La Diputada del Partido Sinaloense (PAS), Angélica Díaz de Cuén, informó que la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) declaró, en el año de 2003, a la festividad indígena del día de muertos, “Obra maestra del patrimonio cultural de la humanidad”. Esta festividad representa uno de los ejemplos más relevantes del patrimonio vivo de México y del mundo, así como una de las expresiones culturales más antiguas y de mayor plenitud de los grupos autóctonos que actualmente habitan en nuestro país.
En este sentido, al ser el Día de Muertos un patrimonio cultural de la humanidad, lo vuelve objeto de protección de los derechos humanos culturales. Por ello, todas las autoridades están obligadas a velar por su respeto, protección y cumplimiento, debiendo atenderse las obligaciones de carácter general afines a todos los derechos humanos. La garantía, promoción y protección de los derechos culturales incide positivamente en el goce y ejercicio de otros derechos fundamentales.
Si bien es cierto que para los mexicanos es una fecha única donde conjugamos la gastronomía, la música, la importancia de la familia y toda nuestra cultura en general, también es una fecha que nos caracteriza ante los ojos del mundo. Nuestro Día de Muertos es conocido en todos los continentes, causando sensación y extrañeza por la manera en que recordamos y celebramos a nuestros seres queridos que han abandonado el plano terrenal. Este año, las festividades del día de muertos, están dedicadas a todas aquellas personas que perdieron la vida a causa de la pandemia del COVID-19, por tal motivo, el Presidente Andrés Manuel López Obrador emitió un decreto para declarar luto nacional los días 31 de octubre, 1 y 2 de noviembre, esto es un homenaje a los más de 90 mil personas fallecidas en México a causa de la pandemia.
Aquí quiero hacer una reflexión. ¿Qué hubiera pasado si la emergencia sanitaria se hubiera atendido de una manera distinta? ¿Si hubiéramos escuchado las recomendaciones de los expertos? ¿Si se hubiera priorizado la salud por encima de la economía y no al revés? ¿Cuántos de los que hoy ya no están con nosotros, aún los tendríamos entre los vivos, si hubiéramos hecho las cosas distintas en esta pandemia? La respuesta tal vez nunca la sabremos, pero el costo de no haber hecho las cosas diferentes, es el de ya no tener con nosotros a esos amigos y familiares que se nos adelantaron en el camino.
Hago un exhorto a que nos sigamos cuidando, la emergencia sanitaria no ha concluido, el virus del COVID-19 no se ha ido, y si queremos que en México continúen tradiciones como el Día de Muertos, cuidémonos para seguir vivos y poder preservar estas festividades.










