Con la idea de que «según» ya se pusieron de acuerdo, y los dictámenes que se presenten de aquí al 15 de diciembre serán los asuntos en los que hay consenso, le entró la prisa a los Diputados del Congreso del Estado de Sinaloa y están aprobando lo que sea y como sea.
Eso sí, presumen el «Parlamento Abierto» a todo lo que les alcanza. ¿Usted qué opina? ¿Es real eso del Parlamento Abierto o es una ilusión?
Un asunto en el que claramente no sucedió, y se utilizó el mayoriteo tan satanizado; es más, ni siquiera permitieron el análisis del tema, al estar en discusión en lo particular, es la nueva Ley de Educación.
En asuntos como la educación, en todos los sentidos, es común escuchar a este grupo de funcionarios que hoy fungen en los distintos puestos de elección popular, eludir su responsabilidad apelando a los padres de familia, incluso a los abuelos.
Nunca se nos va a olvidar que la máxima para combatir la delincuencia es el acusar a los criminales con su Mamá. Apelando a la vergüenza que sus actos causan a sus familiares más cercanos.
Sin embargo, al tratarse de la educación pública, es a los padres a los que se hace a un lado y ni los ven ni los oyen, ni se respetan sus derechos y menos se integran sus propuestas. Se les exige mucho pero se les escucha poco.
Se habla, se argumenta, se exige que la educación inicia en el hogar, pero entrando a la escuela pública, eso se olvida y los educandos deberán aprender lo que a los «expertos» les parezca adecuado. Sin importar lo desvirtuado que sea su pensamiento, los conflictos internos con los que vivan y convivan, y lo bueno o malo de sus intenciones; convierten la educación pública en adoctrinamiento del individualismo neoliberal, que tanto daño le ha hecho, y le hace, a las naciones y a las familias.
Con el alegato de que hay que respetar los derechos humanos, se olvidan de los desafíos que enfrentamos los padres y buscan imponer sus ideas e idearios por sobre la realidad de cada familia. Realidad en la que solo y únicamente la familia debe tener la autoridad para decidir.
Porque el respeto a los derechos humanos no se limita a la obligación de respetar a unos, sino de respetar a todos.
Pero ¿Cuáles son los derechos humanos? Porque ahora parece que tenemos derecho a todo, con la idea del “libre desarrollo de la personalidad”, tenemos derecho a lo que nos dé la gana y los demás lo tienen que aceptar. Eso sí, si no me gustan las consecuencias, que las pague el Estado, que lo cubra el erario público.
No estoy de acuerdo y tengo derecho, no sólo a no estar de acuerdo, sino también a expresarlo.
Se ha convertido en hábito el hacer referencia a los derechos humanos enumerándolos a conveniencia y ni se diga a interpretarlos para satisfacción grupal.
Le recuerdo que el Artículo 16 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, en su apartado número 3 dice:
«La familia es el elemento natural y fundamental de la sociedad y tiene derecho a la protección de la sociedad y del Estado».
En el Artículo 26, párrafo 3 consigna:
«Los padres tendrán derecho preferente a escoger el tipo de educación que habrá de darse a sus hijos».
Y en el Artículo 30:
«Nada en la presente Declaración podrá interpretarse en el sentido de que confiere derecho alguno al Estado, a un grupo o a una persona, para emprender y desarrollar actividades o realizar actos tendientes a la supresión de cualquiera de los derechos y libertades proclamados en esta Declaración».
Eso incluye, y repito: Que la familia es el elemento natural y fundamental de la sociedad y tiene derecho a la protección de la sociedad y del Estado; el derecho preferente de los padres a escoger el tipo de educación que habrá de darse a sus hijos; la satisfacción de las justas exigencias de la moral, del orden público y del bienestar general y ni el Estado ni algún grupo tiene derecho a pretender suprimirlos.
Y en la interpretación del estado laico sucede lo mismo. Les recuerdo que el que un Estado sea laico no significa que sea ateo. Significa que, desde el punto de vista jurídico, no habrá una religión o credo oficial en la Constitución Política. Pero, el respeto a la libertad individual también significa que el gobierno tampoco puede promover el ateísmo o fundamentarse en el mismo.
El laicismo no es antirreligioso, pues ello iría en contra del principio de la libertad de conciencia que anima el ideal laico.
Para que un Estado pueda considerarse laico es necesario que respete la creencia de aquellos que no creen, pero también de los que sí creen.
En cuanto a la educación, debe ser genuinamente laica, pero de verdad. Esto es, que dependa de la libertad de conciencia y no de la imposición de valores o normas morales, ni de las religiosas ni de las antirreligiosas.
Debemos lograr el equilibrio entre la necesidad de manifestar nuestras convicciones, de manera clara, directa y contundente pero, que de ninguna manera pretenda humillar, descalificar o denigrar a quienes piensan diferente.
Durante muchos años se ha visto a los movimientos individualistas neoliberales apoderarse del activismo social, y con esta finta se fueron nuestros queridos Diputados. Se les hace fácil defender a los que gritan exigiendo sus derechos pero, se olvidan de que su responsabilidad es defender los derechos de todos. Parejo. Laico.
Probablemente no lleguen a tanto pero, si un grupo de padres de familia se decide, no sería difícil ganar una controversia ya que, al no darle a la figura del padre de familia prominencia sobre lo que indiquen los directivos y educadores, claramente se están violando sus derechos humanos. Eso creo yo.











