Hace poco más de una semana el presidente norteamericano Donald Trump dijo a los medios de su país que López Obrador estaría “pronto en Washington”. La noticia cayó como bomba en México. Dio la impresión que AMLO no estaba enterado del asunto, sino que en el cálculo electoral para la reelección de Trump era necesario mostrar que tiene el control absoluto de los temas que le importan a los electores americanos, y que tienen que ver con México: La inmigración ilegal, la violencia y el narcotráfico.

Las reacciones en medios y redes no se hicieron esperar. Twitter y Facebook se han tapizado de memes que presentan a un AMLO sumiso a Trump. Un día sí, y otro también, columnistas y comunicadores generan notas del tema, la gran mayoría advirtiendo el peligroso momento, y el contexto inapropiado para esta visita política.

La noticia ha sido tan escandalosa que hechos como “el aniversario 32 de la caída del sistema de Bartlett”, el mayor fraude electoral de la historia, un 6 de julio; han sido menos mencionados. La vista y la atención están fijas en la sorpresa que dio Trump aquella mañana, donde citó públicamente, sin ningún tipo de matiz, al presidente de México, en Washington.

Con el afán de contrarrestar la crítica, la oficina de la presidencia y la cancillería le han dado a “la cita de Trump” la connotación del “inicio del T-MEC”. Versión que ha sido puesta en duda con la “no participación” del primer ministro de Canadá. El presidente de México y el de EU estarán frente a las cámaras para celebrar un tratado comercial “muy importante”, donde no están todas las partes. Tan “creíble” es esta versión que ni en Canadá le toman importancia. Al mismo tiempo se observa que la elección presidencial en Estados Unidos se hará en menos de 20 semanas.

“No habrá tiempo” para reuniones con los paisanos ni con los oponentes políticos de Trump. La prensa local e internacional coinciden: El miércoles 8 de julio el Presidente de México será un trofeo más, dentro de la Casa Blanca. Ni hablar de las ofensas de Trump contra México. Cualquier cometario de queja estaría muy fuera de contexto, y sería mal visto por los electores americanos. La imagen de López Obrador se limitará a ser percibida por los posibles votantes de Trump como una cabeza de alce en la pared y, como una estrella más en la bandera norteamericana.

Mencionar más detalles sólo sería desviar la atención. Basta decir que a la cita de Trump también han sido “invitados” empresarios muy poderosos de México (la ex mafia del poder), y que se da en el peor momento de la pandemia tanto en EU como en México: Así de urgido está Trump por remontar los 12 puntos de ventaja que ya le ha sacado Joe Biden, en la carrera presidencial.