Entre 1664 y 1666 Londres fue asolada por la peste que acabó con la vida de aproximadamente 100 mil personas en Inglaterra. Particularmente en Londres falleció la quinta parte de la población de la ciudad.
Daniel Defoe –autor de ‘Robinson Crusoe’–, tenía cinco años cuando la peste azotó a los londinenses. Años después, en 1722, ya periodista, Daniel Defoe recogió informes de la peste negra, declaraciones de testigos, crónicas de supervivientes y recuerdos de familia para escribir ‘El diario del año de la peste’. Es uno de los mejores documentos periodísticos de la historia, y fue realizado cuando apenas había periodistas, según explica el escritor Carlos Salas.
“Las gentes supusieron que la principal causa para ejercer la caridad había pasado y cerraron sus bolsas; aunque muchos casos particulares seguían siendo conmovedores y muy grande la miseria de los pobres.”
Hasta ese tiempo, se desconocía que existían las bacterias y que ellas ocasionaban enfermedades. Años después Antoni Van Leeuwenhoek, el padre de la microbiología, elaboró más de 500 lentes, algunas de las cuales podían aumentar hasta 500 veces el tamaño original de los microorganismos.
“Mas era imposible hacer entrar nada en la cabeza de los pobres, que iban de un lado a otro manifestando su habitual fogosidad de ánimo, gritando y lamentándose cuando estaban poseídos, pero alocadamente descuidados de sí mismos, temerarios y obstinados cuando estaban sanos. Si podían hallar empleo, aceptaban cualquier trabajo, así fuese el más peligroso y el más expuesto al contagio; y si se les preguntaba por qué lo hacían, respondían: «Debo confiar en Dios; si muero, habrá quien se encargue de mí, y habré terminado», y cosas análogas. O bien: «¿Qué voy a hacer? No puedo morirme de hambre. Me da igual tener la peste que perecer de privación. No tengo trabajo; ¿qué otra cosa podría hacer? Tengo que trabajar o mendigar». Ya fuese enterrando a los muertos, o cuidando de los vivos, o vigilando casas cerradas, que eran todos trabajos terriblemente arriesgados, su actitud era casi siempre la misma”
La peste es originada por la bacteria yersinia pestis que salta de las ratas negras a los seres humanos por las pulgas. La falta de higiene y la ignorancia propagaron esta pandemia, achacada a una maldición divina. La muerte era dolorosa: se inflamaban los ganglios linfáticos hasta formar bubones hinchazones que se ennegrecían, se encostraban y producían una rápida muerte a los enfermos
“Es difícil saber quién está enfermo y quién está sano, porque vemos a un hombre aparentemente vivito y coleando ahora y dentro de una hora está muerto”
Alexandre Yersin fabricó la vacuna contra la peste. Después de estudiar medicina empezó a trabajar en el Instituto Pasteur de París. Sus primeros trabajos, en colaboración con Emile Roux, versan sobre el bacilo de la difteria, cuya toxina descubren en 1886. En 1894, durante una epidemia de peste, toma muestras de pus a los enfermos e identifica el bacilo responsable de la enfermedad. Más tarde funda en Nha Trang, Vietnam, un laboratorio de fabricación de suero contra la peste. Alexandre Yersin falleció en 1943
“Indudablemente, la epidemia misma es un azote del Cielo sobre la ciudad, el país, o la nación sobre los que se abate; un mensajero de Su venganza, y un llamamiento vibrante, a esa nación, o país o ciudad, a la humillación y al arrepentimiento, en conformidad con lo que dice el profeta Jeremías, 18, 7-8: «En un instante hablaré contra pueblos y contra reinos, para arrancar, y derribar, y destruir. Pero si esos pueblos se convirtieren de su maldad contra la cual hablé, yo me arrepentiré del mal que había pensado hacerles».”
Sirva este libro para darnos cuenta de como los pueblos han superado pruebas difíciles y sobre de ellas han construido sociedades mas prosperas y saludables.
“Ya he mencionado cómo el pueblo se sumió en un estado de desesperanza de la vida y de abandono de sí mismo. Este síntoma tuvo, por sí solo, un efecto extraño sobre nosotros durante tres o cuatro semanas, es decir, transformó a las gentes en seres audaces y temerarios: ya no se rehuían unos a otros ni se mantenían recluidos tras sus puertas, sino que iban a todas partes y comenzaron a conversar entre ellos.”
Si a alguien le interesa leer el libro le puedo compartir una copia si me manda un mail a mi correo omargarfias@gmail






