Había planeado utilizar la columna de hoy para aclarar a las mentes obtusas, de la manera más simple posible, que estar en desacuerdo con el inexistente plan de Andrés Manuel para rescatar a las micro y pequeñas empresas es un derecho que no se puede negar. A esos sabios, cuya inteligencia no alcanza para entender y aceptar que todos tenemos el derecho incuestionable de pensar distinto, decirles que su espíritu de cruzado de la edad media debe comprender que ya no estamos en la época en la que si se razona de manera diferente, es meritorio de la muerte, la difamación, las acusaciones infundadas, los insultos, o soportar las manifestaciones violentas de su idolatría pagana por el “dios peje”. Que la transformación debe incluir la aceptación de las diversas formas de pensar.

Lamentablemente murió el Diputado Ocadio García, y de eso hablaré.

La mañana de hoy se recibió la noticia del fallecimiento del “Cayo”, uno de los Legisladores del Grupo Parlamentario de MORENA en el Congreso del Estado de Sinaloa. Un hombre sencillo, humilde, de buena y noble actitud. Un hombre de sombrero, de campo, obediente, aun cuando implicara salir imprudentemente del hospital para apoyar en una votación o sacar fuerzas de flaqueza para firmar en apoyo a quien se lo pidió.

Agradezco a los Diputados que me invitaron a acompañarlos. Al mediodía iniciamos el camino; manga larga, cubrebocas, guantes y lentes de seguridad. De Culiacán al Salado y de allí a Quilá. Una parada para comprar agua en un OXXO y de una vez, 2 paquetes de carne seca, ya hacía hambre.

Cuando llegamos advertí que había poca gente en la funeraria San Martín de Quilá, la familia y algunos amigos. Los 2 Diputados con los que hice este viaje decidieron llevar arreglos florales que compraron de camino, antes de salir de Culiacán.

Al llegar al cuarto en donde estaba el cuerpo del Diputado García, la viuda soltó el llanto al ver al primero de los Legisladores que entró, con gran dolor le decía “Se murió, se me murió mi diputado. Pensé que ninguno de ustedes iba a venir, me llamó — y me dijo que no iban a poder venir. Gracias diputado por acompañarme, creí que ninguno iba a venir”, y el Legislador no pudo más que abrazarla y llorar con ella.

La entrada del segundo fue similar, no solo en lo emotivo, sino en el mensaje “Creí que ninguno de ustedes iba a venir”.

La viuda se quedó con la idea de que esos dos representaban a los otros 38, o cuando menos a los 21, además de a los trabajadores cercanos a su grupo parlamentario; cree que todos están lamentando la partida del compañero de legislatura, de bancada, de curul, de aventura en la política. Yo no me quedo con la misma idea. Esperaba, si no a todos, a algunos, aunque sea de aquellos con los que compartía ideología, partido, grupo y lucha.

Es cierto que hay contingencia, que hay que cuidarnos, que hay que quedarnos en casa pero, se murió el «Cayo».

Una comitiva representativa, un ramo de flores, un apoyo sin coperacha, que se note la voluntad, que se vea el interés más allá de la necesidad del voto o de la firma. Hay momentos en los que hay que sacar fuerza de lo más profundo y que nos importe poco lo que hay que ahorrar o lo que dicta la austeridad. Este es uno de esos momentos, no se debe dejar sola a la viuda y familia de Ocadio García. No lo deben hacer. Eso creo yo.