La política social del actual gobierno federal dedica menos presupuesto que los anteriores en beneficio de los menores de 18 años.

 

Los niños no deberían depender de la riqueza de sus padres para recibir la enseñanza o la atención sanitaria que necesitan.

 

Este gobierno eliminó la inversión para suplementos alimenticios contra la desnutrición infantil, desapareció las becas para incentivar que los hijos de padres jornaleros se mantuvieran en la escuela y redujo los recursos para estancias infantiles.

 

El Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL) señala que la atención a la pobreza en la niñez es prioritaria debido a que existe una mayor probabilidad de que esta condición se vuelva permanente y sus consecuencias sean negativas e irreversibles, por lo que se requieren de esfuerzos mayores para mejorar la situación de los menores en contextos vulnerables.

 

En México, 54% de los niños menores de cinco años vive en situación de pobreza y 12.4% padece desnutrición crónica, lo que afecta su desarrollo cognitivo y su rendimiento escolar.

 

De acuerdo con los datos de la medición multidimensional de la pobreza 2018, la pobreza en el sector infantil es mayor que en el resto de la población nacional, puesto que, en el grupo de menores de 18 años, 50% se encontraba en situación de pobreza y 9% en pobreza extrema.

 

Eliminó los suplementos contra la desnutrición.

 

Alrededor de un millón 400 mil niños menores de cinco años dejaron de recibir el suplemento alimenticio y el seguimiento médico a su estado de nutrición que les daba el programa Prospera. Así lo estableció en marzo del año pasado la Secretaría de Bienestar del gobierno federal en las nuevas reglas de operación.

 

De la misma forma, se quedaron sin ese apoyo las mujeres beneficiarias de Próspera  que se embaracen o estén amamantando a sus hijos, que llegaban a ser cerca de trescientas mil al año.

 

Los suplementos aportaban  los micronutrimentos necesarios, de acuerdo a la comida diaria recomendada por el  Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán.

 

Los resultados de este programa de apoyo apoyo a la nutrición fueron muy buenos. La población preescolar en los estados con seguimiento desde 2014 presentó en 2017 una disminución de la prevalencia de anemia del 55% y de talla baja del 37%. En el caso de mujeres embarazadas o en periodo de lactancia, la prevalencia de anemia se redujo 27%. Según evaluaciones externas del Instituto Salvador Zubirán.

 

Los niños consumían los suplementos en un etapa muy importante de su vida donde la alimentación deficiente ocasiona problemas irreversibles en el crecimiento y desarrollo de los menores, como es el caso de baja estatura, mayores riesgos de enfermedad y bajo desempeño escolar.

 

Para la prevención y atención de la mala nutrición y de la obesidad también se aplicaba una vigilancia y  seguimiento mensual del estado de nutrición de niños y madres. No lo habrá más.

 

 

Las familias no están recibiendo nada a cambio del suplemento pero en el supuesto caso de que recibieran su monto en efectivo, ello no sería lo adecuado porque el precio de la compra individual al menudeo es muy alto y porque las calidades diferentes de los productos requieren que el consumidor tenga información sobre bioquímica, para decidir bien, que no le es accesible.

 

Tampoco era el caso de un programa señalado por su corrupción. La Auditoría Superior de la Federación que en otras áreas ha señalado irregularidades, aquí no lo ha hecho.

 

Si la política social prioriza tanto el esquema de las donaciones de dinero en efectivo puede ocasionar daños en la provisión de servicios e infraestructura para el desarrollo. Eso ocasiona pobreza.

 

Las transferencias en efectivo están ocupando desproporcionadamente el presupuesto social y la creación de capacidades está relegada. Así lo muestra está situación.

 

La cancelación de suplementos alimenticios y del seguimiento del estado de nutrición de madres y niños produce pobreza para hoy y para el futuro.

 

Eliminó las becas a hijos de jornaleros agrícolas.

De 1990 a 2018 operó el Programa de Apoyo a Trabajadores Jornaleros Agrícolas en la, antes SEDESOL, hoy llamada Secretaría del Bienestar. Pero en el Presupuesto de Egresos de la Federación de este año (PEF) 2019, ya no apareció.

El gobierno federal no ha implementado ningún programa de apoyo para los casi tres millones de trabajadores del campo, que es el número estimado con base en información de la Encuesta Nacional de Jornaleros Agrícolas 2009.

Entre las subvenciones que se les otorgaban destacan las becas, que ascendían hasta 650 pesos por hijo. El objetivo era desestimular el trabajo infantil en el campo. La beca se entregaba a la familia a cambio de que los niños asistieran a la escuela en lugar de laborar.

En México, 3.2 millones de menores entre cinco y 17 años trabajan, lo que representa 11 por ciento de los 29 millones de niños que hay en el país con ese rango de edad. El sector agrícola concentra el trabajo infantil con 30 por ciento del total, según cifras del INEGI.

La deserción escolar representa una de las consecuencias del trabajo infantil que crea condiciones para perpetuar la situación de pobreza y marginación.

Disminuyó el presupuesto para estancias infantiles.

En 2015, murieron 1,580 niñas y niños de cero a cinco años de edad por asfixias, ahogamientos, envenenamientos, intoxicaciones, caídas y quemaduras, esto es, por falta de cuidado.

Las asfixias fueron las causantes del 46 % de las defunciones, la mayoría de las cuales ocasionadas por inhalación de contenidos gástricos (36.5%). En niñas y niños menores de un año la mortalidad por esta causa fue de 79 %.

