Leonardo Padura hace la crónica del período especial en Cuba, que es la etapa de crisis económica que comenzó como resultado del colapso de la Unión Soviética en 1991 así como por el recrudecimiento del embargo norteamericano desde 1992.
Dicho escritor cubano es parte de la corriente literaria llamada la «narrativa del desencanto».
En esta noveleta “La cola de la serpiente”, Padura se adentra en la decrepitud del barrio chino de la Habana y en el drama de una generación de asiáticos que emigraron a Cuba buscando una vida sin miseria.
El protagonista es, una vez más, el detective Mario Conde. Un hombre ético, solidario con sus amigos, abandonado por sus mujeres, gozador del ron, goloso de la comida, melómano de Credence Clearwater Revival y amante del béisbol.
“Llama la atención (por lo menos, a alguien que no ha leído nada más de Padura) la muy caribeña obsesión de Mario Conde por los traseros. No hay mujer que salga a escena cuyas nalgas no sean descritas con mayor o menor nivel de deseo. Las de Patricia Chion, por ejemplo, forman «uno de los culos más exultantes del Caribe». No me imagino al bueno de Kurt Wallander, ni siquiera al bueno de Montalbano, usando términos semejantes…” dice el crítico literario Santi en su blog “Un libro al día”.
Aquí no hay una forma compleja de literatura sino una sencilla línea de delito – investigación – final.
En ocasiones, pocas por fortuna, la pluma de Padura tiene una estructura con demasiados sustantivos y adjetivos repetitivos. Su ansiedad por no dejar nada afuera lo lleva a párrafos muy largos.
Padura tiene dos tipos de obra. La más ambiciosa, como la espléndida novela “Herejes” y la más modesta, cómo está noveleta.
Si nunca has leído a Padura no inicies por esta obra, si ya te atrapó este fenomenal escritor, no dejes de leerla.
Padura no hace su trabajo desde el anticastrismo de Miami sino desde la crítica del que sigue viviendo en Cuba, en el mismo barrio de Mantilla que es donde nació.
Padura le dijo a la periodista española Clara Morales: “Yo quería escribir una novela policiaca muy cubana, pero que no se pareciera a las novelas policiacas cubanas, que eran totalmente laudatorias hacia el modo de vida cubano, hacia el sistema. Yo quería una novela que tuviera una mirada crítica. Por eso empecé a crear a este policía un poco renegado, con una melancolía que siempre la acompaña, una inteligencia y una sensibilidad que no es la propia de un policía.”
Añadió: “Universalmente, no solo en Cuba, estamos viviendo una época en la que nos faltan paradigmas, sueños utópicos. Las utopías se devaluaron de una manera catastrófica en el siglo XX, y hay pocos modelos sociales que digas «por ahí podría estar la cosa». El propio modelo social cubano, que funciona en determinados aspectos de la vida cotidiana —ese médico que gana 50 dólares funciona en un sistema de salud gratuito y universal, ese maestro que gana 30 enseña a los niños y soporta a unos adolescentes insoportables—, pero económicamente no funciona y el propio Gobierno lo reconoce.”
El escritor ha sido reconocido con muchos y merecidos reconocimientos, entre ellos, Premio Hammett 1998 por Paisaje de otoño; Premio Hammett 2006 por La neblina del ayer; Premio Nacional de Literatura 2012; Orden de las Artes y las Letras (Francia), 2013; Premio Internacional de Novela Histórica Ciudad de Zaragoza y el muy importante Premio Princesa de Asturias de las Letras 2015.
“Otra vez se asombró por todo cuanto no sabía sobre aquellos hombres que habían envejecido entre esos callejones sórdidos y malolientes donde alguna vez había palpitado uno de los barrios de chinos más poblados de todo el Occidente, y sintió lástima del brutal desarraigo al cual se vieron sometidos aquellos infelices. Habían cruzado el mar huyendo del hambre y la miseria, de los poderes absolutos y los enrolamientos militares forzosos y al final habían hallado algo tan temible como lo que les hizo huir: el desprecio, la incomprensión, el abandono, incluso la muerte en modos tan horribles como el que sufrió Sebastián, el primo de Juan, congelado en la bodega de un barco”
Pasaje de “La cola de la serpiente”
Nota final: La noveleta se compone entre 7,500 a 17,900 palabras. La novela corta varía entre las 17,900 y las 45,000 palabras. La novela comienza con 50,000 palabras.






