Lo que México enfrenta en la actualidad no puede ser resuelto por una persona, grupo u organismo de manera separada; se requiere la participación masiva del ciudadano, de manera coordinada. La pandemia del COVID-19 está haciendo notoria una crisis generalizada en la salud, en la economía, en la violencia y, también, en el gobierno. Está poniendo a muchas conciencias a reflexionar: Nos está recordando nuestra fragilidad y la necesidad de edificar sociedades más humanas, inclusivas y comprometidas.
Si pensamos que la pandemia es el problema mayor de México, debemos observar al gobierno: Con recortes y con una austeridad inédita está dejando a los enfermos y a los profesionales de los servicios de salud indefensos, a las familias sin sustento, a las empresas sin apoyos, y al individuo abandonado. Desde hace unos días el País posee el deshonroso e inhumano primer lugar mundial en muertes víctimas de la pandemia, en las estadísticas de “fallecimientos por millón de habitantes”. El fondo de las crisis no son sus efectos, sino el fenómeno que los genera.
Igual de evidente es que, no parecen estar dentro de las prioridades de López Obrador la producción ni la productividad Nacional. Al Sureste, a su tierra natal, que es poco productiva, le está dando los recursos. No estamos en desacuerdo en apoyar aquella región, pero sí observamos que los productores sinaloenses, que en gran medida alimentan el País, merecen recibir un trato de igualdad. ¿Dónde están nuestros Senadores y Diputados “que representan” al pescador y al agricultor del Noroeste?
Millones viven excluidos de los beneficios del progreso. Víctimas de lo que ellos creyeron sería “mejor”. Con un gobierno muy cuestionado la “4T” no está dando resultados. Promoviendo programas asistencial-electorales que lo único que garantizan es seguir en la exclusión del desarrollo: En desigualdades sociales, en condiciones de pobreza, en desprecio del estado de derecho, corrupción, impunidad y, sin un sistema de salud eficiente.
A partir de 2021 no deben dirigir a Sinaloa ni a la sociedad mexicana los que hoy destruyen, sino las y los ciudadanos que quieren construir. El Gobernador, Diputado, Presidente Municipal o el Regidor que sea electo debe gobernar para el productor agrícola que tiene problemas para vender su cosecha a un precio justo, para la madre que está preocupada por la violencia y la despensa, para el niño enfermo de cáncer que no tiene tratamiento, para el empresario que su negocio está en peligro de desaparecer, para el periodista que enfrenta censura y dificultades financieras, e inclusive, para el servidor público que sufre discriminación en su empleo. Se debe gobernar con eficiencia, para todos.
Lo que hoy sucede, en medio de la pandemia, debe ser suficiente; para que las mentes ágiles, las mujeres y hombres notables estén en primera fila y se involucren. Para que los líderes sociales, empresariales y religiosos muestren interés genuino por revertir los problemas. Y, obligatoriamente, para que los partidos políticos pongamos nuestros registros de manera abierta, para que lleguen al gobierno aquellos ciudadanos con la capacidad para gobernar de manera eficiente.











