Si lee esta gran novela se maravillará por la forma cómo está escrita y recibirá información importante, sobre todo si le interesa el mundo de la literatura. La obra hace pensar sobre el vivir la vida de forma diferente, no por los caminos por donde todo mundo va.

Esta novela se publicó en 1998 y mereció el Premio Rómulo Gallegos (que anteriormente habían ganado Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa) y el Premio Herralde de la editorial Anagrama. El New York Times lo catalogó como “uno de los diez mejores libros del año” en el 2007.

El escritor Enrique Vila-Matas opina sobre la obra: “Es un carpetazo histórico y genial a Rayuela de Cortázar. Una grieta que abre brechas por las que habrán de circular nuevas corrientes literarias del próximo milenio”.

El primer contacto no me fue fácil, me costó trabajo continuar la lectura. No entendía la trascendencia de los comentarios de un jovencito sobre su vida. El tramo final redondeó todo y pasé a considerarla una novela muy recomendable.

La obra es tanto un elogio como una parodia de las vanguardias latinoamericanas.

Es exigente su lectura porque es una desbordada recopilación de fragmentos que dan una visión fragmentada y discontinua de los hechos y dos narraciones en primera persona.

La novela cuenta con humor y acidez como fueron los primeros años del infrarrealismo que es un movimiento poético fundado en 1975 por un grupo de poetas jóvenes, como Roberto Bolaño, Mario Santiago Papasquiaro, José Vicente Anaya, y José Rosas Ribeyro.

La propuesta de los  infrarrealistas es “volarle la tapa de los sesos a la cultura oficial”. El Primer Manifiesto infrarrealista sostuvo en la Ciudad de México: «Déjenlo todo nuevamente, láncense a los caminos».

Los personajes de la novela están basados en personajes reales: Arturo Belano es Roberto Bolaño, Ulises Lima es Santiago Papasquiaro, Juan García Madero es Juan Esteban Harrington. Angélica y María Font son Manolo Vera y Mara la Rosa. Cesárea Tinajero es Concha Urquiza, fundadora del estridentismo, comunista, monja y bohemia.

Los detectives salvajes aborda el desencanto y el escepticismo pero no lo hace desde la tristeza y el dolor, sino desde la descripción de la búsqueda incesante.

Ante la derrota de las vanguardias artísticas, esta es una novela sobre la búsqueda.

Bolaño nació en Santiago de Chile en 1953 y en 1968 con su familia se fue a la Ciudad de México. En 1973 regresó a Chile natal para unirse a la resistencia contra el General Pinochet. Es arrestado durante ocho días y regresa a México a retomar su vocación de escritor. En compañía de amigos, funda el movimiento poético de vanguardia conocido como infrarrealismo.

Viaja por Europa y África y luego de ser diagnosticado de cirrosis, en 1993 pública “Los perros románticos” un recopilatorio de la obra poética creada entre 1977 y 1990, y la novela “La pista de hielo”. En 1996 presentó “La literatura nazi en América” y “Estrella distante”, y en 1997 la compilación de cuentos “Llamadas telefónicas”, con el que obtuvo el Premio Municipal de Santiago de Chile.

Leer “Los detectives salvajes” es meterse en el mundo de la literatura por una vía sensual, arrebatada, de más de 500 páginas, como una bronca de barrio, callejera, vital, adolescente, road movie, ….Nadie escribía así, ahí está todo eso.

Bolaño falleció el 14 de julio de 2003 al terminar de escribir su obra cumbre: “2666”.

“El problema con la literatura, como con la vida, dice don Crispín, es que al final uno siempre termina volviéndose un cabrón.”

Pasaje de

Los detectives salvajes

Roberto Bolaño