Había decidido escribir sobre lo que sería el Gobierno de AMLO antes y después de la pandemia pero, todo parece indicar que será el coronavirus lo que acompañe a Andrés Manuel cuando menos la mitad de su mandato.
López Obrador tenía solo 1 año y 2 meses de haber tomado protesta cuando la amenaza del COVID-19 se presentaba latente, su llegada a México era inminente y cuestión de tiempo.
La Jornada Nacional de Sana Distancia (JNSD) inició el 23 de marzo, 2 semanas después de haber arrancado en los Estados Unidos. Nos cayó de sopetón. Aunque se entendía en los mensajes del Gobierno Federal que llegaría ese momento, no estábamos realmente preparados y fue como bajar un telón que dividió la vida diaria a la que estábamos acostumbrados, para iniciar una nueva forma de convivir.
En esta «nueva normalidad» ya empezamos a identificarnos por los ojos, la frente o el cabello; y seguimos preguntando «¿eres fulanito?» con la posibilidad de estar confundiendo al amigo greñudo con otro tipo greñudo.
Al terminar el 2019, la economía de México no creció absolutamente nada. Incluso decreció -0.1%. Se había demostrado gran incapacidad en el manejo económico, sin ayuda de ningún virus. La esperanza era, que los proyectos que ya se habían echado a andar generaran empleos y circulante que compensara el muy mal inicio de este Gobierno, en cuanto al desarrollo económico.
La pandemia llegó para darle al traste a muchos planes, de todos. Gobierno, empresarios de todos tamaños, emprendedores, miles de recién egresados de un sin número de carreras profesionales, especialmente los que tenían la esperanza de encontrar su primer empleo para ejercer y lucir su nuevo nivel académico.
Con una meta inalcanzada en 2019, del 4%; para 2020 se planteó un 4.5% que, hasta el momento se ha convertido en un -18.7%, lo que ha llevado a pensar que si se logra regresar al nivel de crecimiento económico que se tenía en 2017 del 2.1%, y del 2% en el 2018, con Peña Nieto, habremos de darnos por bien servidos y agradecer el milagro.
No se ve por dónde el Gobierno Federal le dé reversa a esta situación económica que ha provocado el cierre definitivo de miles de empresas, la pérdida de millones de empleos y la llegada de la pobreza y pobreza extrema a las casas de casi el 67% de los mexicanos, 2 de cada 3.
Con un Presidente de México que insiste en que los empresarios, de todos los tamaños, se rasquen con sus propias uñas, no hay esperanza de rescatar los empleos de las garras de Don Covid-19 y la crisis que nos trajo.
Los que sobrevivan a la pandemia, enfrentarán un país pobre, con alto desempleo, de luto, desencantando con la 4T, molesto con los políticos, de todos los colores.
Pero, los que sobrevivan al coronavirus también podrán encontrar lo siguiente: si el Gobierno de México evita ceder a la tentación, o a la necesidad, de contraer nueva deuda más allá de lo previsto, se estará en mejor posición para iniciar la recuperación económica.
Los hospitales, por las malas, se vieron obligados a mejorar sus condiciones de atención. Lo mismo sucedió con la aplicación que el Gobierno de México y los de los Estados le tuvieron que prestar a la calidad del servicio, el número de médicos y personal de enfermería, la cantidad de camas y espacios de terapia intensiva, y la conclusión de hospitales que estaban a medio construir.
Además de que la exigencia por el desabasto de medicamentos ha obligado al sector salud a eficientar sus métodos que, aunque no han superado la falta de medicinas, al tiempo de que pase la crisis del coronavirus, dejará un sistema que podrá cumplir de mejor manera.
A diferencia de otros países, el peso mexicano se ha mantenido estable frente al dólar estadounidense, incluso ha conservado el nivel que tenía antes de la pandemia. De seguir así, también será un elemento que ayude en la recuperación nacional.
Para cuando salgamos de esta crisis de salud, con su compañera económica, se habrá terminado de construir el aeropuerto de Santa Lucía. Lo que permitirá mayor desarrollo e inversión en el sector turístico, junto con lo que representa para el comercio.
La refinería de Dos Bocas está programada para ser inaugurada el 1 de julio del año 2022. Con la conclusión de esta planta, junto con el reacondicionamiento de las que ya se tenían, el Gobierno de AMLO estará en posibilidades de empezar la disminución del costo de las gasolinas. Si bien preferiríamos la promoción de energías limpias, será de gran ayuda para la economía el que se esté en condiciones de cumplir con la promesa de abaratar el precio de los combustibles.
Si se cumplen las metas de terminar la modernización del Tren Transítsmico en el 2022 y el Tren Maya en el 2023, se contará con 2 obras que detonarán de manera importante diversas ramas de la industria, el comercio y los servicios.
Coincido con quienes piensan que los miles de millones de pesos que se están invirtiendo es estas obras llamadas «faraónicas», por quienes las critican con denuedo, deberían de estarse dirigiendo a la atención de las consecuencias de la pandemia, en todos los sentidos, también es cierto que cancelarlas significa dejar sin empleo a alrededor de 150 mil personas, lo que pondría en situación de pobreza a más de medio millón de mexicanos.
Ante la necedad y cerrazón de Andrés Manuel, no podemos considerar que vaya a cambiar la forma como el Gobierno de México seguirá enfrentando la crisis provocada por la pandemia del coronavirus. Continuará en la misma ruta y con las mismas obras. Eso sí, los que sobrevivan, verán un país en una situación que contará con herramientas que le ayudarán a recuperarse, si es que se cumplen las promesas. El costo es alto, demasiado alto. Si nos toca verlo, lo comentaremos. Eso creo yo.











