nuestro país.
Este Centro ha puesto el índice en un gran reto nacional: la falta de movilidad social.






