“…la  imagen almibarada de verse viviendo en una casa de madera, frente al mar, dedicado por las mañanas a escribir, por las tardes a pescar y a nadar y por las noches a hacerle el amor a una mujer tierna y conmovedora, con el pelo húmedo por la ducha reciente y el olor del jabón combatiendo con los aromas propios de la piel dorada por el sol”

 

En la novela de enigma el lector tiene que encontrar por sí mismo los dobleces de los personajes: sospechar de todo. Hay como una especie de creación más personal del lector a lo largo de la novela. Así, el personaje que el autor presenta como simpático el lector lo tiene que tomar como más sospechoso que cualquier otro y así sucesivamente.

“Algo de Santa Claus había en aquel hombre barbudo y un poco sucio, de manos y pies grandes, que caminaba con seguridad pero de un modo que denotaba tristeza.”

 El cubano Leonardo Padura escribe una novela de enigma donde nos da cuenta de la vida del escritor Ernest Hemingway y se adentra en la aparición de un cadaver.

“Algo debía existir, más allá de lo previsible, más allá de lo evidente, capaz de poner algún encanto a los años finales de su vida: todo no podía ser el horror de las prohibiciones y los medicamentos, de los olvidos y los cansancios, de los dolores y la rutina. De lo contrario la vida lo habría vencido, destrozándolo sin piedad, precisamente a él, que había proclamado que el hombre puede ser destruido, pero jamás derrotado. Pura mierda: retórica y mentira, pensó, y se sirvió otra copa del vino.”

El personaje preferido de Padura, Mario Conde, nos conduce por la moralidad de Hemingway, su relación con Cuba, su vida sexual y su genialidad literaria.

“…he visto demasiada gente volverse hijos de puta cuando su trabajo debía ser joder a los hijos de puta.”

Leonardo Padura se auto presenta en su blog como Leonardo Padura (La Habana, 1955), antes de recibir el Premio Princesa de Asturias de las Letras en 2015 por el conjunto de su obra, había logrado el reconocimiento internacional con la serie de novelas policiacas protagonizadas por el detective Mario Conde: Pasado perfecto, Vientos de cuaresma, Máscaras, Paisaje de otoño, Adiós, Hemingway, La neblina del ayer y La cola de la serpiente. También es autor de La novela de mi vida, El hombre que amaba a los perros (Premio de la Crítica en Cuba), Herejes (Premio de Novela Histórica Ciudad de Zaragoza), del libro de relatos Aquello estaba desando ocurrir, y de la novelización del guión de Regreso a Ítaca.

“Conde sintió que las calles de su barrio le resultaban desconocidas, insultantes, hostiles, que la falta de pintura, cemento y otros ingredientes se le echaba encima a las casas, pero también a su corazón.”

El escritor argentino Guillermo Martinez sostiene: “Me parece que hay una especifidad muy interesante en la novela de enigma que tiene que ver con un pacto mucho más exigente entre el lector y el autor. En la novela de enigma, el lector lee de algún modo contra el autor y no funciona la operación de seducción de los otros géneros. Por el contrario, acá el autor está en una confrontación de inteligencias con el lector.”

“Pues mira, la vieja me dijo que hoy la cosa estaba floja. Creo que nada más va a hacer una cazuela de quimbombó con carne de puerco y jamón dentro, arroz blanco, frituras de malanga, ensalada de aguacate, berro y tomate, y de postre mermelada de guayaba con queso blanco…, ah, y va a calentar unos tamales en hoja que quedaron de ayer.”

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