En las viviendas se registraron un 50.3% de las lesiones fatales.

En México no tenemos un sistema suficiente de cuidado infantil. Cada vez más, sus padres y madres se ocupan en procurar ingreso para la familia. Muy pocos de ellos pueden dejar a sus hijos en una centro donde sean atendidos con alimentación, salud y educación adecuados.

En 2015 existían en México 10.5 millones de niños menores de cinco años y 16% de ellos residía solo con uno de sus padres. Ello implica una necesidad urgente de cuidado,  durante el equivalente a una jornada laboral, para un millón 700 mil niños.

De este modo, la cifra de niños en edad o situación que requiere cuidados está entre un millón 700 mil que solo tienen un padre y  6 millones si se quisiera garantizar  alimentación, salud y educación completa y adecuada., a los niños mexicanos en situación de pobreza.

En contraste, la oferta gubernamental en el 2018 fue para solo 650 mil niños.

El IMSS atendió, en números redondos, a 200 mil, el ISSSTE a 30 mil, SEDESOL a 300 mil, el DIF a 100 mil y algunos sistemas sindicales y estatales a 20 mil.

Las consecuencias para los niños son terribles.

Según la ENSANUT 2012, 23.3% de los niños de uno a cuatro años de edad en México presenta anemia, esto es, más de dos millones de niños. La mayor prevalencia de anemia se produce en niños de 12 a 23 meses de edad (38%)

La mayor prevalencia de anemia no se registra en los estados más pobres y más rurales del país sino en la Ciudad de México, donde las madres y los padres están más incorporados al trabajo.

Este dato pone en evidencia que el problema de anemia tiene como causa mayor a la falta de cuidado alimenticio mientras los padres trabajan.

De acuerdo con la información de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (ENSANUT) 2012, Más de 400 mil niños menores de cinco años sufrieron una lesión accidental. Del total, 359,212 se debieron a caídas y 38,806 a quemaduras. Las lesiones accidentales son una importante causa de discapacidad en los niños de este grupo de edad. De los 25,230 niños que presentaron lesiones permanentes en su estado de salud, 43.1% fue por caídas.

Los primeros cinco años de vida son cruciales para su desarrollo físico, cognitivo, social y emocional. Su cerebro se está desarrollando a un ritmo acelerado (genera más de 3,000 conexiones neuronales por segundo y es tres veces más activo que el cerebro de un adulto) por lo que requiere un ambiente estimulante, cuidados y nutrición adecuados, seguridad y protección, así como la interacción con cuidadores atentos.

Así sean familiares o vecinos no es lo adecuado dejar su atención a personas no capacitadas.

La sustitución de apoyo a las estancias infantiles por dinero en efectivo va en detrimento de las condiciones de atención y cuidado a los niños.

Entre el primer y segundo año de vida, el 18.4% de niños mexicanos presenta retraso en el área de desarrollo de lenguaje. Reciben estimulación temprana solo el 72% en áreas urbanas y 62% en áreas rurales.

Aquí inician las desigualdades. Según Hart and Risley (1995), un niño de los estratos más ricos escucha un promedio de 2,150 palabras por hora, en comparación con 620 que escucha un niño de estratos más pobres.

El estado de indefensión de los niños hace necesaria la intervención pública para corregir actitudes de los propios padres. 60% de los niños de tres años no son enviados a recibir educación preescolar y 20% de los niños son registrados hasta después de cumplir un año.

Las intervenciones no pueden dejarse a la decisión de los padres de hacerlas o no.

No es momento de reducir los presupuestos para el cuidado infantil. Los  programas durante la primera infancia fomentan habilidades, atacan las desigualdades desde su origen y generan mayores retornos.

Por ejemplo, de acuerdo a UNICEF el análisis costo-beneficio del programa Chicago Child Parent Center mostró un beneficio de US$7.10 por cada dólar invertido; es decir, con una inversión promedio de US$6,730 durante 1.5 años en el programa de preescolar generó una rentabilidad total para la sociedad de US$48,000 por cada participante.

El cuidado infantil debe ser una prioridad del presupuesto del gobierno.

Tenemos un gran problema porque no se está atendiendo a los más indefensos de nuestro país y no se está invirtiendo suficiente en que la siguiente generación sea sana, inteligente, bien alimentada, hábil, productiva y educada.

Si existían problemas de corrupción en el programa de estancias se debió castigar a los responsables. En lugar de ello, se castigó a los niños reduciendo el presupuesto que ya era insuficiente.

Se adoptó un modelo de atención donde los padres pueden recibir el dinero y poner a sus hijos en manos de quienes no son especialistas.

Una de las tareas pendientes que tiene México es el combate a la pobreza y, en ese tema, el foco más apremiante para reducir la desigualdad y la exclusión está en la población infantil.

Las reducciones de presupuesto y la eliminación de los programas no se han substituido con ninguna estrategia especial.

Pareciera que se espera que los adultos mayores, los jóvenes desempleados o los estudiantes de educación superior compartan su apoyo con los niños y les compren suplementos alimenticios, cuidado infantil especializado o les den becas para que no deserten de la escuela.

El dinero entregado a adultos mayores y estudiantes de bachillerato de ingresos medios y altos no tiene vías de tránsito hacia los niños en situación de pobreza. El dinero entregado a los padres compite con otras necesidades, importantes o nó.

No se está desarrollando una política de protección social

Se ha preferido entregar dinero en efectivo y eliminar acciones que garantizaban alimentación, educación y cuidado a los niños mexicanos.