El INEGI reporta en su más reciente encuesta de las condiciones sociales del país que diez millones de mexicanos viven hacinados, 265 mil de ellos viven en Sinaloa.
Para resolver este problema se necesita construir, al menos, 2 millones 276 mil nuevos cuartos, 59 mil en nuestro estado.
Se considera situación de hacinamiento cuando el número de personas por cuarto, contando la cocina pero excluyendo pasillos y baños, es mayor a una proporción de 2.5. Un ejemplo grafico es: si viven tres personas en la vivienda están hacinadas si su casa solo se compone de un cuarto donde desarrollan todas sus actividades.
La cantidad de personas en hacinamiento significa que de cada cien mexicanos, ocho están en esa condición, 8.4%. El estado con menos problemas es Zacatecas con 3.4% y el que tiene más es Guerrero con 23.1%.
De 2012 a 2016 un millón cien mil mexicanos salieron del hacinamiento y el porcentaje disminuyó en 1.3 puntos porcentuales. En contra parte, en Sinaloa, en el mismo lapso, este problema ha aumentado tanto en términos absolutos; de 180 mil afectados pasó a 265 mil; como relativos; de 6.1% subió la carencia a 8.8%.
Por su tendencia creciente en este problema en 2016 Sinaloa rebasó el promedio nacional y ocupa el lugar número 21.
Navolato es el municipio con mayor porcentaje de hacinamiento, 17%. Requiere siete mil cuartos y Culiacán es el que tiene mayor cantidad de personas en esa situación por lo que necesita construir diez mil cuartos.
El 27% de los jefes de hogar en hacinamiento son mujeres; 12% son jóvenes; 27% son adultos mayores y 15% de los jefes en rezago habitacional tiene alguna discapacidad.
De 2012 a 2018 el gobierno subsidió 482 mil cuartos adicionales en todo el país. Un ritmo que implica 24 años para abatir el rezago actual. No hay un incremento del presupuesto gubernamental para este año. Para todo el estado, el gobierno federal enviará financiamiento para construir 700 cuartos este año.
Los costos de la construcción de un cuarto sencillo con acabados rústicos va de los 35 mil a los 65 mil pesos en el mercado.
Para 2016, el 82.7% de los jefes de hogar en hacinamiento tenían un ingreso de hasta 2.6 salarios mínimos, 12.7% su ingreso oscilaba entre 2.6 y 5, mientras que 4.7% su ingreso era mayor a los 5.
Solo el 15.4% de los jefes de hogar en hacinamiento contaban con afiliación a INFONAVIT, FOVISSSTE o institución similar.
No hay programas suficientes de crédito adecuados en el monto de los intereses que cobra ni de fácil acceso que respondan al hecho de que las personas en esta condición no pueden comprar al contado.
Los precios de compra al menudeo para este sector no reflejan que el volumen total de compra es muy alto, millones compran, por lo que debieran ser más bajas las tasas de ganancia.
No se ha recurrido a nuevas tecnologías e innovaciones que pueden ofrecer costos más bajos. Son muy pocas las empresas que ofrecen terro-cemento o paneles pre fabricados.
Las empresas no tienen el apoyo de que la gente esté organizada para así reducir los costos de gestión de crédito, los gastos de entrega de material así como de la garantía de pago.
No hay programas suficientes de asesoría técnica para apoyar la autoconstrucción y evitar el desperdicio de material que se estima en un 30% por mala planeación, diseño defectuoso y desperdicio.
En el hacinamiento tenemos un problema social gravísimo que no solo lastima la salud, la educación y la productividad de millones de mexicanos sino que es una de las condiciones que favorecen la violencia intrafamiliar en todas sus lacerantes formas.
Tenemos un problema social que afecta a millones de personas y que en Sinaloa va creciendo en lugar de disminuir.
Uno de los activistas que más éxitos ha tenido en el tema lo dice muy claramente. Este problema tiene solución y debe resolverse en tres dimensiones: Financiamiento, tecnología y logística.
La solución implica la participación de gobierno, empresarios, organizaciones, afectados, voluntarios, esto es, de todos nosotros.
Por lo menos en Sinaloa, existen los elementos necesarios para resolverlo.






