HOY RENDIRÉ tributo a uno de los personajes de la crónica deportiva, que se mantendrá a la posteridad en el recuerdo del beisbol, especialmente en la plaza de Tomateros de Culiacán. Don Agustín D. Valdez, para muchos, el mejor narrador de beisbol del país en radio. La voz oficial guinda durante medio siglo. Desde la Liga de la Costa, hasta la mexicana del Pacifico. Tenía un estilo único, inigualable, que gozo en grande en cuatro series del Caribe y seis coronas de Tomateros.

Un viernes 18 de septiembre de 1923, abrió los ojos por primera vez en Mazatlán. Desde edad temprana, su familia se trasladó a Culiacán y se convirtió en hijo adoptivo de la capital Sinaloense, en una celebridad del beisbol y el más apasionado defensor de los tomateros guindas. Falleció, el 10 de octubre del 2012 a los 89 años de edad, víctima de enfermedad irreversible en su casa de la Colonia Guadalupe en Culiacán.

Uno de los momentos más grandes en su exitosa carrera, cuando narro la serie mundial de 1968 en el Astrodome de Houston. Ser cronista oficial de México en las primeras Series del Caribe en Caracas, Venezuela-dos veces-en Santo Domingo RD y Hermosillo en los 70s. Transmitió seis coronaciones guindas, las que más se recuerdan, la del 78, con el memorable jonrón de Jesús Sommers ante Cañeros de Los Mochis y el 97, con el hit ganador de Benjamín Gil frente a Hermosillo.

Hemos escuchado a otros grandes cronistas, pero como Don Agustín, ninguno, a nuestro juicio. También se daba tiempo para escribir. Tenía sus columnas, “Unas cuartillas” y “No hay Brea”. También plasmo el libro, “Cosas del Beisbol”.

Conocer la historia de esta leyenda, no alcanzara ningún espacio. Tuve la fortuna de conocerlo, tratarlo, estar bajo sus órdenes durante 15 años en el Sol de Sinaloa. Mis inicios periodísticos, ahí se enriquecieron. Don “Agus”, cómo se le identificaba, era el jefe de la sección deportiva, donde compartíamos créditos con los consagrados de esos tiempos de los 70s, Jorge Luis Telles y Antonio Velázquez. Estar al lado de esta figura, me enaltecía, pero a la vez, me exigía y mucho, la verdad.

AHI APRENDI parte de los secretos de narrar y conocer el beisbol. Escucharlo, era una delicia. Voz agradable, excelente timbre, afable, ocurrente, simpático y con enorme pasión, particularmente cuando Culiacán fabricaba volteretas, rally y ganaba. Nadie como él. En ese tiempo, aprendí a sacar estadísticas.

Me dio oportunidad de transmitir una entrada en cada juego. Me responsabilizo de un programa matutino de Tomateros y la LMP todos los días. Me envolvió por completo en este pasatiempo, que ha sido mi fuente de inspiración, junto con mi padre, Fausto “Maracas” Castaños-excelente expelotero de los 60s-y desde luego, de mi carrera profesional.

De la misma manera, compartí la experiencia de seguirlo como empresario y promotor de boxeo. La época grande del pugilismo profesional en esta capital, fue bajo su promoción. Julio Cesar Chávez, estuvo en algunas de sus carteleras. La única pelea de campeonato mundial, la promovió Don Agustín. Carlos Zarate-, expuso la corona universal gallo ante el africano Warringe Nakayama. Aquí, presento la pelea de campeonato nacional del ídolo, Chuyin López y Norberto Cabrera, que, de la lona, se levantó para arrebatar el triunfo al zurdo inmortal, ante la desilusión de una multitud en el estadio Ángel Flores.

TUVE LA FORTUNA, de ser su jefe de prensa, cuando asumió sorpresivamente la presidencia del Circuito de Basquetbol de la Costa del Pacifico en los 80s. La rica trayectoria tras los micrófonos, lo llevaron a la inmortalidad del Salón de la Fama del Beisbol mexicano en 1991, junto a Jaime Corella, Antonio Pollorena, Chara Manzur y el ampáyer Juan Lima. También es miembro del pabellón sagrado en Culiacán. En 1995 se retiró del periódico El Sol y en 1997, de ser el titular de la crónica guinda. La Liga Mexicana del Pacífico, lo honro al poner su nombre a la XXVI temporada.

Durante sus agradables transmisiones, eran tan amenas, que los aficionados llevaban radios portátiles, para escucharlo mientras veían el partido, sentían que los transportaba al terreno de juego. De esa altura, era su calidad. Amo tanto al beisbol, como a su esposa Martita e hijos, María Antonieta y Miguel. Por si no lo sabían, el nombre completo de este icono, es Agustín Daniel Ortiz Valdez, mejor conocido como Don Agustín D. Valdez.

Con respeto y admiración a tan ilustre personaje, lo recordamos en su octavo aniversario luctuoso. Gracias por todo, jefe «Agus».